viernes, 27 de enero de 2012

La Pesadilla, Parte II

Valparaíso, Chile
6 de diciembre de 2011

Llegaron a Chile muy temprano a la mañana, muy temprano. Tipo cinco y media. Y hacía un frío de locos, no apto para desayunos en la playa. ¿Entonces? Al hostel. Listo, en taxi. El momento de ahorrar vendría después.
Salieron de la terminal y se acercaron al primer auto que vieron. Y surgió la primera dificultad que tuvieron. O no tuvieron. No tuvieron la precaución de comprar pesos chilenos. ¿Y ahora? No tenían ni idea dónde estaba el hostel, la terminal no era muy acogedora para hacer tiempo y el cansancio no les permitía pensar con claridad.
El taxista, de mala gana, les aceptó los pesos argentinos. Subieron y partieron.
Las primeras imágenes de Valparaíso no eran muy nítidas, como una foto que salió oscura y borrosa. Oscura por la luz de madrugada y borrosa por la velocidad en que iba el taxista. Luego comprenderían que los transportes en Chile iban todos muy rápido, demasiado. Unas callecitas muy de cuento y unas casitas muy bonitas decoraban el lugar. Pero el auto daba muchas vueltas. El panorama era muy diferente a cualquier lugar que Sky High conocía. Sin embargo hay que tener en cuenta que ella no conocía muchos lugares y estaba en Chile, otro país. Entonces, se contentó. Por un rato.
Una cantidad de cuadras indefinida después, el taxista se detuvo en una esquina.

-Llegamos.
-¿A dónde?
-Al hostel. Ahí está. Allá abajo.
-¿Abajo? ¿Cómo abajo? No lo veo.

La calle donde estaba el hostel no era transitable para autos, como muchas otras calles de Valparaíso. Algunas por ser demasiado empinadas, supondríamos, y otras por vayaunoasaberporqué. Había llegado el momento de pagar. El contador indicaba el estrafalario número de 7000. ¿Pesos? ¿Cuáles? ¿Cómo es la conversión? Uf, pocas precauciones habían tomado. Al parecer, después de muchas cuentas en una calculadora, la tarifa eran sesenta pesos argentinos. Demasiado. Pero no tenían forma de comprobar si el hombre los estaba estafando o no. En fin, pagaron y caminaron los dos pasos empinadísimos hasta el hostel.
Uno de los dos, no recuerdo cuál, golpeó la puerta y los dos esperaron. Demasiado. No sabían dónde estaban ni dónde esperar si nadie acudía a la puerta. Todo lo pintoresco de Valparaíso comenzó a verse un poco amenazador. Sky High tenía el corazón partido entre la alegría de estar en otro país y el miedo por no conocer ese otro país. ¿Podía lo bonito convertirse en la pesadilla II?
Unos eternos minutos después, Icabot Crane, el sereno del hostel que tenía la misma nariz que ese profesor, abrió la puerta. En los primeros instantes, no se sabía si estaba enojado o simplemente muy dormido. Resultó ser que estaba muy dormido, pero eso no le quitó la amabilidad. Dejó pasar a Sky High y al Obnoxious American al hostel. Les explicó que si bien tenían reserva, no podían permitirles entrar a la habitación hasta las 10. Les trajo unas frazadas y los invitó a dormir en los sillones de la sala común.
Entonces, entre risitas nerviosas, se durmieron, calentitos, cómodos y seguros dentro del hostel. Y así comenzarían las primeras vacaciones de Sky High, dentro de sus vacaciones.

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