lunes, 16 de enero de 2012

Interludio, Parte V

4 de diciembre de 2011
Mendoza, Capital / Godoy Cruz

Aquellos días habían pasaron a velocidad crucero. La comodidad de estar en un hostel que ya le resultaba como su hogar, la comodidad de la compañía conocida y la comodidad de tener una relativa calma para trabajar durante el día no eran buenos para Sky High. Había que dar el siguiente paso. Había que seguir el viaje. Ya había conversado con el Obnoxious American sobre la posibilidad de unírsele a su viaje por Chile y él se había mostrado encantado. Solo debían planear detalles.
Y planeraron. Irían a Valparaíso al día siguiente. Y luego a Santiago. 
Unos días atrás, de casualidad, Sky High se había enterado de una Fiesta de la Cerveza Artesanal, o algo así, en Godoy Cruz. Tocaría una banda llamada Las Pelotas. ¡Qué buena oportunidad para ir a un recital y llevar al extranjero a conocer el calor del público argentino!
Entonces, ese domingo, a media tarde, como despedida de Mendoza, se tomaron el trolley y se fueron al concierto.
Desde que llegaron a Godoy Cruz sintieron en la piel el ambiente de rock and roll. El evento era en un gran predio al aire libre, pero como la entrada salía unos pesos, la muchedumbre se acumulaba en los barcitos de los alrededores para tomar cerveza barata mientras esperaban el número principal.
Y ellos emularon a la multitud. Un barcito sucio, oscuro, con mal audio pero donde se podía fumar, los acogió en la espera. Charlaron, tomaron cerveza y fumaron mientras se hacía la hora. La música del barcito era acorde a los deambulantes. Los Piojos, Divididos, etc. musicalizaban el lugar. También acompañaban a la escena los borrachos, los hippies, el olor a humedad, los gritos, un baño extremadamente precario y un mozo a quien había que pedirle por favor que los atendiera.
Ya con la previa lista, fueron al lugar. Ya habían comprado los tickets, así que el ingreso fue rápido. Los recibió el típico ambiente. El Obnoxious American estaba encantado. Estaba en un recital de rock a muchos kilómetros de casa, lleno de argentinos, con música argentina, con cerveza argentina, pero el ambiente era el mismo de todos los recitales, acá o en la China.
Había parejitas, grupos de hombres solos, grupos de amigas, familias con bebés y todo. Gente comiendo, gente cantando, gente tomando, gente fumando. Los olores del ambiente completaban el cuadro: una mezcla de aroma a meo, cerveza, transpiración y choripán.
Como corresponde al protocolo universal, se sentaron en el piso escucharon a la banda soporte. Las Taradas. Un bonito hallazgo para Sky High, una relativamente nueva fanática de este tipo de música.
Entonces, al rato, la banda principal arrancó. Y todo iba bien. Sky High conocía las canciones y cantaba al compás. El Obnoxious American no tenía la más puta idea de qué cantar, pero estaba disfrutando del recital como cualquier otra persona. Hasta que empezó un tema.
Sky High no lo vio venir, no se acordó, no se percató, pero de pronto estaba entre una muchedumbre que silbaba e insultaba al himno norteamericano, con un norteamericano parado al lado.
Sky High no tenía idea de qué hacía él. No se atrevió ni a mirarlo. Se sentía mal, incómoda, preocupada.
"Que no se le ocurra a éste hablarme ahora y que todos estos se den cuenta de que es yanqui. Lo van a cagar a trompadas", pensó.
Sin dirigirse la palabra, salieron antes de que termine la última canción para poder conseguir taxi. Ella tenía miles de ganas de pedirle perdón. Tenía que decir algo. Unos pasos más y encontraron a un taxista que parecía recién salido del concierto. Nivel etílico y una excitación correspondientes a un fan que recién venía de un concierto de las Pelotas. Entonces, Sky High decidió seguir guardando silencio en pos de la integridad física del americano. Seguramente no era tan terrible, pero por alguna razón, prefirió callarse.
Llegaron al hostel después de un viaje en mutis, agradecidos de que el taxista haya manejado echando putas para así llegar rápido y agradecidos también por llegar sanos y salvos, porque el taxista había manejado echando putas.
Disculpas dadas por la poca tolerancia y la generalización de la muchedumbre, la noche terminó entre carcajadas demasiado sonoras para un hostel por chistes del estilo "internos" y del "tenés que estar ahí para entenderlos".

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