8 de diciembre de 2011
Valparaíso / Santiago, Chile.
Se levantaron temprano, antes de las diez, tomaron el horrible desayuno (aunque esta vez Sky High, gracias a la premonición y la caballerosidad del Obnoxious American, tomó dos cafés, y fue un alegrón de mañana), y partieron hacia la terminal.
Solo les faltaba hacer una cosa antes de salir de Valparaíso: Tomar el "ascensor" que los llevaría al pie de la colina donde estaban todas las casas y hostels. Después de haber sufrido horrores subiendo y bajando esas calles, parecía idiota tomar un "ascensor" por dos cuadras y de bajada encima. Pero las mochilas pesaban, les sobraban monedas y cada boludez de esas venían acompañadas de risas, así que lo hicieron. Treinta segundos y estaban abajo.
Llegaron a la terminal, y se enteraron que el camino habitual a Santiago estaba cortado por una maratón en bicicleta que iba por esa ruta. El Obnoxious American se sintió defraudado. Su idea era hacer el viaje a Sudamérica en dos ruedas y esa era una oportunidad perfecta para bicicletear. Pero tarde piaste, pajarito.
Compraron un agua con gas, o sin gas, ¿era con gas o sin gas? Carbonated or not? Sky High termino de aclarar las dudas cuando recibió un salpicón de agua "con gas" en la remera y acabó toda mojada. Listo, un par de risas más.
El viaje fue por "el país de no me acuerdo", porque durmieron todo el camino. Una vez en Santiago, solo había que buscar el hostel.
La primera impresión de la ciudad fue:
-¿Che? ¿Qué día es hoy?
-Jueves, ¿por?
-¿Dónde está todo el mundo?
Era 8 de diciembre, feriado. Esas cosas que uno no se percata cuando está de vacaciones. Así que los recibió una ciudad dormida, quieta, vacía.
Estaban en otro país, pero el idioma seguía siendo español, así que Sky High se encargó de las comunicaciones interpersonales.
-Disculpe, señor. ¿Cómo llegamos al hostel "Che Lagarto"?
-Tómense un taxi.
Era la respuesta obligada, la fácil. Pero Sky High era cabeza dura.
-¿No hay un colectivo que nos lleve?
-(de mala gana) Sí, ahí en esa parada, se toman el (no me acuerdo qué número) y los deja a una cuadra.
-Gracias.
Primer encontronazo con la amabilidad chilena. ¿Sería casualidad? ¿O la fama era verdad? Su chancho favorito ya le había advertido sobre esas características y Sky High debía tomar notas mentales para reportar.
Pero parecía que no eran todos así. No, quizás no. El colectivero tuvo para con los mochileros el primer acto de bondad aleatorio. No tenían la tarjeta para viajar y la máquina del colectivo no acepta monedas. Y los dejó pasar gratis.
La alegría de Sky High no duró mucho. Un líquido sospechoso decoraba el suelo del micro más adelante.
-¿Qué es eso? ¿Una naranja aplastada u otra cosa, "la que no puede ser nombrada"?
Sky High tenía pánico al vómito, al propio, al ajeno, al de terceros conocidos o desconocidos. Gracias a Dios, hasta ahora, todo el mundo sabía comprenderla.
-No estoy seguro. Quedémonos acá por las dudas.
Una sonrisa de agradecimiento y viajaron todo el tramo parados para evitar malos momentos.
Y así llegaron al hostel, para recibir la agradable sorpresa de que tenían una habitación con baño privado y estaba lejos del salón común. Eso significaba paz, tranquilidad y privacidad para poder fumar, almorzar, comer las bananas que les quedaban de postre.
Esa tarde salieron a caminar sin rumbo por plazas, avenidas, calles, todo desierto. Todo nuevo. Compraron las cosas para la cena y cocinaron el ya habitual arroz con verduras. El Obnoxious American se había convertido en vegetariano por obligación, pero estaba encantado con dejar la carne por unos días.
Tuvieron una probadita de la noche de Santiago cuando salieron a comprar cigarrillos y no fue muy agradable. En un país diferente, uno no tiene noción de qué es peligroso y qué no, pero por las dudas, volvieron al hostel. Total, había mesa de pool, ping pong, tenían música para escuchar, temas para charlar. No hacía falta mucho más.
Después de un partido de pool, donde por supuesto Sky High perdió, y con "Atom Heart Mother" de fondo, comieron el postre el la habitación y arreglaron el mundo en una charla.
Como no llegaba la conexión de Internet WiFi hasta la habitación en el octavo piso, Sky High no tenía opción. Trabajar no podía. Así que siguió disfrutando de las vacaciones dentro de las vacaciones.
Al otro día, pasearían bastante más.
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