Mendoza Capital
Algo extraño que sucede en los viajes son las relaciones que uno crea en el camino,
"los amigos por cinco días"
como escuché a alguien por ahí decir.
Conocés gente de la manera más sencilla:
¿Te sobra un poco de aceite?
¿Sabés donde puedo comprar verduras?
¿Querés compartir una cerveza?
¿Fumás?
Y así nomás, tenés un amigo. Como cuando éramos chicos. Nada más sencillo.
Pueden tener poco o mucho en común, ser de continentes diferentes,
pero si hacen una excursión juntos o comparten una cena, ya está.
Por supuesto, las despedidas son, de algún modo, difíciles.
Y así de tanto me costó cuando me despedí de Mendoza.
El lugar donde había pasado mucho tiempo para la dimensión del mochilero.
Hubo besos, abrazos, intercambios de correos electrónicos y promesas del estilo:
"¡Cuando vengas a Buenos Aires avisame!"
Todo muy rico, gracias por venir, nos vemos en Disney.
Nosotros nos vamos a Chile.
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