6 de diciembre de 2011
Valparaíso, Chile.
Sky High se despertó primero al son de unos ronquidos. Creyó que era el Obnoxious American siendo obnoxious en el sillón contiguo, pero resultó ser otra persona así que se salvó de que ella le tapara la nariz y la boca para un busco despertar.
El Obnoxious American había declarado sin fundamento firme que era alérgico al mate unos días atrás, pero por suerte venció sus miedos y probó. No solo que no murió si no que se hizo amante del mate. Thanks God. Como ella siempre viajaba armada hasta los dientes con su equipo matero, se dispuso a preparar el desayuno. Unos mates y unas sobras de galletitas que habían traído de Argentina y que los acompañarían por varios destinos. El asunto era el siguiente: eran horribles, entonces solo comían una o dos por vez.
No había terminado de preparar todo cuando su compañero de viaje asomó una cara dormida en el patio y se unió a ella para el nada sustentoso desayuno.
Unos mates, una o dos galletitas y una charla orientativa con Icabot, el profesor, y salieron a recorrer la ciudad.
El hostel, se enteraron con la luz del día, estaba elevado en la ladera de una sierra, como todo el resto de la ciudad. Tomaron la avenida Alemania hasta abajo, buscando la casa de Pablo Neruda y charlando de cosas sin sentido, como ya se habían acostumbrado.
Tenían un par de misiones: Conseguir pesos chilenos, comprar algo para comer, recorrer un poco la ciudad. Lograron hacer todo.
A primera vista, Sky High se enamoró de Valparaíso. Las callecitas coloridas y empinadas. Las casitas de cuento. Dos horas después de caminar sin rumbo, ya no le parecía un lugar hermoso para vivir como pensó al principio.
Compraron cigarrillos (1100 pesos), verduras (750 pesos) y cerveza en lata (no me acuerdo cuánto les salió). Todo parecía ridículamente caro, pero en algunos casos no era así. Visitaron la casa de Pablo Neruda, una falsa y la verdadera. Vieron el mar de lejos, la plaza principal, las calles del centro que parecía una mezcla de Liniers, México, Bolivia. Un gentío yendo y viniendo. Músicos tocando. Una vendedora de papel higiénico callejera que cargaba su mercancía en un carrito de supermercado. Unos protestantes que nada se comparaban a los de Buenos Aires y una presencia policial que parecía exagerada para los disturbios que podrían causar.
Un rato después, estaban agotados. Habían perdido el rumbo varias veces, habían caminado en círculos, habían descansado en un banco de plaza y habían vuelto a empezar.
Al regresar finalmente al hostel, cansados y muertos de risa por la falta de entrenamiento físico, almorzaron. La única cansada y falta de aire era Sky High. No hay que olvidar que el Obnoxious American estuvo en la marina, The Navy.
La tarde fue de paseo también. No me acuerdo bien qué hicieron, pero si me acuerdo que terminaron el día, charlando en la puerta del hostel y comiendo bananas para recuperar la energía.
Las charlas con el Obnoxious American parecían no tener fin. Ya sea de temas serios o de pavadas, siempre había algo qué decir, qué acotar, y era entretenido.
Un rato de Stumble.upon después con comics imposibles de entender para mentes agotadas, cayeron muertos. Había que descansar. Al otro día, les tocaba una jornada más de subidas y bajadas, de faltas de aire y cansancio en las piernas.
Sky High no tenía mucho trabajo entre manos, así que decidió olvidarse un poco de la computadora y disfrutar de Chile como una turista más.
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