Mendoza Capital
Un poco más de un mes después,
me senté a escribir los siguientes días en Mendoza,
con la ayuda de unas flacas y escuálidas anotaciones.
Creí que los recuerdos serían una maraña opaca,
una nebulosa,
pero cuando el corazón se conectó con la lapicera,
las palabras empezaron a fluir
como si vinieran incorporadas en la tinta negra,
como si fueran un electrocardiograma de imágenes y anécdotas.
El siguiente capítulo de la historia de este viaje se llama:
Interludio.
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