lunes, 23 de enero de 2012

La Pesadilla, Parte I

Lunes, 5 de diciembre de 2011
Mendoza, Capital / Valparaíso, Chile.

Sky High había aprendido unos trucos de viajera ya a estas alturas. Uno de ellos era viajar de noche para ahorrarse una noche de hostel. Cuando se viaja durante muchos meses, hay que aprender a ser gasolero y el Obnoxious American, gracias a Dios, Thanks God, tenía esa misma filosofía. Entonces, a la tardecita del lunes, se despidieron de Mendoza y emprendieron viaje a Valparaíso.
Habían elegido este destino casi al azar. HostelWorld les había mostrado dos hostels en Chile y entonces hacia allí irían. Las decisiones con el Obnoxious American era así. Simples. Fáciles. Cómodas.
Un último viaje en colectivo de línea en Mendoza, al menos para Sky High, y llegaron a la terminal. En teoría, sería una noche de dormir en el ómnibus y un desayuno en la playa para esperar un horario razonable para hacer el check-in en PataPata, el alojamiento en el primer destino.
Pero tenían una preocupación. Al menos ella estaba preocupada. Había llevado en la mochila de mano unas bananas. Y no estaba permitido cruzar la frontera con alimentos de esa calaña. Claro que había dejado un par en el hostel porque tenía muchas. Claro que podría donar las que aún conservaba y comprar más después. Pero por alguna razón, no quería desprenderse de sus bananas. Quizás en Chile no se conseguirían bananas tan ricas.
Llegaron a la terminal con poco tiempo, pero suficiente para pensar qué harían con las bananas. Tenían planes en mente del A, pasando por el B, hasta el R más o menos. Pero ninguno era suficientemente bueno. Antes de partir, una chica les había comentado cómo era la revisión en la frontera así que al menos, sabían a qué se enfrentarían.
El viaje fue, dentro de todo, apacible, Sky High pudo incluso dormirse un rato y lograr perderse la nieve.
En algún momento de la noche el micro se detuvo. Y el corazón de Sky High también. Habíamos llegado a la frontera. Era el momento de la banana. El plan elegido era dejarlas envueltas en la campera y dejar la campera en el asiento. Y así lo hicieron.
Al bajar del micro, los recibió un frío terrible y no esperado. Y lo más sospechoso de la escena era Sky High sin la campera. Todos con cara de dormidos hacían la fila en la ventanilla de Argentina para registrar la salida. Lo bueno fue que Sky High tuvo algo de qué preocuparse para sacarse las bananas de la cabeza por un rato. Al poner un pie en el suelo, cual Armstrong en la luna, se rompió el cierre de la mochila y todo lo que había adentro amenazó con caerse. Mientras esperaba su turno con el simpático empleado de frontera, debía sostener la mochila en forma de abrazo. Comodísimo.
Mientras ella esperaba, el Obnoxious American luchaba con el conductor del micro que intentaba explicarle en qué fila ponerse a los gritos. Todo se solucionó cuando él le señaló el pasaporte americano, "No hablo español", y el otro entendió.
Todas las situaciones servían de distracción para ella. Una vez salida de Argentina, había que ingresar a Chile, así que otra fila la llevó hasta otro simpático empleado de frontera, esta vez, chileno.
No se sabe bien por qué, volvieron todos a subir al micro para hacer cien metros y volver a bajar. Era la hora de la revisión de scan para los bultos grandes y la ocular para los bolsos de mano.
Los quince que habían decidido ir a Chile esa noche se pararon, uno al lado del otro, frente a la cinta transportadora que no transportaba nada. Solo estaba estática sosteniendo bolsos y carteras.
Sky High solo podía pensar en dos cosas: 1) Poner cara de nada y no verse sospechosa; y  2) Intentar que su cara de nada y de no sospechosa sea lo más natural posible.
Cuando se acercó el perro snifador y su amo, el Obnoxious American hizo lo que tenía que hacer: un chiste boludo que eliminó los nervios de Sky High y la mala actuación por unos segundos.
Con la nueva y efímera relajación, Sky High pudo disfrutar del momento. Pudo ver como el perro prefería buscar un sándwich de salame en el bolso de un hombre mayor que estaba a su izquierda. Pudo ver al policía pelado con cara de garca escrutinando las caras de los "sospechosos".
Cuando parecía que todo iba sobre ruedas, cuando parecía que el perro no estaba interesado en encontrar bananas, Sky High ve de reojo y de casualidad a otro policía, con otro perro, subiendo al micro.

"They have dogs."

"The're going into the bus."

Los nervios eran ahora el doble de intensos. Sky High comenzó a elucubrar planes para explicar sus bananas, formas de explicarle al agente que la llevaría presa que era adulta y que un par de bananas no eran tanto problema, o un simple "me las pusieron".

Unos minutos después, Sky High estaba de regreso en el micro. Sentada en su lugar. El Obnoxious American sentado a su lado. Todo parecía estar bien.
"¡Poné primera y arrancá de una vez!", pensaba ella.
Una vez en movimiento, todo tomó otro color. El Obnoxious American reía, no se sabe si se reía de ella o de la situación, pero no importaba. Ella reía también. Eran traficantes con todas las letras y la experiencia aunque aterradora por momentos, a la distancia, fue muy divertida.
Ya en rutas chilenas pudieron dormir como Dios manda sin antes comenzar a pensar en las vacaciones dentro de las vacaciones y fantasear con el desayuno en la playa para esperar el amanecer.


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