7 de diciembre de 2011
Valparaíso, Chile.
Sky High había tenido en su vida muchos mambitos con la comida. Por mucho o por poco, siempre comer era un asunto importante en la reunión de directorio de su mente. Pero había algo que siempre permanecía una constante: el desayuno era la comida más importante del día. Le encantaba una carga de nafta súper antes de arrancar el viaje hacia su día. "Desayunar como un rey, almorzar como un príncipe y cenar como un mendigo", le había enseñado su madre. Entonces, desde que arrancó el viaje, en cada hostel que se hospedaba, catar el desayuno era una empresa importante. En Valparaíso, esa primera comida no fue satisfactoria para ella ni para él. Era un menú a medio camino entre europeo, estadounidense y latinoamericano. Es decir: una cagada.
El Obnoxious American y Sky High no dejaron que ese mal paso les arruinara el resto de la estadía. Tomaron el café horrible en el desayunador uno al lado del otro, mirando por la ventana a un enorme pasacalle unos edificios más allá que decía: "Despierta" e intercambiaron provisiones. Él le donó su sándwich de banana y dulce de leche y ella le donó su huevo duro.
Con la panza llena y el corazón poco contento, salieron de paseo. Viña del Mar estaba a la orden del día. Solo había que encontrar un colectivo que los llevara hasta allá. Un viajecito a un cajero, varios pesos argentinos y dólares menos por la transacción y estaban de pie en la cuadra de las paradas de colectivos.
Una experiencia única. Primero, los colectivos tenían varios carteles en el vidrio que indicaban el recorrido. Nada de números y ya. No, parecía que tuvieran todo el recorrido pegado en el parabrisas. Y un valor agregado, la velocidad con la que pasaban. Era imposible leer los carteles a tiempo y ni pensar en cómo haría uno para subir o bajar de ese vehículo en movimiento.
Al cabo de varios intentos fallidos, Sky High decidió que pararía a cualquier colectivo que pasara y recién después vería si los dejaba en el lugar correcto.
Con esta técnica, lograron subirse al colectivo. Demasiado pequeño para las dimensiones de Sky High más su mochila llena de mate.
Una vez que llegaron a Con Con, tardaron 5 segundos en reconocer la parada, por lo que acabaron bajándose cinco cuadras más adelante. Pero no importaba, la charla compensaría la caminata.
Así fue cómo Sky High se enteró más de la vida del Obnoxious compañero de viajes. De su familia, de las circunstancias de la muerte del padre, de sus anhelos y pensamientos.
Y llegaron a la playa. Sky High tardó dos minutos en caer en la cuenta que esta playa no era cualquier playa. El océano no era el mismo que ella conocía. Por primera vez en su vida, mojaría sus horribles pies en aguas pacíficas. Y así, cuál Alfonsina Storni, caminó sin detenerse hasta el agua, poniendo los pies y los pensamientos en remojo. Y pensando que su vida ahora era tan distinta a la de antes como este océano era tan distinto al único otro que ella conocía. Y el Obnoxious American se lo recordaría varias veces en el futuro, señalándole hacia dónde estaba el océano, incluso cuando estaban lejos, porque claro, había estado "in the Navy" y podía reconocer dónde estaba el agua, siempre.
Luego vino un almuerzo de sándwiches y mates, unos puchos de postre y una tarde que se la pasaron haciendo bobadas en la arena, intentando sacar fotos y sufriendo un poco el frío y el viento. Y la vuelta.
Queriendo evitar el estrés del colectivo, caminaron. Caminaron. Y caminaron. Fue una agradable caminata. Sacaron fotos, rieron, y cuando cayó la noche, tomaron el colectivo. Se les iba a hacer tarde para comprar algo para la cena.
El viaje de vuelta era más corto, considerando que habían caminado bastante, pero no se dieron cuenta. Y por supuesto, acabaron pasándose de la parada por mucho. Mucho. Un barrio de pronto muy oscuro, muy poco amigable. Unos instantes de duda prosiguieron. No confiaban en el ambiente para bajar, no querían seguir alejándose. Sky High vio más adelante una avenida un poco más iluminada que el resto de las cuadras y saltó del asiento cual resorte. ¡Vamos! Así, sin quererlo ni buscarlo, encontraron un hermoso mirador.
De regreso en el hostel, Sky High empacó todas sus cosas, olvidó dos, tomaron unas cervezas como ya era una nueva costumbre, y se durmieron. Partirían para Santiago al día siguiente.
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