martes, 31 de enero de 2012

Minirrelato V

Después de 20 años de estudiar inglés,
más 3 años de fonética en la facultad,
y 1 año más de entonación,
Sky High se desayunó de que para pronunciar bien el inglés
tenía que aprenderse una sola frase:

"There's a zoo behind you".

De vez en cuando, cuando se acuerda, la practica.

Vacaciones de las vacaciones, Parte IV

9 de diciembre de 2011
Santiago, Chile.

El desayuno de este hostel era un punto y medio mejor. El café seguía siendo horrible pero al menos había tostadas con dulce y unas tortitas. Y era tipo buffet, entonces Sky High se dio el gusto de desayunar como le gustaba, abundante.
Entonces sí, salieron de paseo. Recorrieron la ciudad un poco más hasta llegar a un antiguo fuerte militar con un mirador de Santiago. En todo su viaje, Sky High notaría que cada ciudad, cada pueblo, tenía un mirador. Y que le encantaba subir a mirar desde allí. En este caso el viento era bastante fuerte, así que la sensación era mejor. 
También pasaron por delante del zoológico, pero ninguno de los dos quiso entrar. Nada más deprimente que ver animales encerrados. Entonces, se dispusieron a probar algo de comida regional. Ya habían probado un jugo demasiado dulce para el dulce paladar de Sky High, por lo que el Obnoxious American solo le dio un sorbito y lo dejó. Ahora tocaba el turno de comer algo. Ella había notado desde que llegaron a Chile muchos puestos promocionando algo llamado "Mote con huesillos". Ya el nombre era algo totalmente nuevo para ella. Ni idea tenía de lo que era. Como lo describiría a otra persona muchos días después: "Era algo rico y horrible a la vez". Era una especie de duraznos en almíbar con mote, una especie de grano de choclo enorme. La mezcla de texturas entre lo suave del durazno, lo jaleoso del almíbar y lo duro del mote lo transformaban en algo asquerosamente refrescante. Listo, habiéndose dado el gusto de algo autóctono decidieron nunca más comer esa porquería.
Luego, llegó la hora de un ascenso a otro lado que no me acuerdo, pero nunca llegaron. Después de caminar bastante y transpirarse la vida, se encontraron con el camino bloqueado. Dieron la vuelta y regresaron. Así de corta fue la actividad física del día.
Ya cayendo la noche, caminando sin rumbo y hablaron de progenitores fallecidos. Llegaron a una zona de bares y vida nocturna. Querían frenar para tomar algo por ahí, pero tal era el setting de gasoleros que prefirieron comprar cerveza en el super y volver al hostel.
Era la última noche en Chile. Ya al otro día era luna llena y Sky High tenía cosas que hacer en San Juan.
Saldrían de regreso a Mendoza muy temprano al otro día, así que disfrutaron del último postre juntos en la habitación, setearon los relojes para las 6 de la mañana y armaron los bolsos. Sky High no se olvidó nada esta vez, por suerte.

Vacaciones de las Vacaciones, Parte III

8 de diciembre de 2011
Valparaíso / Santiago, Chile.

Se levantaron temprano, antes de las diez, tomaron el horrible desayuno (aunque esta vez Sky High, gracias a la premonición y la caballerosidad del Obnoxious American, tomó dos cafés, y fue un alegrón de mañana), y partieron hacia la terminal.
Solo les faltaba hacer una cosa antes de salir de Valparaíso: Tomar el "ascensor" que los llevaría al pie de la colina donde estaban todas las casas y hostels. Después de haber sufrido horrores subiendo y bajando esas calles, parecía idiota tomar un "ascensor" por dos cuadras y de bajada encima. Pero las mochilas pesaban, les sobraban monedas y cada boludez de esas venían acompañadas de risas, así que lo hicieron. Treinta segundos y estaban abajo.
Llegaron a la terminal, y se enteraron que el camino habitual a Santiago estaba cortado por una maratón en bicicleta que iba por esa ruta. El Obnoxious American se sintió defraudado. Su idea era hacer el viaje a Sudamérica en dos ruedas y esa era una oportunidad perfecta para bicicletear. Pero tarde piaste, pajarito.
Compraron un agua con gas, o sin gas, ¿era con gas o sin gas? Carbonated or not? Sky High termino de aclarar las dudas cuando recibió un salpicón de agua "con gas" en la remera y acabó toda mojada. Listo, un par de risas más.
El viaje fue por "el país de no me acuerdo", porque durmieron todo el camino. Una vez en Santiago, solo había que buscar el hostel.
La primera impresión de la ciudad fue:
-¿Che? ¿Qué día es hoy?
-Jueves, ¿por?
-¿Dónde está todo el mundo?
Era 8 de diciembre, feriado. Esas cosas que uno no se percata cuando está de vacaciones. Así que los recibió una ciudad dormida, quieta, vacía.
Estaban en otro país, pero el idioma seguía siendo español, así que Sky High se encargó de las comunicaciones interpersonales.
-Disculpe, señor. ¿Cómo llegamos al hostel "Che Lagarto"?
-Tómense un taxi.
Era la respuesta obligada, la fácil. Pero Sky High era cabeza dura.
-¿No hay un colectivo que nos lleve?
-(de mala gana) Sí, ahí en esa parada, se toman el (no me acuerdo qué número) y los deja a una cuadra.
-Gracias.
Primer encontronazo con la amabilidad chilena. ¿Sería casualidad? ¿O la fama era verdad? Su chancho favorito ya le había advertido sobre esas características y Sky High debía tomar notas mentales para reportar.
Pero parecía que no eran todos así. No, quizás no. El colectivero tuvo para con los mochileros el primer acto de bondad aleatorio. No tenían la tarjeta para viajar y la máquina del colectivo no acepta monedas. Y los dejó pasar gratis.
La alegría de Sky High no duró mucho. Un líquido sospechoso decoraba el suelo del micro más adelante.
-¿Qué es eso? ¿Una naranja aplastada u otra cosa, "la que no puede ser nombrada"?
Sky High tenía pánico al vómito, al propio, al ajeno, al de terceros conocidos o desconocidos. Gracias a Dios, hasta ahora, todo el mundo sabía comprenderla.
-No estoy seguro. Quedémonos acá por las dudas.
Una sonrisa de agradecimiento y viajaron todo el tramo parados para evitar malos momentos.
Y así llegaron al hostel, para recibir la agradable sorpresa de que tenían una habitación con baño privado y estaba lejos del salón común. Eso significaba paz, tranquilidad y privacidad para poder fumar, almorzar, comer las bananas que les quedaban de postre.
Esa tarde salieron a caminar sin rumbo por plazas, avenidas, calles, todo desierto. Todo nuevo. Compraron las cosas para la cena y cocinaron el ya habitual arroz con verduras. El Obnoxious American se había convertido en vegetariano por obligación, pero estaba encantado con dejar la carne por unos días.
Tuvieron una probadita de la noche de Santiago cuando salieron a comprar cigarrillos y no fue muy agradable. En un país diferente, uno no tiene noción de qué es peligroso y qué no, pero por las dudas, volvieron al hostel. Total, había mesa de pool, ping pong, tenían música para escuchar, temas para charlar. No hacía falta mucho más.
Después de un partido de pool, donde por supuesto Sky High perdió, y con "Atom Heart Mother" de fondo, comieron el postre el la habitación y arreglaron el mundo en una charla.
Como no llegaba la conexión de Internet WiFi hasta la habitación en el octavo piso, Sky High no tenía opción. Trabajar no podía. Así que siguió disfrutando de las vacaciones dentro de las vacaciones.
Al otro día, pasearían bastante más.

viernes, 27 de enero de 2012

Vacaciones de las vacaciones, Parte II

7 de diciembre de 2011
Valparaíso, Chile.

Sky High había tenido en su vida muchos mambitos con la comida. Por mucho o por poco, siempre comer era un asunto importante en la reunión de directorio de su mente. Pero había algo que siempre permanecía una constante: el desayuno era la comida más importante del día. Le encantaba una carga de nafta súper antes de arrancar el viaje hacia su día. "Desayunar como un rey, almorzar como un príncipe y cenar como un mendigo", le había enseñado su madre. Entonces, desde que arrancó el viaje, en cada hostel que se hospedaba, catar el desayuno era una empresa importante. En Valparaíso, esa primera comida no fue satisfactoria para ella ni para él. Era un menú a medio camino entre europeo, estadounidense y latinoamericano. Es decir: una cagada.
El Obnoxious American y Sky High no dejaron que ese mal paso les arruinara el resto de la estadía. Tomaron el café horrible en el desayunador uno al lado del otro, mirando por la ventana a un enorme pasacalle unos edificios más allá que decía: "Despierta" e intercambiaron provisiones. Él le donó su sándwich de banana y dulce de leche y ella le donó su huevo duro.
Con la panza llena y el corazón poco contento, salieron de paseo. Viña del Mar estaba a la orden del día. Solo había que encontrar un colectivo que los llevara hasta allá. Un viajecito a un cajero, varios pesos argentinos y dólares menos por la transacción y estaban de pie en la cuadra de las paradas de colectivos.
Una experiencia única. Primero, los colectivos tenían varios carteles en el vidrio que indicaban el recorrido. Nada de números y ya. No, parecía que tuvieran todo el recorrido pegado en el parabrisas. Y un valor agregado, la velocidad con la que pasaban. Era imposible leer los carteles a tiempo y ni pensar en cómo haría uno para subir o bajar de ese vehículo en movimiento.
Al cabo de varios intentos fallidos, Sky High decidió que pararía a cualquier colectivo que pasara y recién después vería si los dejaba en el lugar correcto.
Con esta técnica, lograron subirse al colectivo. Demasiado pequeño para las dimensiones de Sky High más su mochila llena de mate.
Una vez que llegaron a Con Con, tardaron 5 segundos en reconocer la parada, por lo que acabaron bajándose cinco cuadras más adelante. Pero no importaba, la charla compensaría la caminata.
Así fue cómo Sky High se enteró más de la vida del Obnoxious compañero de viajes. De su familia, de las circunstancias de la muerte del padre, de sus anhelos y pensamientos.
Y llegaron a la playa. Sky High tardó dos minutos en caer en la cuenta que esta playa no era cualquier playa. El océano no era el mismo que ella conocía. Por primera vez en su vida, mojaría sus horribles pies en aguas pacíficas. Y así, cuál Alfonsina Storni, caminó sin detenerse hasta el agua, poniendo los pies y los pensamientos en remojo. Y pensando que su vida ahora era tan distinta a la de antes como este océano era tan distinto al único otro que ella conocía. Y el Obnoxious American se lo recordaría varias veces en el futuro, señalándole hacia dónde estaba el océano, incluso cuando estaban lejos, porque claro, había estado "in the Navy" y podía reconocer dónde estaba el agua, siempre.
Luego vino un almuerzo de sándwiches y mates, unos puchos de postre y una tarde que se la pasaron haciendo bobadas en la arena, intentando sacar fotos y sufriendo un poco el frío y el viento. Y la vuelta.
Queriendo evitar el estrés del colectivo, caminaron. Caminaron. Y caminaron. Fue una agradable caminata. Sacaron fotos, rieron, y cuando cayó la noche, tomaron el colectivo. Se les iba a hacer tarde para comprar algo para la cena.
El viaje de vuelta era más corto, considerando que habían caminado bastante, pero no se dieron cuenta. Y por supuesto, acabaron pasándose de la parada por mucho. Mucho. Un barrio de pronto muy oscuro, muy poco amigable. Unos instantes de duda prosiguieron. No confiaban en el ambiente para bajar, no querían seguir alejándose. Sky High vio más adelante una avenida un poco más iluminada que el resto de las cuadras y saltó del asiento cual resorte. ¡Vamos! Así, sin quererlo ni buscarlo, encontraron un hermoso mirador.
De regreso en el hostel, Sky High empacó todas sus cosas, olvidó dos, tomaron unas cervezas como ya era una nueva costumbre, y se durmieron. Partirían para Santiago al día siguiente.

Vacaciones de las vacaciones, Parte I

6 de diciembre de 2011
Valparaíso, Chile.

Sky High se despertó primero al son de unos ronquidos. Creyó que era el Obnoxious American siendo obnoxious en el sillón contiguo, pero resultó ser otra persona así que se salvó de que ella le tapara la nariz y la boca para un busco despertar. 
El Obnoxious American había declarado sin fundamento firme que era alérgico al mate unos días atrás, pero por suerte venció sus miedos y probó. No solo que no murió si no que se hizo amante del mate. Thanks God. Como ella siempre viajaba armada hasta los dientes con su equipo matero, se dispuso a preparar el desayuno. Unos mates y unas sobras de galletitas que habían traído de Argentina y que los acompañarían por varios destinos. El asunto era el siguiente: eran horribles, entonces solo comían una o dos por vez. 
No había terminado de preparar todo cuando su compañero de viaje asomó una cara dormida en el patio y se unió a ella para el nada sustentoso desayuno.
Unos mates, una o dos galletitas y una charla orientativa con Icabot, el profesor, y salieron a recorrer la ciudad.
El hostel, se enteraron con la luz del día, estaba elevado en la ladera de una sierra, como todo el resto de la ciudad. Tomaron la avenida Alemania hasta abajo, buscando la casa de Pablo Neruda y charlando de cosas sin sentido, como ya se habían acostumbrado.
Tenían un par de misiones: Conseguir pesos chilenos, comprar algo para comer, recorrer un poco la ciudad. Lograron hacer todo.
A primera vista, Sky High se enamoró de Valparaíso. Las callecitas coloridas y empinadas. Las casitas de cuento. Dos horas después de caminar sin rumbo, ya no le parecía un lugar  hermoso para vivir como pensó al principio.
Compraron cigarrillos (1100 pesos), verduras (750 pesos) y cerveza en lata (no me acuerdo cuánto les salió). Todo parecía ridículamente caro, pero en algunos casos no era así. Visitaron la casa de Pablo Neruda, una falsa y la verdadera. Vieron el mar de lejos, la plaza principal, las calles del centro que parecía una mezcla de Liniers, México, Bolivia. Un gentío yendo y viniendo. Músicos tocando. Una vendedora de papel higiénico callejera que cargaba su mercancía en un carrito de supermercado. Unos protestantes que nada se comparaban a los de Buenos Aires y una presencia policial que parecía exagerada para los disturbios que podrían causar.
Un rato después, estaban agotados. Habían perdido el rumbo varias veces, habían caminado en círculos, habían descansado en un banco de plaza y habían vuelto a empezar.
Al regresar finalmente al hostel, cansados y muertos de risa por la falta de entrenamiento físico, almorzaron. La única cansada y falta de aire era Sky High. No hay que olvidar que el Obnoxious American estuvo en la marina, The Navy.
La tarde fue de paseo también. No me acuerdo bien qué hicieron, pero si me acuerdo que terminaron el día, charlando en la puerta del hostel y comiendo bananas para recuperar la energía.
Las charlas con el Obnoxious American parecían no tener fin. Ya sea de temas serios o de pavadas, siempre había algo qué decir, qué acotar, y era entretenido.
Un rato de Stumble.upon después con comics imposibles de entender para mentes agotadas, cayeron muertos. Había que descansar. Al otro día, les tocaba una jornada más de subidas y bajadas, de faltas de aire y cansancio en las piernas. 
Sky High no tenía mucho trabajo entre manos, así que decidió olvidarse un poco de la computadora y disfrutar de Chile como una turista más.


La Pesadilla, Parte II

Valparaíso, Chile
6 de diciembre de 2011

Llegaron a Chile muy temprano a la mañana, muy temprano. Tipo cinco y media. Y hacía un frío de locos, no apto para desayunos en la playa. ¿Entonces? Al hostel. Listo, en taxi. El momento de ahorrar vendría después.
Salieron de la terminal y se acercaron al primer auto que vieron. Y surgió la primera dificultad que tuvieron. O no tuvieron. No tuvieron la precaución de comprar pesos chilenos. ¿Y ahora? No tenían ni idea dónde estaba el hostel, la terminal no era muy acogedora para hacer tiempo y el cansancio no les permitía pensar con claridad.
El taxista, de mala gana, les aceptó los pesos argentinos. Subieron y partieron.
Las primeras imágenes de Valparaíso no eran muy nítidas, como una foto que salió oscura y borrosa. Oscura por la luz de madrugada y borrosa por la velocidad en que iba el taxista. Luego comprenderían que los transportes en Chile iban todos muy rápido, demasiado. Unas callecitas muy de cuento y unas casitas muy bonitas decoraban el lugar. Pero el auto daba muchas vueltas. El panorama era muy diferente a cualquier lugar que Sky High conocía. Sin embargo hay que tener en cuenta que ella no conocía muchos lugares y estaba en Chile, otro país. Entonces, se contentó. Por un rato.
Una cantidad de cuadras indefinida después, el taxista se detuvo en una esquina.

-Llegamos.
-¿A dónde?
-Al hostel. Ahí está. Allá abajo.
-¿Abajo? ¿Cómo abajo? No lo veo.

La calle donde estaba el hostel no era transitable para autos, como muchas otras calles de Valparaíso. Algunas por ser demasiado empinadas, supondríamos, y otras por vayaunoasaberporqué. Había llegado el momento de pagar. El contador indicaba el estrafalario número de 7000. ¿Pesos? ¿Cuáles? ¿Cómo es la conversión? Uf, pocas precauciones habían tomado. Al parecer, después de muchas cuentas en una calculadora, la tarifa eran sesenta pesos argentinos. Demasiado. Pero no tenían forma de comprobar si el hombre los estaba estafando o no. En fin, pagaron y caminaron los dos pasos empinadísimos hasta el hostel.
Uno de los dos, no recuerdo cuál, golpeó la puerta y los dos esperaron. Demasiado. No sabían dónde estaban ni dónde esperar si nadie acudía a la puerta. Todo lo pintoresco de Valparaíso comenzó a verse un poco amenazador. Sky High tenía el corazón partido entre la alegría de estar en otro país y el miedo por no conocer ese otro país. ¿Podía lo bonito convertirse en la pesadilla II?
Unos eternos minutos después, Icabot Crane, el sereno del hostel que tenía la misma nariz que ese profesor, abrió la puerta. En los primeros instantes, no se sabía si estaba enojado o simplemente muy dormido. Resultó ser que estaba muy dormido, pero eso no le quitó la amabilidad. Dejó pasar a Sky High y al Obnoxious American al hostel. Les explicó que si bien tenían reserva, no podían permitirles entrar a la habitación hasta las 10. Les trajo unas frazadas y los invitó a dormir en los sillones de la sala común.
Entonces, entre risitas nerviosas, se durmieron, calentitos, cómodos y seguros dentro del hostel. Y así comenzarían las primeras vacaciones de Sky High, dentro de sus vacaciones.

lunes, 23 de enero de 2012

La Pesadilla, Parte I

Lunes, 5 de diciembre de 2011
Mendoza, Capital / Valparaíso, Chile.

Sky High había aprendido unos trucos de viajera ya a estas alturas. Uno de ellos era viajar de noche para ahorrarse una noche de hostel. Cuando se viaja durante muchos meses, hay que aprender a ser gasolero y el Obnoxious American, gracias a Dios, Thanks God, tenía esa misma filosofía. Entonces, a la tardecita del lunes, se despidieron de Mendoza y emprendieron viaje a Valparaíso.
Habían elegido este destino casi al azar. HostelWorld les había mostrado dos hostels en Chile y entonces hacia allí irían. Las decisiones con el Obnoxious American era así. Simples. Fáciles. Cómodas.
Un último viaje en colectivo de línea en Mendoza, al menos para Sky High, y llegaron a la terminal. En teoría, sería una noche de dormir en el ómnibus y un desayuno en la playa para esperar un horario razonable para hacer el check-in en PataPata, el alojamiento en el primer destino.
Pero tenían una preocupación. Al menos ella estaba preocupada. Había llevado en la mochila de mano unas bananas. Y no estaba permitido cruzar la frontera con alimentos de esa calaña. Claro que había dejado un par en el hostel porque tenía muchas. Claro que podría donar las que aún conservaba y comprar más después. Pero por alguna razón, no quería desprenderse de sus bananas. Quizás en Chile no se conseguirían bananas tan ricas.
Llegaron a la terminal con poco tiempo, pero suficiente para pensar qué harían con las bananas. Tenían planes en mente del A, pasando por el B, hasta el R más o menos. Pero ninguno era suficientemente bueno. Antes de partir, una chica les había comentado cómo era la revisión en la frontera así que al menos, sabían a qué se enfrentarían.
El viaje fue, dentro de todo, apacible, Sky High pudo incluso dormirse un rato y lograr perderse la nieve.
En algún momento de la noche el micro se detuvo. Y el corazón de Sky High también. Habíamos llegado a la frontera. Era el momento de la banana. El plan elegido era dejarlas envueltas en la campera y dejar la campera en el asiento. Y así lo hicieron.
Al bajar del micro, los recibió un frío terrible y no esperado. Y lo más sospechoso de la escena era Sky High sin la campera. Todos con cara de dormidos hacían la fila en la ventanilla de Argentina para registrar la salida. Lo bueno fue que Sky High tuvo algo de qué preocuparse para sacarse las bananas de la cabeza por un rato. Al poner un pie en el suelo, cual Armstrong en la luna, se rompió el cierre de la mochila y todo lo que había adentro amenazó con caerse. Mientras esperaba su turno con el simpático empleado de frontera, debía sostener la mochila en forma de abrazo. Comodísimo.
Mientras ella esperaba, el Obnoxious American luchaba con el conductor del micro que intentaba explicarle en qué fila ponerse a los gritos. Todo se solucionó cuando él le señaló el pasaporte americano, "No hablo español", y el otro entendió.
Todas las situaciones servían de distracción para ella. Una vez salida de Argentina, había que ingresar a Chile, así que otra fila la llevó hasta otro simpático empleado de frontera, esta vez, chileno.
No se sabe bien por qué, volvieron todos a subir al micro para hacer cien metros y volver a bajar. Era la hora de la revisión de scan para los bultos grandes y la ocular para los bolsos de mano.
Los quince que habían decidido ir a Chile esa noche se pararon, uno al lado del otro, frente a la cinta transportadora que no transportaba nada. Solo estaba estática sosteniendo bolsos y carteras.
Sky High solo podía pensar en dos cosas: 1) Poner cara de nada y no verse sospechosa; y  2) Intentar que su cara de nada y de no sospechosa sea lo más natural posible.
Cuando se acercó el perro snifador y su amo, el Obnoxious American hizo lo que tenía que hacer: un chiste boludo que eliminó los nervios de Sky High y la mala actuación por unos segundos.
Con la nueva y efímera relajación, Sky High pudo disfrutar del momento. Pudo ver como el perro prefería buscar un sándwich de salame en el bolso de un hombre mayor que estaba a su izquierda. Pudo ver al policía pelado con cara de garca escrutinando las caras de los "sospechosos".
Cuando parecía que todo iba sobre ruedas, cuando parecía que el perro no estaba interesado en encontrar bananas, Sky High ve de reojo y de casualidad a otro policía, con otro perro, subiendo al micro.

"They have dogs."

"The're going into the bus."

Los nervios eran ahora el doble de intensos. Sky High comenzó a elucubrar planes para explicar sus bananas, formas de explicarle al agente que la llevaría presa que era adulta y que un par de bananas no eran tanto problema, o un simple "me las pusieron".

Unos minutos después, Sky High estaba de regreso en el micro. Sentada en su lugar. El Obnoxious American sentado a su lado. Todo parecía estar bien.
"¡Poné primera y arrancá de una vez!", pensaba ella.
Una vez en movimiento, todo tomó otro color. El Obnoxious American reía, no se sabe si se reía de ella o de la situación, pero no importaba. Ella reía también. Eran traficantes con todas las letras y la experiencia aunque aterradora por momentos, a la distancia, fue muy divertida.
Ya en rutas chilenas pudieron dormir como Dios manda sin antes comenzar a pensar en las vacaciones dentro de las vacaciones y fantasear con el desayuno en la playa para esperar el amanecer.


sábado, 21 de enero de 2012

Minirrelato VI

Necesito dejarte algo. Resulta que compré muchas bananas, por el potasio para subir a la montaña, ¿viste? Pero parece que no te dejan pasar la frontera a Chile con frutas.
Así que te las dejo. Las comparten, ¿sí?

jueves, 19 de enero de 2012

Un paso, una despedida

5 de diciembre de 2011
Mendoza Capital

Algo extraño que sucede en los viajes son las relaciones que uno crea en el camino,
"los amigos por cinco días"
como escuché a alguien por ahí decir.

Conocés gente de la manera más sencilla:

¿Te sobra un poco de aceite?
¿Sabés donde puedo comprar verduras?
¿Querés compartir una cerveza?
¿Fumás?

Y así nomás, tenés un amigo. Como cuando éramos chicos. Nada más sencillo.

Pueden tener poco o mucho en común, ser de continentes diferentes,
pero si hacen una excursión juntos o comparten una cena, ya está.

Por supuesto, las despedidas son, de algún modo, difíciles.
Y así de tanto me costó cuando me despedí de Mendoza.
El lugar donde había pasado mucho tiempo para la dimensión del mochilero. 

Hubo besos, abrazos, intercambios de correos electrónicos y promesas del estilo:

"¡Cuando vengas a Buenos Aires avisame!"

Todo muy rico, gracias por venir, nos vemos en Disney.
Nosotros nos vamos a Chile.

lunes, 16 de enero de 2012

Minirrelato V

-¡Ya tengo un sobrenombre para vos! Te vas a llamar "Sky High".
-¿"Sky High"? ¿Por qué?
-Por tres razones. Primero, porque sos muy, muy alta. Segundo, porque me diste ese abrazo que tanto necesitaba cuando estábamos bien alto en la montaña. Y tercero, porque a veces colgás, te subís a una nube y te vas. Alto.

Interludio, Parte V

4 de diciembre de 2011
Mendoza, Capital / Godoy Cruz

Aquellos días habían pasaron a velocidad crucero. La comodidad de estar en un hostel que ya le resultaba como su hogar, la comodidad de la compañía conocida y la comodidad de tener una relativa calma para trabajar durante el día no eran buenos para Sky High. Había que dar el siguiente paso. Había que seguir el viaje. Ya había conversado con el Obnoxious American sobre la posibilidad de unírsele a su viaje por Chile y él se había mostrado encantado. Solo debían planear detalles.
Y planeraron. Irían a Valparaíso al día siguiente. Y luego a Santiago. 
Unos días atrás, de casualidad, Sky High se había enterado de una Fiesta de la Cerveza Artesanal, o algo así, en Godoy Cruz. Tocaría una banda llamada Las Pelotas. ¡Qué buena oportunidad para ir a un recital y llevar al extranjero a conocer el calor del público argentino!
Entonces, ese domingo, a media tarde, como despedida de Mendoza, se tomaron el trolley y se fueron al concierto.
Desde que llegaron a Godoy Cruz sintieron en la piel el ambiente de rock and roll. El evento era en un gran predio al aire libre, pero como la entrada salía unos pesos, la muchedumbre se acumulaba en los barcitos de los alrededores para tomar cerveza barata mientras esperaban el número principal.
Y ellos emularon a la multitud. Un barcito sucio, oscuro, con mal audio pero donde se podía fumar, los acogió en la espera. Charlaron, tomaron cerveza y fumaron mientras se hacía la hora. La música del barcito era acorde a los deambulantes. Los Piojos, Divididos, etc. musicalizaban el lugar. También acompañaban a la escena los borrachos, los hippies, el olor a humedad, los gritos, un baño extremadamente precario y un mozo a quien había que pedirle por favor que los atendiera.
Ya con la previa lista, fueron al lugar. Ya habían comprado los tickets, así que el ingreso fue rápido. Los recibió el típico ambiente. El Obnoxious American estaba encantado. Estaba en un recital de rock a muchos kilómetros de casa, lleno de argentinos, con música argentina, con cerveza argentina, pero el ambiente era el mismo de todos los recitales, acá o en la China.
Había parejitas, grupos de hombres solos, grupos de amigas, familias con bebés y todo. Gente comiendo, gente cantando, gente tomando, gente fumando. Los olores del ambiente completaban el cuadro: una mezcla de aroma a meo, cerveza, transpiración y choripán.
Como corresponde al protocolo universal, se sentaron en el piso escucharon a la banda soporte. Las Taradas. Un bonito hallazgo para Sky High, una relativamente nueva fanática de este tipo de música.
Entonces, al rato, la banda principal arrancó. Y todo iba bien. Sky High conocía las canciones y cantaba al compás. El Obnoxious American no tenía la más puta idea de qué cantar, pero estaba disfrutando del recital como cualquier otra persona. Hasta que empezó un tema.
Sky High no lo vio venir, no se acordó, no se percató, pero de pronto estaba entre una muchedumbre que silbaba e insultaba al himno norteamericano, con un norteamericano parado al lado.
Sky High no tenía idea de qué hacía él. No se atrevió ni a mirarlo. Se sentía mal, incómoda, preocupada.
"Que no se le ocurra a éste hablarme ahora y que todos estos se den cuenta de que es yanqui. Lo van a cagar a trompadas", pensó.
Sin dirigirse la palabra, salieron antes de que termine la última canción para poder conseguir taxi. Ella tenía miles de ganas de pedirle perdón. Tenía que decir algo. Unos pasos más y encontraron a un taxista que parecía recién salido del concierto. Nivel etílico y una excitación correspondientes a un fan que recién venía de un concierto de las Pelotas. Entonces, Sky High decidió seguir guardando silencio en pos de la integridad física del americano. Seguramente no era tan terrible, pero por alguna razón, prefirió callarse.
Llegaron al hostel después de un viaje en mutis, agradecidos de que el taxista haya manejado echando putas para así llegar rápido y agradecidos también por llegar sanos y salvos, porque el taxista había manejado echando putas.
Disculpas dadas por la poca tolerancia y la generalización de la muchedumbre, la noche terminó entre carcajadas demasiado sonoras para un hostel por chistes del estilo "internos" y del "tenés que estar ahí para entenderlos".

domingo, 15 de enero de 2012

Interludio, Parte IV

Primeros días de diciembre de 2011
Mendoza, Capital


Una amplia sonrisa con mirada de "perdón por el mal humor de la mañana" fue la bienvenida de Sky High a sus hijos. Y eso bastó.
Unas cervezas, anécdotas de caballos, gauchos, mates y unos puchos después, los tres se dispersaron en preparativos.
Esa noche, había una megafiesta del grupo de hostels y por supuesto estaban todos invitados. Sesenta pesos por un asado y tequila libre toda la noche. Mal negocio para Sky High. Era vegetariana y no tomaba más que cerveza y Fernet. Nada de ganas de asistir a una fiesta de jóvenes hormonalmente exitados por estar lejos de casa, llenos de alcohol barato y conversaciones banales y repetitivas.


¿De dónde sos? ¿Venís bajando o subiendo? ¿Dónde vas después? ¿Dónde estás parando? ¿Qué me recomendás hacer en Mendoza? ¿¿¿En serio subtitulás porno???


El hostel estaba lleno de gente, todos alistándose para la gran fiesta, gran. Sky High escapó y se fue a dar una vuelta por la plaza Independencia, que estaba muy cerca de ahí. Era una noche hermosa y menos ganas le dieron de encerrarse en otro hostel con 95% de probabilidades de vómitos en cercanías. Por lo tanto, compró una cerveza, no se molestó en agarrar un vaso, y se puso a chatear por Internet con un amigo en Buenos Aires.
-Sí, claro. Voy a la fiesta, pero después de la cena. No como carne.
-Entonces te vemos allá -dijeron sus hijos. Y se fueron.
Tanto ella misma como ellos, sabían en el fondo que Sky High no iría. Pero nadie presionó. El Obnoxious American la despidió con su frase favorita, "I miss you already", y se fue detrás del Inspector Gadget.
Para Sky High la noche terminó con un libro en la mano, un nivel de alcohol en sangre equivalente a unas botellas de cerveza y la ropa puesta, durmiendo.
Para sus hijos, la noche terminó de manera muy diferente. Sin anticiparlo, fue el extranjero quien se ocupó de cuidar al argentino, traerlo al hostel y procurar que Sky High no se enfrentara a su peor enemigo. Sufría de emetofobia y una exposición al trauma era lo último que necesitaba.
La mañana siguiente, al Obnoxious American aún le costaba despegarse la almohada de la cara y el Inspector Gadget amaneció en el sofá.
Un rato después, despidieron al último miembro del grupo. Ya con dos personas, no podían seguir autodenominándonos The Gang. El Inspector Gadget se fue a la montaña. El Obnoxious American y Sky High quedaron solos para seguir viaje. Pero eso no sucedería hasta un par de días después.

Interludio, Parte III

Primeros días de diciembre de 2011
Mendoza, Capital

El plan para el día siguiente era una cabalgata. Saldría la familia completa, Sky High y sus dos hijos: el Inspector Gadget y el Obnoxious American.
Ciertos hábitos son difíciles de erradicar, así que Sky High se despertó temprano, más temprano que todos, demasiado temprano, y pensó que sería una buena idea trabajar un poco hasta que el resto de la troupe se levantara.

Fue un amargo despertar.

Entre el primer café y la segunda tostada con manteca y dulce de leche, notó que el cable de alimentación de la computadora estaba roto. El mismo cable que le había causado pesadillas unos meses antes, en un lugar y una situación muy distintas, estaba ahora causándole igual desesperación. Con el trabajo no se jode.

-I hate my life -le escupió como saludo matutino al Obnoxious American en lugar del clásico "Buenos días", cuando lo cruzó en el lobby del hostel. Por suerte, el americano había estado en la marina, The Navy, como le decía él; entonces sabía (como muchas otras cosas que The Navy le enseñó) la forma correcta de tratar a una mujer de mal humor. Así fue como él aprendió a la fuerza que, a veces, Sky High podía ser muy intimidante. Fue la primera, pero  no sería la última vez que la vería así.

El Obnoxious American puso cara de nada y disimuladamente desapareció, cual Hudini.

Sin darle explicaciones a nadie de a dónde iba ni cuándo volvería, Sky High salió en busca del bendito cable. Dos horas después y con cuatrocientos pesos menos en la cuenta bancaria, regresó al hostel para enterarse de que sus hijos se habían ido a la cabalgata sin ella.

Otro día dentro del Campo Base, Mendoza, trabajando.

Interludio, Parte II

Primeros días de diciembre de 2011
Mendoza, Capital

Esa tarde llegó el momento en que "The Gang" comenzó a perder soldados. El Principito y Mr. Bean serían los primeros en abandonar el escuadrón. Ambos viajaban a Buenos Aires para regresar a sus respectivos hogares. El primero a Francia y el segundo a Suiza.
Unas recomendaciones del estilo "Andá allá, comé acá, visitá acullá", una última foto (no hace falta decir de quién fue la idea) y partieron.
Algo extraño sucedía en el corazón de Sky High cada vez que despedía a alguien que iba rumbo a la city porteña: Lo inundaba una especie de nostalgia no esperada, una forma extraña de extrañar. Buenos Aires era su ciudad de nacimiento, no de residencia actual. Era donde estaba su familia, sus amigos, su adorado amigo más fiel. Sentía que conocía la ciudad, pero que quedaba muy lejos. Muchos de sus recuerdos eran actuales, muchos otros lejanos. Una mezcla de vida nueva y vida vieja que convivía en su memoria como dos ciudades diferentes que a la vez eran una sola. La suya.
Entonces, quedaron Sky High y "sus hijos", como les decía la mujer bombero que trabajaba de mañana en el hostel. Se ganaron tal apodo por cuestiones de estatura. Sky High era notoriamente más alta que ambos. Parecía mamá polla y los pollitos.
Decidieron ir a almorzar al parque, ¿cuál?, pidieron recomendaciones, armaron sandwichitos, prepararon el mate y partieron.
Leyeron, comieron, tomaron mates y durmieron la siesta a la sombra y a la deriva por un rato. Al volver a la vida, volvieron también al hostel. 
El menú de la cena fue cerveza, papas fritas y picada. El Inspector Gadget en la netbook, el Obnoxious American en la Tablet y Sky High en la laptop. Cada uno en su mundo con breves comentarios que iban y venían.
Y así pasaba un día más en Mendoza, la ciudad que le enseñó a Sky High a estar lejos de casa, sin rumbo fijo y poder disfrutarlo sin reparos.

sábado, 14 de enero de 2012

Interludio, Parte I

Primeros días de diciembre de 2011
Mendoza Capital

Sky High era una persona adaptable. Le gustaba tanto estar sola como acompañada y este viaje le estaba dando la posibilidad de disfrutar de esos dos tipos de momentos. Pero la transición le costaba. Ahora que andaba en un grupo de cinco se sentía como viajando con amigos y le gustaba moverse en bloque. Sin embargo, tuvo que dejar pasar el próximo plan. El Inspector Gadget, agente autoimpuesto de turismo de The Gang, había planeado un día en las termas para relajar. Pileta, sol, mates. Era un plan ideal. Pero Sky High tenía que trabajar, así que despidió al equipo y se quedó en el hostel.
Trabajar y viajar le estaba resultando fácil. Un estilo de vida que le gustaba cada vez más.
Almorzó unas mega ensalada mirando una película recomendada por el Obnoxious American. Había venido con advertencia:
-You're gonna cry.
Y Sky High comenzó a moquear a los cinco minutos de película. Lloraba por una vida que no fue, por un sufrimiento eterno y latente, por todo el amor que tenía para dar en algún lado del cuerpo pero no encontraba dónde estaba guardado ni a quién dárselo.
La cantidad de lágrimas llegó al límite tolerable de exposición pública y decidió refugiarse en la privacidad del Monte Everest para descargar el torrente.

Una vez abiertas las compuertas, no había forma de cerrarlas.

Película terminada y lágrimas secas, se durmió.

Pocos pasos, muchas letras

Primeros días de diciembre de 2011
Mendoza Capital


Un poco más de un mes después,
me senté a escribir los siguientes días en Mendoza,
con la ayuda de unas flacas y escuálidas anotaciones.
Creí que los recuerdos serían una maraña opaca,

una nebulosa,

pero cuando el corazón se conectó con la lapicera,
las palabras empezaron a fluir
como si vinieran incorporadas en la tinta negra,
como si fueran un electrocardiograma de imágenes y anécdotas.

El siguiente capítulo de la historia de este viaje se llama:

Interludio.

viernes, 6 de enero de 2012

Minirrelato VI

-Tengo ganas de ir a conocer Chile -dijo él.
-Quizás te acompañe -dijo ella.

Minirrelato V



-¡Ya tengo un sobrenombre para vos! Te vas a llamar "Sky High".
-¿"Sky High"? ¿Por qué?
-Por tres razones. Una, sos muy alta. Dos, porque me contuviste cuando estábamos muy alto en la montaña. Y tres, porque a veces colgás, te subís a una nube y te vas. Alto.



"The Gang" Parte VII

Un pucho y unos minutos después, regresaron los otros. Sky High notó que los hombres manejaron la situación de manera diferente.
-¡Boludo! ¿Qué hacés acá? ¿Por qué no subiste? ¡Dale, gil!
-Es una cagada que no hayas llegado. La vista está buenísima.
-Es una boludez cruzar hasta allá.
Sky High optó por el silencio. No quería mandar a freír churros a un porteño y dos franceses. Si el americano quería mandarlos a la mierda, "que lo haga él", pensó.
Entonces, otra vez la tradición ancestral cambió el clima del momento: ¡Saquemos una foto!
El regreso fue mucho más rápido que la ida. Bajaron sin hablar, sin sacar fotos, sin detenerse. Se iba el sol, hacía cada vez más frío y tenían todos cada vez más hambre y más dolor de cabeza.
El viaje en auto fue más o menos igual. En el asiento trasero, el Inspector Gadget dormía sin roncar pero parecía que se había olvidado en la montaña el hueso del cuello que sostiene la cabeza, que se movía de un lado a otro al compás de las curvas. Mr. Bean dormía también. Y el Obnoxious American tenía los ojos cerrados, pero no dormía. El Principito y Sky High compartían unos mates y charlaban no me acuerdo de qué. 
Al llegar al hostel, intercambiaron un par de palabras y de manera rápida y efectiva solucionaron la cena:
-Pidamos una pizza.
Y así cenaron, casi en silencio, por el cansancio y la pesadez del alma. Así, terminó el día, la experiencia de la montaña y esta historia. 


Me despido de este relato, pero regalo un pensamiento, una foto y el último cinismo de Sky High.


"A veces, se aprende mucho más en el camino que al llegar a la meta"
The Gang (100 metros antes de llegar a la cima )
"At least you got to pee on the same moutain your Dad peed so many years ago."
"Al menos lograste mear en la misma montaña que tu viejo meó hace muchos años".

"The Gang" Parte VI

2 de diciembre de 2011
Mendoza, Las Cuevas

Lo primero que notó Sky High cuando se bajó del auto fue el viento. Viento fuerte. Frío. "Estamos en la base", pensó. "¿Cómo estará el viento allá arriba? Contando con que llegue a la cima, claro". Sus dudas se aplacaron cuando vio a un grupo de preadolescentes bajar de un micro y dirigirse hacia el camino de subida. Si ellos pueden, supuso que ella también podría. Pero hay un dicho en inglés que dice así:
You know what happens when you assume? You make an ass of you and me.
Algo así como: "No asumas. Te vas a equivocar". 
Los chicos no subían la montaña. Solo iban hasta una capillita a cien metros de dónde estábamos. Cuando Sky High los vio volver, se le cayó el alma un poco. Quizás hasta las rodillas. Asumiendo que el alma está, ¿dónde? ¿En el pecho? Sabemos lo que pasa cuando uno asume.
Comenzaron a caminar. El Principito y Mr. Bean llevaron la delantera casi todo el tiempo. El Obnoxious American iba detrás de ellos, impulsado por la ilusión de su réplica de la foto. Y el Inspector Gadget, creo que por compañerismo porteño, caminaba más lento para acompañar a Sky High.
La subida fue entretenida. Un hermoso paisaje los acompañaba. Unas charlas interesantes también.
Cuando llevaban un tercio del camino recorrido, después de una curva, se vio a lo lejos, hacia abajo, las tres casas que había en la base. Obviamente, el Inspector Gadget, sintió el llamado de la sangre y dijo: ¡Saquemos unas fotos!
Sky High no podía estar más contenta. Cualquier excusa para descansar era buena. Los cigarrillos que fumaba y el sedentarismo que practicaba como religión no eran buenos amigos de la caminata de nueve kilómetros.
El sendero que los llevaba a la cima había sido en algún momento la ruta para cruzar a Chile. Era imposible pensar en camiones y colectivos subiendo por ahí. Es como recordar cuando ir a Mar del Plata era una aventura en una ruta de dos carriles nada más. Sería un deporte de riesgo cruzar a Chile por ahí, pero gracias a eso, quedó un sendero hermoso y fácil para los caminantes osados que quieren ahora llegar al Cristo Redentor. Claro está, hay excepciones. Hubiera sido todo divino si seguían caminando por la antigua ruta todo el tramo, pero Mr. Bean y su culo inquieto insistían en tomar "atajos". La ruta serpenteaba como reptil con escoliosis múltiple, entonces un atajo era en verdad un atajo. Pero sin el calzado correcto, ni pulmones aptos, cada atajo era una pesadilla para Sky High. Por suerte, al cabo de dos o tres atajos, la pesadilla se acomodó en los corazones de varios y así fue como perdimos a Mr Bean entre las lomadas y no lo vimos más hasta dos horas después. Sus atajos funcionaron, pero Sky High estaba segura que no hubiese podido lidiar con ellos y en lugar de llegar más rápido a la cima, habría llegado más rápido de regreso al auto, rodando y rebotando entre las piedras y acumulando fracturas en partes varias del cuerpo. Ella se aferró al camino.
Un par de horas después, seguían subiendo. Podría haber sido por la altura, por el frío o por el viento, por el mal estado físico o lo que sea, pero Sky High ya tenía el cuerpo cansadísimo y le costaba respirar. Mr Bean había reaparecido hacía un rato y ya había vuelto a sacarles ventaja. El Principito lo siguió y se perdió con él. El Obnoxious American, sintiendo que faltaba poco para la cima, agarró fuerte la cámara Polaroid y puso quinta a fondo. El Inspector Gadget quedó retrasado con Sky High.
-Andá. Subí. No pierdas el ritmo por mí.
-No, te hago el aguante. Total, vamos todos para el mismo lado.
-No, no. Yo voy lento y prefiero así. Vos andá con los chicos. Sigo el camino, sin atajos, y los encuentro en la cima.
Así fue como el Inspector se fue. Retomó el ritmo y en la primera curva, desapareció. Sky High quedó sola, tranquila, subiendo la montaña y sacando las fotos que quería. Cada tres pasos tenía que frenar, respirar hondo y seguir. Hacía bastante frío ya así que no podía detenerse demasiado. El Inspector le había aconsejado que no descansara por más de cinco minutos porque se enfriaba el cuerpo. Caminando, parando, caminando, sacando fotos. Caminando, admirando el paisaje. Así, lentamente, avanzaba. Sola, con sus pensamientos y reflexiones, daba un paso corto y después otro. Avanzaba. Lento, pero sin pausa. Bueno, no demasiadas.
Una curva y lo ve. El Obnoxious American estaba sentado en el camino. La cara hundida en las manos. Hecho una bolita.
-¡Che! ¿Qué hacés? ¿No me estarás esperando, no?
-No. No puedo pasar. No puedo pasar el hielo.
-¿Qué hielo? ¿Qué? ¿Dónde?
-Estamos a cien metros de la cima y no puedo pasar el hielo.
El Obnoxious American la llevó hasta la próxima curva. Una mini avalancha había volcado un bloque de nieve sobre el camino. No había forma de seguir. Salvo, cruzando por el hielo, rezándole a ese cristo allá arriba y a todos los otros cristos de todas las montañas del mundo para no resbalarse y caer. Un tropezón y al precipicio. 
Sky High no era del tipo deportista, como habrá quedado claro. Llegar a la cima o no era indistinto. Lo divertido era el paisaje, el camino. El cristo, dicho mal y pronto, le importaba un huevo. Pero la historia del americano, por alguna razón, le había calado hondo. No podía creer la tristeza, el elefante en el pecho, que sintió cuando se dio cuenta de que él no podía pasar. De que no podría sacar su foto. Se calzó el entusiasmo en las patas y el optimismo en el corazón.
-¿Dónde están los otros?
-El Inspector tiene buen calzado. Cruzó el hielo como si fuera un paseo por el parque. Mr Bean se perdió por las rocas y llegó al otro lado. El Principito no sé cómo lo hizo. Yo no puedo.
-Dale, vamos a intentarlo. ¿Por las rocas o por el hielo?
-Mejor las rocas, vamos.
Y fueron. Ella lo dejó intentarlo primero. No tenía intenciones de quebrarse una pierna. Era solo cuestión de darle ánimos. Él subió un poco, se resbaló y abandonó el intento.
-No puedo.
-Vamos al hielo.
Y fueron. Ella lo dejó intentarlo primero. No tenía intenciones de caerse por el precipicio. Era solo cuestión de darle ánimos. Él subió un poco y un poco más. Ella decidió intentarlo. El frío en el cuerpo no era nada comparado con el frío que sintió en las manos cuando tuvo que aferrarse para avanzar. Iba en cuatro, como gato, tratando de no caerse. A los dos o tres metros, abandonó el intento.
-¡Vos seguí! ¡Dale! Yo me vuelvo. Los espero acá. -Y se fue sin mirar atrás. Supuso que el americano necesitaba un poco de privacidad para juntar fuerzas y seguir.
Se sentó al borde del camino. Unos segundos después, reapareció el americano. Solo dijo: "I can't do it".
(A very low moment at a high altitude)
Sky High solo pudo recurrir a los chistes para distender la situación, porque si no lo hacía, se ponía a moquear ahí mismo, con él.
-Menos mal. No tengo ganas de que te resbales y te abras el cráneo en las rocas. No quiero tener que esperar a los otros junto a tu cadáver chorreando sangre. Quedate acá y no rompas las pelotas. 
El americano sonrió. Pero ningún centímetro de su cara sonreía.
-¡Qué buen momento para un pucho!
-I'm dying for one.
Y así le sacó una sonrisa. A casi cuatro mil metros sobre el nivel del mar, cansados, muertos de frío, con el corazón en los pies y el alma en las manos, compartieron un pucho.
-Need a hug?
-No, I'm fine.
Por supuesto, Sky High lo abrazó. Todos los centímetros de su cara pedían abrazo.

jueves, 5 de enero de 2012

"The Gang" Parte V

2 de diciembre de 2011
Mendoza, Capital

Sky High se despertó con el ruido de unos pasos. Sabía dónde estaba, pero no sabía qué hora era. Sí sabía los planes para el día, pero no sabía exactamente dónde esos planes la llevarían.
Uno de esos pasos pertenecían, obviamente, al Inspector Gadget. Se despertó primero que todos, o por lo menos eso parecía. Mientras los demás intentaban ponerse a tono con la vigilia, él ya estaba preparando su equipo. Bajaron a desayunar y un par de vueltas después estaban todos en la calle, cada uno con su mochila de provisiones y agua.
Sky High no era del tipo de personas que planeaba mucho estas cosas. Solo se hacía una pregunta: ¿Llevo el mate? En este caso, no sería necesario. Lo que sí debió llevar gracias a la recomendación del Principito, fue la campera.
-En la cima de la montaña va a hacer frío -dijo con un inglés afrancesado.
-¿Frío, frío? ¿Frío como cuánto?
-Mucho frío. Mucho -y tenía razón.
Con respecto a la comida, el Inspector ya se había encargado de comprar todo lo necesario la noche anterior. En algún punto creyó que no sería suficiente, puesto que no había contado con la compañía de Sky High, pero al fin de cuentas, había comprado un montón. Las provisiones consistían de: queso, jamón y pan para sándwiches; bananas por el potasio; barritas de cereal para reforzar durante la marcha. ¿Bananas, cereal? Sky High tenía la sensación de que la caminata sería más difícil de lo que había imaginado. ¿Casi 4000 metros sobre el nivel del mar? Ese dato era totalmente irrelevante para ella. Ni idea tenía de cuánto o cómo afectaba eso al cuerpo.
Ya en el negocio de alquiler de autos, el Inspector se encargó de las tratativas y, como el Principito y Mr. Bean eran los únicos con registro, estaban dentro del local también. Sky High y el Obnoxious American se deleitaron con puchos y charla en la vereda mientras esperaban que los demás se encargasen de todo.
Listo. Había comida, mapas y participantes, todos en el auto. Arrancaron.
Sky High estaba en el asiento del acompañante, en medio del fuego cruzado de puteadas en francés entre el Principito, que manejaba, y Mr. Bean que tenía el mapa en el asientro trasero. El Inspector Gadget se dedicaba a sacar fotos. Era mitad japonés (no sé si de madre o de padre) pero decía que "la sangre tiraba" y que no podía evitarlo. Gracias a él, Sky High, ni ninguno de ellos, necesitó sacar la cámara del bolso muchas veces. Tenían fotos para tirar al techo.
Sky High no podía dejar de maravillarse, como en otros momentos de su viaje, ante la idea de estar viajando por Mendoza, por el país, sin cadenas sobre los pies.
Unas vueltas, un giro equivocado, un retome y unos kilómetros después, encontraron el camino. Pasaron por el Puente del Inca, Las Cuevas y llegaron a la base del cerro.
Se hidrataron con agua aún fresca, comieron sándguches de queso transpirado, o más poéticamente dicho, queso "con lágrimas". Unos minutos después, estaban en camino.

miércoles, 4 de enero de 2012

"The Gang" Parte IV

2 de diciembre de 2011
Mendoza Capital
3 am

-Bueno, la cosa es así. Teníamos pensado ir mañana a una caminata en un cerro. Tendríamos que tomar un colectivo que nos deje en Puente del Inca y de ahí caminar trece kilómetros hasta la base del cerro. En la cima hay un monumento al Cristo Redentor que se encuentra en el límite con Chile. Son nueve kilómetros de ascenso sin mucha dificultad hasta la cima que está a casi cuatro mil metros sobre el nivel del mar. En cinco horas más o menos deberíamos estar de vuelta abajo. Pasamos la noche ahí y volvemos. Habría que salir a las seis de la mañana.
-¡Pero son las tres!
-Claro. Ahí viene la propuesta. Si tenés ganas de sumarte, alquilaríamos un auto e iríamos directamente hasta el cerro. Podemos salir a eso de las diez. Si hacemos eso serían menos de cien pesos por cabeza.
Sky High contempló la botella de cerveza que tenía en la mano durante unos minutos. Tenía menos de la mitad y no era la primera que compartían. No tenía plan para el otro día y hacer el trayecto en auto hasta la base del cerro le resultaba mucho más tentador que colectivo + caminata + ascenso.
-¡Y dale! ¿Abrimos otra, entonces?
Un par de cervezas, demasiados cigarrillos y un par de horas después se fueron todos a dormir con la idea de despertarse lo más temprano posible para alquilar el auto y partir.
¿Por qué ese ascenso? ¿Por qué esa caminata? Como todo, nada es al azar.
El Obnoxious American había dicho, en su primer encuentro con los otros, que tenía una razón especial para hacerlo. El Inspector Gadget haría un ascenso al Aconcagua de cinco días y esta caminata le serviría de entrenamiento y prueba de equipo (que no era poco, por algo se lo apodó el Inspector Gadget) y el Principito y Mr. Bean creo que solo se sumaron, al igual que Sky High, a un plan ya gestado por otros.
¿Cuál era esa razón especial del americano? Sky High se enteró de camino a la montaña, pero yo se los cuento ahora.
Su padre era un político respetado en los Estados Unidos. Al parecer, era uno de esos honestos, serios y responsables. Pero no había sido siempre honesto, serio y responsable. Unos años antes de conocer a su esposa, la madre del Obnoxious American, el Político había hecho un viaje en bicicleta por Sudamérica. Había vivido uno de esos viajes mágicos. ¡Hasta se había enamorado de una uruguaya y había vivido allí un tiempo! Había llegado hasta la cima de este cerro y se había sacado una foto junto al Cristo. Cinco años antes de que el Obnoxious American se encontrara en Mendoza compartiendo unas cervezas con extraños, no tan extraños, el Político había fallecido. Su hijo quiso emular el viaje del padre y, foto Polariod en mano, emprendió camino hasta Tierras Lejanas para sacarse la misma foto, con la misma cámara, en el mismo lugar, que se había sacado su padre muchos años atrás.
Era extraño sentir que existía tanta historia y tantas emociones en una persona tan chiquita. Pero así era. Al día siguiente, cumpliría su sueño de reproducir la foto y quizás así lograr una conexión que no había tenido en vida con su padre y cerrar un capítulo para empezar otro.
Sky High y su cinismo siempre activo no pudieron evitar el comentario, que ahora dudo si lo hizo en voz alta en ese momento o algún tiempo después. 
-Para mí, sos Joey de Friends con su historia de "When I was backpacking in Western Europe...". Todo muy romántico, novelesco. Muy "holliwoodense".
Quizás fue cinismo, quizás fue para distender. Sky High no siempre tenía en claro para qué usaba la ironía y el sarcasmo, pero que los usaba, los usaba.
Todos se fueron a dormir. Todos, o al menos algunos, estaban nerviosos. El Obnoxious American sentía el peso de la tarea por cumplir, Sky High dudaba de su capacidad física para tal emprendimiento, el Inspector Gadget corroboraría el estado de sus artilugios para una excursión mucho más complicada unos días después. Mucho no se sabe qué pasaba por la cabeza del Principito y el Mr. Bean. Pero no era novedad. Nunca se sabía qué pasaba por la cabeza de tan extraño par.

lunes, 2 de enero de 2012

"The Gang" Parte III

1 de diciembre de 2011
Mendoza Capital


A Sky High le costó bastante despertarse pero tenía que hacerlo. Estaba agradecida con el Inspector Gadget. Se estaba ocupando de dos temas importantes en la vida de un viajero. De un soplo le solucionó el alimento y la soledad.
¿Qué mejor que un buen baño para volver a la vida? En ese momento, parecía que nada. Un momento después descubrió que mejor hubiera sido cualquier otra técnica. El tema "baños" merece uno o dos párrafos aparte.
Los baños de este hostel en particular eran como los de un club de barrio y mixtos. Una zona con la bacha y el espejo, otra zona con los cubículos de inodoros y la última parte del pasillo, dos duchas con cortinas (de esas llenas de moho, incómodas y feas). Cabe destacar que el hecho de estar divididos en tres partes no significa que fueran más espaciosos. Como todo en el hostel, era chiquito. Y Sky High no era una persona de las que se llamarían menuditas. Además, los baños olían mal.
Los baños de los hostels en general parecen tener una regla de oro que está escrita, pintada, en forma de cuadro, de un simple papel pegado en la pared o un sticker: "No arroje el papel higiénico al inodoro". Nunca entendió Sky High por qué, hasta que le contaron la historia de una piba que usó casi todo el rollo, lo tiró al inodoro y lo tapó. Aquí Sky High pensó su propia regla de oro: "Si no sabés usar el baño o la cocina, no salgas de casa".
Pero volviendo a la historia principal, tenemos ahora a una Sky High bañada, despierta y cambiada. Lista para enfrentar al mundo, o al menos la cena.
Bajó hacia el salón común y se encontró con Mr Bean. Pensó que era italiano al principio, pero luego descubrió que era francés. En el salón charlaron un rato, si se puede llamar "charlar", mientras esperaban a que el resto del grupo volviera del supermercado. Sky High no entendía ni la mitad de lo que decía Mr. Bean pero por alguna razón que no recuerdo ahora la charla era interesante.
Mr. Bean se merecía el apodo con todas las letras. Era hiperkinético, con mil caras, flexible, audaz y un poco atolondrado. Descubrió después que era un ingeniero de algo viviendo en Suiza.
Un rato, ¿media hora?, después, regresó la troupe de hacer las compras. El Inspector Gadget se sentó en la mesa con su netbook a hacer cuentas y cálculos de gastos en su planillita de Excel. El Principito y Mr. Bean eran los encargados de cocinar. Sky High quedó sin tarea puntual asignada, al igual que el Obnoxious American.
-¿Tú fumas? -le preguntó él. 
-¡Sí!. -Contenta por tener "algo que hacer", Sky High prometió lavar los platos y se fueron a fumar al pequeño, claro, patio.
El Principito viajaba junto a Mr. Bean. Era alto, rubio, de rulitos. No hablaba mucho, pero cuando lo hacía, decía lo correcto. El apodo se lo ganó solo por su apariencia porque no creo que llevara en la mochila un dibujo de una caja con una oveja dentro.
El Obnoxious American recibió su apodo del Inspector Gadget. Decía que era el típico norteamericano molesto. No lo era tanto, pero aceptó con alegría su apodo y se autodenominó así durante el resto del viaje.
Este grupo de cuatro se había conocido por casualidad, así como se conoce la gente en los hostels, y habían hecho un par de excursiones juntos.
El menú resultó ser unos ñoquis con una salsa de vayaunoasaberqué. Estaba rico, era una bomba, pero estaba rico y fue el primer paso para que los integrantes se conozcan, charlen y compartan una hermosa velada que acabó a las 3 de la mañana, todos un poco borrachos y muertos de risa, en la zona fumador, planeando las actividades del día siguiente.
La voz cantante la llevaba el Inspector Gadget.
-Sky High, tenemos una propuesta indecente para hacerte.
Sky High sonrió y contestó:
-A ver, contame...