2 de diciembre de 2011
Mendoza, Las Cuevas
Lo primero que notó Sky High cuando se bajó del auto fue el viento. Viento fuerte. Frío. "Estamos en la base", pensó. "¿Cómo estará el viento allá arriba? Contando con que llegue a la cima, claro". Sus dudas se aplacaron cuando vio a un grupo de preadolescentes bajar de un micro y dirigirse hacia el camino de subida. Si ellos pueden, supuso que ella también podría. Pero hay un dicho en inglés que dice así:
You know what happens when you assume? You make an ass of you and me.
Algo así como: "No asumas. Te vas a equivocar".
Los chicos no subían la montaña. Solo iban hasta una capillita a cien metros de dónde estábamos. Cuando Sky High los vio volver, se le cayó el alma un poco. Quizás hasta las rodillas. Asumiendo que el alma está, ¿dónde? ¿En el pecho? Sabemos lo que pasa cuando uno asume.
Comenzaron a caminar. El Principito y Mr. Bean llevaron la delantera casi todo el tiempo. El Obnoxious American iba detrás de ellos, impulsado por la ilusión de su réplica de la foto. Y el Inspector Gadget, creo que por compañerismo porteño, caminaba más lento para acompañar a Sky High.
La subida fue entretenida. Un hermoso paisaje los acompañaba. Unas charlas interesantes también.
Cuando llevaban un tercio del camino recorrido, después de una curva, se vio a lo lejos, hacia abajo, las tres casas que había en la base. Obviamente, el Inspector Gadget, sintió el llamado de la sangre y dijo: ¡Saquemos unas fotos!
Sky High no podía estar más contenta. Cualquier excusa para descansar era buena. Los cigarrillos que fumaba y el sedentarismo que practicaba como religión no eran buenos amigos de la caminata de nueve kilómetros.
El sendero que los llevaba a la cima había sido en algún momento la ruta para cruzar a Chile. Era imposible pensar en camiones y colectivos subiendo por ahí. Es como recordar cuando ir a Mar del Plata era una aventura en una ruta de dos carriles nada más. Sería un deporte de riesgo cruzar a Chile por ahí, pero gracias a eso, quedó un sendero hermoso y fácil para los caminantes osados que quieren ahora llegar al Cristo Redentor. Claro está, hay excepciones. Hubiera sido todo divino si seguían caminando por la antigua ruta todo el tramo, pero Mr. Bean y su culo inquieto insistían en tomar "atajos". La ruta serpenteaba como reptil con escoliosis múltiple, entonces un atajo era en verdad un atajo. Pero sin el calzado correcto, ni pulmones aptos, cada atajo era una pesadilla para Sky High. Por suerte, al cabo de dos o tres atajos, la pesadilla se acomodó en los corazones de varios y así fue como perdimos a Mr Bean entre las lomadas y no lo vimos más hasta dos horas después. Sus atajos funcionaron, pero Sky High estaba segura que no hubiese podido lidiar con ellos y en lugar de llegar más rápido a la cima, habría llegado más rápido de regreso al auto, rodando y rebotando entre las piedras y acumulando fracturas en partes varias del cuerpo. Ella se aferró al camino.
Un par de horas después, seguían subiendo. Podría haber sido por la altura, por el frío o por el viento, por el mal estado físico o lo que sea, pero Sky High ya tenía el cuerpo cansadísimo y le costaba respirar. Mr Bean había reaparecido hacía un rato y ya había vuelto a sacarles ventaja. El Principito lo siguió y se perdió con él. El Obnoxious American, sintiendo que faltaba poco para la cima, agarró fuerte la cámara Polaroid y puso quinta a fondo. El Inspector Gadget quedó retrasado con Sky High.
-Andá. Subí. No pierdas el ritmo por mí.
-No, te hago el aguante. Total, vamos todos para el mismo lado.
-No, no. Yo voy lento y prefiero así. Vos andá con los chicos. Sigo el camino, sin atajos, y los encuentro en la cima.
Así fue como el Inspector se fue. Retomó el ritmo y en la primera curva, desapareció. Sky High quedó sola, tranquila, subiendo la montaña y sacando las fotos que quería. Cada tres pasos tenía que frenar, respirar hondo y seguir. Hacía bastante frío ya así que no podía detenerse demasiado. El Inspector le había aconsejado que no descansara por más de cinco minutos porque se enfriaba el cuerpo. Caminando, parando, caminando, sacando fotos. Caminando, admirando el paisaje. Así, lentamente, avanzaba. Sola, con sus pensamientos y reflexiones, daba un paso corto y después otro. Avanzaba. Lento, pero sin pausa. Bueno, no demasiadas.
Una curva y lo ve. El Obnoxious American estaba sentado en el camino. La cara hundida en las manos. Hecho una bolita.
-¡Che! ¿Qué hacés? ¿No me estarás esperando, no?
-No. No puedo pasar. No puedo pasar el hielo.
-¿Qué hielo? ¿Qué? ¿Dónde?
-Estamos a cien metros de la cima y no puedo pasar el hielo.
El Obnoxious American la llevó hasta la próxima curva. Una mini avalancha había volcado un bloque de nieve sobre el camino. No había forma de seguir. Salvo, cruzando por el hielo, rezándole a ese cristo allá arriba y a todos los otros cristos de todas las montañas del mundo para no resbalarse y caer. Un tropezón y al precipicio.
Sky High no era del tipo deportista, como habrá quedado claro. Llegar a la cima o no era indistinto. Lo divertido era el paisaje, el camino. El cristo, dicho mal y pronto, le importaba un huevo. Pero la historia del americano, por alguna razón, le había calado hondo. No podía creer la tristeza, el elefante en el pecho, que sintió cuando se dio cuenta de que él no podía pasar. De que no podría sacar su foto. Se calzó el entusiasmo en las patas y el optimismo en el corazón.
-¿Dónde están los otros?
-El Inspector tiene buen calzado. Cruzó el hielo como si fuera un paseo por el parque. Mr Bean se perdió por las rocas y llegó al otro lado. El Principito no sé cómo lo hizo. Yo no puedo.
-Dale, vamos a intentarlo. ¿Por las rocas o por el hielo?
-Mejor las rocas, vamos.
Y fueron. Ella lo dejó intentarlo primero. No tenía intenciones de quebrarse una pierna. Era solo cuestión de darle ánimos. Él subió un poco, se resbaló y abandonó el intento.
-No puedo.
-Vamos al hielo.
Y fueron. Ella lo dejó intentarlo primero. No tenía intenciones de caerse por el precipicio. Era solo cuestión de darle ánimos. Él subió un poco y un poco más. Ella decidió intentarlo. El frío en el cuerpo no era nada comparado con el frío que sintió en las manos cuando tuvo que aferrarse para avanzar. Iba en cuatro, como gato, tratando de no caerse. A los dos o tres metros, abandonó el intento.
-¡Vos seguí! ¡Dale! Yo me vuelvo. Los espero acá. -Y se fue sin mirar atrás. Supuso que el americano necesitaba un poco de privacidad para juntar fuerzas y seguir.
Se sentó al borde del camino. Unos segundos después, reapareció el americano. Solo dijo: "I can't do it".
(A very low moment at a high altitude)
Sky High solo pudo recurrir a los chistes para distender la situación, porque si no lo hacía, se ponía a moquear ahí mismo, con él.
-Menos mal. No tengo ganas de que te resbales y te abras el cráneo en las rocas. No quiero tener que esperar a los otros junto a tu cadáver chorreando sangre. Quedate acá y no rompas las pelotas.
El americano sonrió. Pero ningún centímetro de su cara sonreía.
-¡Qué buen momento para un pucho!
-I'm dying for one.
Y así le sacó una sonrisa. A casi cuatro mil metros sobre el nivel del mar, cansados, muertos de frío, con el corazón en los pies y el alma en las manos, compartieron un pucho.
-Need a hug?
-No, I'm fine.
Por supuesto, Sky High lo abrazó. Todos los centímetros de su cara pedían abrazo.