sábado, 21 de julio de 2012

Minirrelato VI

Unos varios muchos meses después, de regreso en la bulliciosa ciudad...

puso play,

se recostó en la silla,

cerró los ojos

y volvió a viajar.

Aunque más no sea por un ratito.

lunes, 11 de junio de 2012

La mina de la Loca, Parte Navideña I


Córdoba, Mina Clavero 
24 de diciembre de 2011

Esa mañana, al parecer, se habían levantado con ganas de caminata y Juan les recomendó visitar el Parque Nacional La Quebrada del Condorito. Como era la víspera de Navidad, les sugerieron ir temprano porque a la tarde los micros se llenaban de toda la gente que iba a Mina Clavero (que parecía ser bastante) a cenar y quizás no podrían volver del parque.
Esa noche, la de Navidad, los comensales serían: Juan, el Obnoxious American, Sky High y una pareja que había aparecido de la nada. Rasta y Cheta de Ramos.
La tarde anterior, mientras Sky High y su amigo hacían no me acuerdo qué, sonó el timbre. Como Juan no estaba ni mucho menos Celeste, Sky High decidió atender la puerta.
-¿Hay lugar en el hostel para pasar dos noches?
-Mirá, la verdad es que el lugar está cerrado. No me preguntes por qué estoy acá, pero la dueña se fue por el fin de semana y el sereno está trabajando en un bar acá a unas cuadras.
Rasta le contó a Sky High, con no tan oportunas interrupciones de Cheta de Ramos, que habían visitado varios hostels de Mina Clavero y ninguno estaba abierto ese fin de semana. Al parecer, el pueblo se llenaba de familias que festejaban allí y la ciudad perdía su ritmo habitual. Había sí un lugar que les había ofrecido una habitación, pero gracias a la interrupción de Cheta de Ramos, Shy High supo que ese lugar era poco amigable, con humedad, frío, feo, fastuoso.
-Pero no estaba tan mal, amor.
-¡Era horrible! No te imaginás.
-¿Dónde lo ubicamos a Juan para preguntarle?
Dos horas después, volvieron y se instalaron. Juan se había hecho unos pesitos extra ese fin de semana.
La parejita feliz se ubicó en la habitación que ellos habían inspeccionado la noche anterior cuando Juan llegó y les cortó la emoción Sherlockiana.
Se acomodaron rápido y se escondieron en la pieza.
El obnoxious American y Sky High salieron para su paseo del día. Un micro que salía de la terminal los dejó en la entrada del parque. Decirle entrada era bastante amable, ya que solo era un camino poco amigable que los conducía a la entrada propiamente dicha.
El lugar estaba desierto. El camino no parecía conducir a ningún lado, pero como estaban ahí y no tenían otra cosa que hacer, comenzaron a caminar.
No era el día más soleado ni más cálido de la semana y empezaron a sentir frío. En ese momento no era tan grave, algunos rayitos de sol que asomaban desde entre las nubes más la caminata lograron que ellos entraran en calor. Además, al parecer, las risas también son aclimatadoras. Charlaron sobre vacas, vacas asesinas, caminos, piedras, cosas que se charlan en esas caminatas y así, al rato, llegaron a la entrada.
Sky High ya estaba cansada para ese entonces, pero obviamente no dijo nada.
El viento era ahora un poco más cruel.
La entrada al parque tenía una zona de descanso con unos juegos para niños. Parecía una plaza. Los juegos eran de madera, muy diferentes a los que uno ve en las plazas de Buenos Aires y pasaron buen rato sentados en unos de los bancos que había allí, jugando con la idea de jugar. Pero no, alguien apareció en la entrada y decidieron empezar el trekking propiamente dicho.
Esta persona era una encargada de limpieza que les indicó dónde ir a buscar información.
Dentro de la oficina de informes había un par de fósiles, un empleado con pocas ganas de trabajar y una cabeza de Condorito medio destruida que descansaba sobre una banqueta detrás del mostrador. Sky High le sacó una foto porque de chica había leído mucho a Condorito y como sonrió al hacer la asociación de “parque de cóndores” + “Condorito”, le explicó al americano quién era ese personaje.
Había dos caminos. Uno largo y otro corto. Uno con una vista buenísima según el guardaparques, el otro con una vista buena.
Mapa en mano y con poco tiempo que perder, emprendieron el viaje por el camino más corto.
Mientras andaban, creo que hubo conversaciones sobre la cena, la Navidad, el menú. Todo muy ameno hasta que llegaron a un cartel que decía:

“Usted se encuentra en hábitat de Pumas y Yararás. En caso de un encuentro, por favor siga las instrucciones siguientes:

En caso de puma: Bla bla bla
En caso de ser mordido por una yarará: Bla bla bla

Fin”.

Entonces, con un cierto miedo en la sangre, continuaron en camino. Hicieron algunas bromas al respecto, pero en el fondo, los dos tenían un poco de miedo. Incluso, como parte de la broma, pero con la quasiseguridad que eso les otorgaba, caminaron un largo trecho con piedras en sendas manos. Una de las instrucciones para espantar un puma eran:

“No corra. Tome inmediatamente a los niños pequeños en brazos. Trate de aparentar ser más grande de lo que es. Eleve los brazos”.

Entre risas y seriedades, llegaron al acuerdo de que el americano acabaría en los hombros de Sky High agitando los brazos para espantar al enemigo. De todos modos, las risotadas de ella serían antídoto suficiente.

Así siguieron un poco más, complotando contra alimañas posibles, hasta que se dieron cuenta que en algún momento habían perdido el camino, porque este terminaba abruptamente y no había ni acantilado ni valle ni cóndores a la vista.

En el trayecto, les había parecido más fascinante un zurco en el pasto que habían hecho unas trabajadoras hormigas que los cóndores. Sacaron varias fotos de esto y volvieron.

Así, se encontraron a eso de las cinco de la tarde, en la ruta, esperando al micro que pasara por allí y los llevara de vuelta a Mina Clavero, la ciudad. Ahí fue dónde vieron al único cóndor que vieron. Uno bebé que se paró en una parecita al otro lado de la ruta. También sacaron fotos.

Un micro pasó, y también pasó otro. Pero no pararon. Sky High y el Obnoxious American quedaron un rato más al costado de la ruta esperando hasta que uno se dignó a parar.

Volvieron al hostel e hicieron las compras para la cena. El menú: Pizza a la parrilla amasada por Sky High y cocinada por “los hombres” que hicieron el fuego. La Cheta de Ramos no hizo más que entorpecer.

viernes, 1 de junio de 2012

La Mina de la Loca, Parte IV


24 diciembre de 2011
Mina Clavero, Córdoba

¿Y ahora qué? ¡Ahora a jugar a los detectives! Dos adultos sin supervisión de un niño, se dispusieron a revisar el hostel, bah, la casa. Era una casa transformada en hostel, entonces las habitaciones eran más cuartos que otra cosa. Y todo sonaba muy misterioso y divertido.
No encontraron nada misterioso pero sí fue divertido. Unas carcajadas llegaron al cielo de Mina Clavero. En especial, cuando estaban ya a punto de entrar a un cuarto que estaba cerrado con llave (pero que la habían encontrado por ahí) y llegó Juan. Ellos casi con la llave en la cerradura y la puerta de adelante hizo un “clac” y unas llaves hicieron “clac clac” y cual película de terror, el picaporte empezó a girar. La adrenalina de la travesura les dio velocidad de reacción para poner cara de “yo no fui” enseguida y actuar normalmente ante el extraño.
-¿Hola?
-Hola, chicos. Soy el sereno –(¿qué, había sereno?)-.
-Hola.
-¿Celeste no les avisó que vendría?
-No.
-Ah, bueno. Trabajo de noche acá a cambio de una habitación. Duermo en la chiquita del fondo. Ella sí me avisó que estaban. Cualquier cosa me avisan. Me voy a bañar. Trabajo también en un bar en la calle principal. ¿Qué hacen mañana a la noche para Navidad?
-Nada, ni idea –(tenían una idea, pero se las cuento después)-.
-Bueno, voy a estar acá. Cenamos los tres y nos vamos al bar que trabajo.
-Sounds great, man. Grasssiasss.
Y así, sin más, como vino, se fue. Pero falta decir una cosa. Antes de que llegara Juan habían encontrado algo. Así que cuando el sereno se fue, corrieron a buscarlo. Era un papel que tenía pinta de oficial, como un documento importante. Y lo era. Del poder judicial. En breve, decía que Celeste debía presentarse a una audiencia para establecer un tratamiento psicológico de pareja para solucionar los problemas que tenía con el novio. Vaya, sí que era importante. Resulta que Celeste tenía novio (el padre del hijo) y no se llevaban muy bien. Hasta había habido quejas de los vecinos por los gritos y los ceniceros revoleados por ahí. Celeste sin dudas tenía problemas.
-Che, ¿qué onda que Celeste se fue y nos dejó solos en el hostel?
-Celeste no está bien –contestó Juan-. Necesita descansar y acomodar un poco los pensamientos.
-Pero, ¿no le preocupa el lugar? Digo, nos dejó solos.
-Sí, confió en que yo vendría. No le interesa mucho el negocio. Lo alquiló con el novio y bueno, surgieron unos problemas.
En fin, esa era la historia de Celeste. Es más, en verdad necesitaba el descanso, porque cuando volvió del fin de semana de Navidad, tenía mucha mejor cara.
Ya con la calma de las dudas resueltas y el hostel para ellos solos, se llevaron la tecnología al patio para poner música y ver videos en youTube, destaparon unas cervezas y disfrutaron la noche estrellada. Hasta el destino les regaló unos fuegos artificiales sorprendentes. Aunque lo más sorprendente era que no se debían a la Navidad, sino al casamiento de la hija del intendente.
Pero no importó la razón. Los colores en el cielo fueron un hermoso cierre del día prenavideño.

La Mina de la Loca, Parte III


Unos días antes de Navidad de 2011
Mina Clavero, Córdoba.

Los días aparecían prolijamente uno detrás del otro, como ladrillos que formaban un camino hacia, ¿hacia? No sé. Solo venían, se acomodaban y marcaban una dirección. Todo en una continuidad obvia y conocida, sin desafiar ninguna ley física ni universal. Simplemente, como siempre, cada nuevo día, salía el sol. Y era un nuevo día.
La vida en el hostel de Mina Clavero seguía su curso tranquilo. Unos días de mates, de río. Simple.
Una mañana cualquiera, Sky High recibió uno de esos mails que todos quieren recibir, pero en el momento menos indicado. El mail decía más o menos así:
"Vimos tu currículum en (...)  y nos gustaría que trabajes para nosotros. Somos una empresa de subtitulado y quisiéramos presentarte nuestro software y bla bla bla".
O sea, de pronto, tenía una oferta de trabajo, con una prueba de traducción de dos minutos, con un soft nuevo para ella (que tenía que descargar) y ¡estaba en Mina Clavero! Inmediatamente el ritmo tranquilo se convirtió en expeditivo y laboral. Sky High llevó la compu al salón común del hostel, que en este caso era una sala muy acogedora y familiar con unas ventanas enormes que daban a la calle y dejaban entrar el sol, y se puso a trabajar. El Obnoxious American, en una actitud nada obnoxious se dispuso a preparar mate (cosa que aprendió a hacer bastante bien) y a hacerle silenciosa compañía mientras ella tipeaba.
Esa tarde, mientras estaban en la sala, vieron pasar a Celeste varias veces y tuvieron tiempo de analizarla un poco más. Era una chica joven, bastante, súper mega flaca y con carita de perro asustado todo el tiempo. Suponían que si se relajaba un poco sería bella, pero los ojos asustados y abiertos como platos le daban un tinte de loca. Parecía amable en sus palabras, pero las formas denotaban una cierta molestia, como si los pasajeros del hostel la incomodaran.
Y eso que no había tantos. Sin contar a Sky High y al Obnoxious American, habían visto a cuatro personas más en ese hostel. Un par de amigas y una pareja de novios. Nadie más. Es más, un día antes de Navidad, Celeste se acercó a Sky High y ésta es la conversación que tuvieron en el patio:
-Se tienen que ir. El hostel cierra para Navidad. Yo me voy.
-Pero, pero... ¿Cómo no nos avisaste antes? ¿Dónde vamos ahora?
-Bueno, dejá. Ustedes pueden quedarse. Pero te aclaro que yo no voy a estar y que no habrá servicio de limpieza por el fin de semana.
-Okay.
Sky High, con el asombro en los ojos, le contó la conversación al norteamericano. Ninguno de los dos se preocupó por el servicio de limpieza, ya que nunca antes habían visto a nadie limpiando. Es decir, no cambiaba nada en nada. Solo que Celeste no estaría (como si al estar produjera algún cambio en especial)
Cuando salieron de la habitación un rato después, se dieron cuenta de que ya no quedaba nadie en el hostel: Ni Celeste, ni su hijo (porque luego descubrieron que era hijo de ella), ni su amiga, ni la pareja, ni las amigas. Eran solo ellos dos y el perro. Pero no por mucho rato, porque al rato, sonó el timbre.
-Hola, soy la suegra de Celeste. Vengo a buscar al perro para que pase Navidad con nosotros.
-Este... bueno.... pero....
-¡Romero! Vení...
Y así fue como se quedaron solos, absolutamente solos, sin siquiera un perro que les moviera la cola, el día antes de Navidad.

Minirrelato V

Y cómo le gustó tanto, tanto hacer y tomar mate, se merecía un mate.
No uno nuevo, uno con antecedentes.

No puedo aceptarlo.
No. No.
Si no lo agarrás en treinta segundos me ofendo.
Te doy mi mate como muestra de nuestra amistad, para que me recuerdes siempre.
Y para que sigas tomando mate como corresponde.
Gracias.
Eso sí, la bombilla te la conseguís vos.

martes, 24 de abril de 2012

La Mina de la Loca, Parte II

Días siguientes de diciembre, de 2011
Mina Clavero, Córdoba

Después de tal conversación, comenzaron a sospechar que la atención sería en este hostel, al menos, y por definirla de algún modo, rara y relajada.
La habitación era bonita. Sencilla, pero bonita. Tenía un escritorio que Sky High pensó que usaría para trabajar, cosa que, al final, no lo hizo en todos los días que estuvieron allí. El baño parecía ser cómodo.
La casa en general, porque era una casa reformada, era hermosa. Uno podía imaginarse, al poner un pie allí, viviendo una vida tranquila en esa morada con hogar a leña y todo. Con perro guardián de tamaño acorde y todo. Ramón se llamaba la bestia, porque era una bestia, pero una bestia hermosa. El pelaje negro lo hacía ver maligno, pero ante la primera interacción, uno podía comprobar que era un perro súper manso, súper dócil, de esos que uno tiene ganas de tener en los pies de la cama un día de invierno.
Una vez que inspeccionaron la habitación y arrojaron las cosas sin mirar muy bien dónde caían, se fueron a la cocina a ver qué hacían de comer. Para llegar ahí había que atravesar un patio, una especie de fondo, que tenía pasto, una hamaca paraguaya, unas mesas con sillas, todo muy acogedor. Todo gritaba "compremos cerveza y quedémonos hasta las tres de la mañana fumando y charlando". Cosa que hicieron, otro día. Esta noche, solo tocaba comer algo y dormir. Pero la cocina estaba ocupada. Estaba Celeste, una amiga y un niño, de unos cuatro años, que era claramente el hijo de una de ellas. Parecían estar interrumpiendo una escena muy familiar, así que hicieron la cena rápido y se fueron a la habitación.
Enseguida la conversación de sobremesa se dirigió al trío que habitaba en la casa. ¿No eran ambas demasiado jóvenes para tener un hijo? Ninguna de las dos superaba los 20. ¿Qué relación había entre ellas? Nadie con pinta de responsable apareció en el hostel. ¿Celeste era la empleada a cargo? ¿Era la dueña? No, claro. Sería la hija del dueño.
Entre charlas, música, puchos y demases, terminó el día.
A la mañana siguiente, se dispusieron a pasear por allí, no sin antes tomar unos mates en el patio. Hicieron unas compras de provisiones, armaron el equipo de mate y se fueron al río. Los días siguientes, y en verdad, todos los días que pasaron en Mina Clavero, repitieron esa rutina, con algunas modificaciones. A veces iba a un río, otras a otro, a veces temprano, a veces tarde. A veces desayunaban mate, otras café con leche.
La realidad era que hacía varios días que viajaban juntos, entre Mendoza, Chile, ahora Córdoba, entonces ya se conocían los tiempos de cada uno, los gustos, y como varios eran iguales, las actividades de los días danzaban una música al unísono, todo resultaba cómodo, familiar, ameno. Decidir qué hacer no era nunca un problema y las horas pasaban rápidas y tranquilas entre ellos.
Tuvieron algún problemilla mínimo que otro, y nunca era por ellos mismos. Uno de ellos sucedió una tarde, cuando regresaban de un paseo. Tocaron el timbre de la puerta principal y nada. Nadie les vino a abrir. Por un rato largo. Mientras esperaban que alguien les abriera, recordaron la única referencia que alguien había dejado del hostel en la página web de Hostelling International. Teniendo en cuenta mi paupérrima memoria y lo que quedó "lost in translation" el comentario decía más o menos así:
El hostel es un lugar hermoso, pero la administradora debería hacerse cargo mejor de sus pasajeros. Cuando llegué, estuve en la puerta dos horas sin que nadie me abriera. No puede ser que uno llegue y no haya nadie para recibirlo. Una vergüenza.
En su momento, no le dimos importancia. Era un solo comentario de una chica alemana y ambos, una latina y un yanki, desestimamos la queja. Después de todo, los alemanes son demasiado puntuales y quisquillosos.
Pero ahora, en la puerta del hostel sin poder entrar, todo tomó otro color. Por suerte, al rato, llegó Celeste y les abrió. Sin dar explicaciones ni pedir disculpas. Todo cada vez más raro.





miércoles, 18 de abril de 2012

La Mina de la Loca, Parte I

19 de diciembre de 2011
Córdoba Capital - Mina Clavero

Entonces se hicieron eso de las seis. Sky High se había convencido de que no podría bajar el archivo que necesitaba para trabajar, así que solo les quedó armar las mochilas y partir. Se acercaba la hora de la partida del micro pero en pos de seguir ahorrando y viviendo al estilo "hippielike" decidieron caminar las doce cuadras que los separaban de la terminal de ómnibus.
Entre el peso de las mochilas (cargaban dos cada uno) más la poca movilidad que tenían por esa exacta misma razón, navegar por las calles de Córdoba Capital inundadas de gente no era tarea fácil. Había de todo, estudiantes, oficinistas, amas de casa en busca de precios. Todos en un apuro normal, de vida normal. Pero ellos estaban de vacaciones y con carga, entonces iban a destiempo del resto.
Lentos pero con un cierto ritmo, se movían entre la multitud y avanzaban siguiendo el estratégico plan de cuidarse las espaldas y las mochilas. Quien iba detrás cuidaba el equipaje del de adelante.
-I've got you covered. Go!
Esas doce cuadras a pie fueron una despedida de los lugares que habían visitado los pasados dos días y los mismos de los que ahora querían escapar en busca de paz y mates y río y sol y más paz. El museo, la plaza, el negocio de tatuajes. Habían pasado de casualidad y allí la vieron: la imagen de la bailarina hawaiana tan horrible que el Obnoxious American tenía tatuada en la pierna y que al fin de cuentas sí tenía una historia detrás. Él se había emocionado bastante al ver su diseño, casi igual al diseño que su padre tenía tatuado en la pierna también. ¿O era en el brazo? ¿O el pecho? A los fines del relato, poco importa. Además, no me acuerdo. El diseño era casi igual porque el dibujo del padre mostraba los pechos de la mujer y el Obnoxious American, cuidando de la inocencia de sus sobrinos, se los había hecho tapar con el collar de flores que la bailarina llevaba en el cuello. Habían entrado al negocio para averiguar sobre piercings de ombligo para Sky High, y ahí la vieron, la Sailor Jerry dancer, en un cuadro, en la otra punta del continente. Al fin, foto y un "te la mando por mail", fue lo único que hicieron allí.
Entonces, transpirados, cansados y como siempre, emocionados por conocer un nuevo destino, llegaron a la terminal de micros. Enseguida encontraron la boletería para comprar los pasajes.
-Sale en media hora. Lo esperan por allá. Sale de cualquier plataforma.
La peor pesadilla del Obnoxious American y una pesadilla tamaño normal para Sky High. El temor de buscar el lugar correcto en su máxima potencia. "Para allá" no parecía ser una indicación muy precisa. Por suerte, cuando llegaron al lugar indicado, vieron que solo había cinco o seis plataformas. Nada que no pudieran manejar.
Esperaron un rato y el micro no venía. Sky High, como de costumbre, se le ocurrió la fantástica idea de tener ganas de hacer pis. Como si, al liberarse del estrés de encontrar la plataforma correcta a tiempo, necesitara otra emoción pre-embarque. Así que salió corriendo ante la atónita e incrédula mirada del americano que quedó a cargo de los bolsos y de detener al micro en caso de que ella tardara demasiado. Sky High, por su parte, sentía la adrenalina de correr con todo lo que le daban las patas para encontrar otro baño (el primero que vio estaba cerrado con llave), hacer lo suyo y volver. Por suerte, lo logró, con tiempo de sobra para fumarse un cigarrillo antes de subir al micro.
El viaje hasta Mina Clavero tardó más de lo que suponía. Todavía no había aprendido que las distancias en las sierras y cerros no se miden en kilómetros sino en tiempo. No es lo mismo 144 kilómetros en ruta recta que 144 kilómetros con tres mil quinientas curvas. Tardaron varias horas en llegar, de hecho, ya era de noche cuando el micro estacionó en la terminal.
Sky High durmió todo el viaje, como siempre, pero antes de caer en las redes del sueño pudo disfrutar de las bellezas del paisaje cordobés. Las mil quinientas curvas, por suerte, no le dieron náuseas, el temor más architemido por ella, pero sí le mostraron verdes vistas y horizontes de cuento. Entonces, cuando llegaron, se sacó las lagañas de los ojos y las pesadillas de la mente y salieron en busca del hostel que habían reservado.
Según las indicaciones de alguien, dos cuadras para allá y en la esquina de la estación de servicio a la izquierda. Las indicaciones fueron correctas, puesto que allí encontraron el hostel. Lo que no les fue indicado fue cómo lograr que les abran la puerta después de tocar el timbre una y otra vez.
Varios minutos de duda al estilo WTF? precedieron la apertura de la puerta en manos de Celeste Cid (no era parecida físicamente, pero sí la onda).
-¿Celeste?
-Sí.
-Hablamos por teléfono hace un rato. Te hice una reserva desde Córdoba capital.
-Ah... sí... bueno. Pasen... pasen por acá.
-¿Necesitás el DNI para hacer el check-in?
-No. Lo hacemos mañana. No tengo lapicera.



viernes, 30 de marzo de 2012

Vacaciones de las vacaciones, Reloaded, Parte II

19 de diciembre de 2011
Córdoba Capital

El siguiente día en Córdoba también fue de paseos y mates, como lo serían los varios días siguientes. Los primero mates fueron en un parque, creo recordar uno muy importante y muy grande, pero estoy segura de no recordar el nombre. Lo que sí tengo grabado en la mente es la imagen del Obnoxious American y Sky High sentados en un flaco y pobre pasto, tomando unos verdes y charlando de la vida mientras unos patos nadando en agua sucia fueron testigos de cómo se arreglaba el mundo, cómo ser mejores personas y algunas diferencias culturales y de idiomas presentes en la charla.
El plan para los siguientes días era ir a Mina Clavero a pasar una semana de vida tranquila y una Navidad bastante especial para los dos. Según las recomendaciones de la parejita de San Juan y la agente de turismo, Cura Brochero estaba muy cerca y Nono también y eran dignos de visitar. Así que tuvieron la genial, fantástica y tardía idea de pasar esa semana en un camping. Era una buenísima idea con un leve inconveniente: ninguno de los dos tenía carpa. Así que después de debatirlo durante unos minutos, decidieron que si encontraban una carpa barata la comprarían y se darían el gusto.
Un par de intentos en negocios del centro les abofeteó la realidad sin piedad: las carpas eran demasiado caras y no valía la pena comprar una. Pero Sky High no se daría por vencida. Averiguaron dónde había un Carrefour y pusieron todas sus esperanzas en eso. La carpa no la compraron, pero se ligaron una buena caminata recorriendo la ciudad y hasta llegaron a conocer un shopping mall que había en el super.
Se quedaron una noche más en Córdoba porque Sky High tenía que trabajar y no confiaba en la conexión a Internet disponible en Mina Clavero y además, no habían conseguido averiguar los pasajes a tiempo.
La tarde siguiente, la última en Córdoba Capital, recorrieron y se rieron mucho en un museo, y se arrepintieron de no llevar escondida una cámara de fotos. Las cosas expuestas eran hilarantes.
Alrededor de las seis partieron para Mina Clavero y para una nueva extraña aventura.




lunes, 26 de marzo de 2012

Vacaciones de las vacaciones, Reloaded, Parte I

18 de diciembre de 2011
Córdoba Capital

Después de viajar durante la noche, Sky High llegó a la terminal de Córdoba a eso de las siete de la mañana y se arrepintió de hacerlo levantar tan temprano al Obnoxious American y obligarlo a ir hasta la terminal. Sabía en qué hostel se estaba hospedando así que podría haber planeado mejor su sorpresa y esperarlo con unos mates listos en el comedor para darle la sorpresa/susto de su vida, o sin ser tan pretenciosa, la sorpresa/susto de sus vacaciones.
Estaba ahora en la terminal, con la sospecha firme de que él sabía perfectamente de qué se trataba el paquete y con el amargo sabor en la boca de confirmar que era malísima para las sorpresas.
Apenas llegó, le envió un mensaje que decía:
"Empresa Andesmar, plataforma 7".
Fue hasta la ventanilla de venta de pasajes de la empresa y le dejó una nota ya sin esperanzas de seguir con el jueguito:
"Went outside for a smoke. Meet me at platform 7. SH."
Y así fue como él la encontró. Sentada en los bancos de material, jugando con el celular para hacer tiempo y disimular los nervios de la anticipación, y un cigarrillo a medio terminar. El abrazo fue sentido y familiar.
Salieron de la terminal caminando tranquilos. No tenían planes, era muy temprano a la mañana y sentían la comodidad de estar con alguien conocido. Tenían todo el tiempo del mundo y toda Córdoba a sus pies.
Mientras iban de camino en busca de algún lugar abierto para desayunar, el Obnoxious American le confesó a Sky High que sabía perfectamente cual era "el paquete" que tenía que ir a buscar. Le dijo que era malísima para planear sorpresas y que se había dado cuenta al instante. Chocolate por la noticia. Aún así, cuando llegaron a la puerta del hostel después de un sustancioso desayuno de café doble, tres medialunas, y muchas historias que contar de ambos lados, él le dio un abrazo más, esta vez, con la emoción sin nervios y la calidez de un amigo.
"Sabía que eras vos las que venía, pero ahora te veo y no puedo creer que estás acá".
Primero que nada, decidieron quedarse una noche más en Córdoba Capital para planear el destino para los días siguientes.
Ya acomodados, almorzaron en la terraza del hostel unos sándwiches horribles. Estaban tan agobiados del calor como ellos porque venían desde San Juan en la mochila de Sky High, pero les llenaron la panza y fue suficiente. Si había algo que caracterizaba sus viajes juntos era el poco dinero que gastaban y el gran provecho que sacaban de él.
Se tomaron el día para pasear. Vieron una banda de rock'nroll tocando en vivo en la Municipalidad y averiguaron en la oficina de turismo los datos necesarios para dar el siguiente paso. Las horas pasaban cómodas, sin apuro, sin pausa.
Caminaron hasta la plaza principal, o una plaza muy grande, donde había un enorme y horrible árbol de Navidad como decoración, rodeado de paquetes. Tomaron ahí tres mates y se largó a llover. Bah, unas gotas cayeron, unas pocas, pero las suficientes como para hacerlos abandonar el picnic y caminar de regreso al hostel.
La terraza del lugar fue otra vez testigo de su relajo, pero esta vez compartieron su Fernet con un australiano que había conocido el Americano unos días antes. El hombre hablaba tan rápida y atolondradamente que Sky High no logró comprender ni la mitad de lo que decía y cuando se pusieron los machos a hablar de economía, ella simplemente apagó las orejas y los dejó ser. Terminó su plato de arroz con verduras, se fumó su cigarrillo y cuando la situación comenzó a aburrirla, el Australiano decidió que dos vasos de Fernet y un plato de arroz no era lo suficientemente salvaje para sus vacaciones en Latinoamérica. Entonces se fue en busca de descontrol y aventura. Sky High y el Americano quedaron charlando hasta que el empleado del turno noche vino a cerrar la terraza y tuvieron que partir.
Así terminó el primer día de otras vacaciones dentro de las vacaciones y Sky High estaba con el alma en calma, disfrutando de la compañía y del lugar. Amaba Córdoba y sus rincones.



lunes, 19 de marzo de 2012

San Juan Reloaded, Parte III

18 de diciembre de 2011
San Juan, Capital

Al día siguiente, Sky High se levantó temprano, desayunó y salió de paseo. Había llegado el momento de seguir camino, de seguir el movimiento, pero no sabía para dónde. Pasaba ratos largos mirando mapas y opciones, pero todas tenían un pero, ninguna le cerraba el 100 por ciento de las veces.
Además, se acercaba la Navidad y para ella era una de esas fechas "ni". Había sido importante de chica, claro, como para todos los chicos. Había sido regalos, fuegos artificiales, comida rica. Unos años después, ya empezó a no gustarle tanto. Las reuniones en su casa eran de pocos asistentes, muchas peleas, y esperar a las doce para poder irse a dormir. Unos años después, era esperar a que llegaran las doce y media para que la pasara a buscar su novio e irse con él y su familia. Un tiempo después, era no tener ganas de pasarla con la familia de su novio. Luego, no tener ganas de pasar las fiestas con nadie porque una persona no estaría más a la mesa y se volvía muy evidente. Por suerte, con un niño nuevo en la familia, y un esposo menos, la Navidad pasó a tener otro sentido. Pero ahora, a muchos kilómetros de casa, la Navidad sola le caía raro al estómago. Como cuando uno come algo que le cae mal, levemente mal, molesto, incómodo.
¿Qué haría ahora? ¿A dónde iría? Había un plan lejano, un plan para la víspera de Año Nuevo, pero no quería ir tan al norte tan rápido. Sabía que quería conocer un poco más abajo antes de subir.
Una idea se empezó a formar en su cabeza. 
Mientras tanto, tomó la cartera, los anteojos de sol y los puchos y se fue a pasear por el centro de San Juan, específicamente, a la Torre de la Catedral.
Ya la había visto antes y el hecho de que sea una Catedral y que le cobraran cinco pesos por subir a la torre la había desalentado. Las iglesias no eran lo suyo y ver la ciudad desde arribita no la emocionaba demasiado. Sin embargo, ante ningún otro plan mejor, fue.
En la base se encontró con un viejito y un ascensor. El hombre trabajaba allí y sus únicas tareas eran cobrar los  cinco pesos de entrada y contarle al mundo sobre el terremoto de San Juan de 1944. Él lo había sufrido en carne propia siendo niño y relataba los hechos con un dolor curtido en la voz. Hasta había escrito un pequeño libro al respecto. En ese momento, Sky High era su contacto con el mundo exterior y así fue como ella se enteró de que el campanil de la catedral era una torre/mirador de 53 metros de altura y que el terremoto había matado a 15 mil personas.
Mientras esperaban que bajara el ascensor para poder subir, Sky High conversó con el viejito y escuchó las historias que él tenía para contar. Sky High tuvo la sensación de que no mucha gente se detenía a escucharlo y le regaló una expresión de interés y un par de preguntas puntuales. El viejito le devolvió el regalo con un relato detallado y un brillo en los ojos que denotaba emoción.
Cuando se hizo evidente que el ascensor estaba tardando demasiado, el viejito explicó la razón. Al parecer, las parejitas de adolescentes subían y dejaban la puerta del ascensor abierta para asegurarse intimidad y unos besos con paisaje. Muy romántico para unos, muy molesto para otros, como por ejemplo, para los que no tenían a nadie que besar y habían pagado para subir a ver el paisaje.
Finalmente, el ayudante del viejito subió todos los escalones hasta la cima y cerró la puerta del ascensor. Unos segundos después, Sky High estaba en camino hacia arriba.
Y obviamente, encontró a una parejita a los besos en el "Cogedero Municipal" como lo apodó mentalmente. 
Entonces, Sky High se fumó medio cigarrillo mientras sacaba dos o, como mucho, tres fotos para luego bajar enseguida.
Sentía que tenía que darle privacidad a quien la necesita y más cuando paga cinco pesos por ella.

***

Sentada bajo un árbol de la poblada plaza a los pies de la catedral y escribiendo lo que acaban de leer, la encontraron el italiano y la australiana de Valle Fértil. Él gritó su nombre y ella levantó la vista de inmediato. ¿Quién la conocía en San Juan capital? De seguro sería una tocaya. Pero no, ahí estaban, los dos recientes amantes, compañeros de viaje, mirándola con una sonrisa que decía "No puedo creer que te encontramos acá" y se fueron a festejar las casualidades de la vida con una cerveza en un bar en la peatonal del centro.
Charlaron sobre las banalidades que charlan los desconocidos que se conocen un poco y Sky High se enteró de que su perfil daba para vivir en el Chaltén. Ni idea de dónde queda ni cómo es el lugar tenía ella, pero hizo nota mental de averiguarlo, cosa que hasta el día de hoy no lo hizo, y ver si es verdad que era un lugar viable. Cuando se terminaron la cerveza y los temas de conversación, se desearon buen viaje, se prometieron hacerse amigos en Facebook y esas cosas y partieron cada uno por su lado. El italiano y la australiana seguirían viaje juntos en una minihistoria de amor pasajero que quién sabe cómo habrá terminado y Sky High partió sola a conocer la puerta de la casa de Sarmiento, aquel que nunca había faltado a clases y le había dado nombre a su escuela primaria.
Dos fotos que podrían ser tranquilamente vendidas a la editorial Santillana para la próxima edición de Historia Argentina, tercer grado, y Sky High volvió al hostel.
El lugar estaba tranquilo y ella también. En la habitación se encontró con una pareja de amigas o simplemente una pareja y conversó un rato con ellas. Una era de Córdoba y le recomendó visitar Mina Clavero, Nono, Cura Brochero, y la idea que tenía en la cabeza comenzó a tomar más y más forma.
Sacó un pasaje a Córdoba y le escribió la siguiente línea al Obnoxious American, con quien nunca había perdido contacto, por eso sabía que estaba allá. El correo electrónico decía algo más o menos así:

"Necesito que me hagas un favor. ¿Podrías retirar un paquete que le enviaré a una amiga que está en Córdoba? Ella no puede irlo a buscar a la terminal. Necesito que se lo guardes hasta que ella pueda irlo a buscar a tu hostel. Después te mando por mensaje los datos de la empresa y la hora de la encomienda. Muchas gracias".




viernes, 9 de marzo de 2012

San Juan, Reloaded, Parte II

17 de diciembre de 2011
San Juan, Capital

Sin trabajo pendiente que terminar, ni nuevos amigos de este hostel, ni muchas ganas de nada, Sky High se planteó el siguiente dilema: "¿Y ahora, pa'onde sigo?" Partes del viaje habían sido planeadas, otras partes salieron de improvisación. Ahora sin plan ni ímpetu, se encontró en San Juan, sin mucho por hacer. Antes de ponerse a pensar cuál sería su próxima provincia destino, con la Navidad pisándole los talones, decidió pasear un poco por San Juan. Después de todo, allí estaba, ¿no?
Esa mañana fue a la oficina de turismo otra vez para ver qué se podía hacer. Hubo cuatro opciones viables: La Torre de la Catedral, El Dique, la casa natal de Sarmiento y el Jardín de los Poetas.
El próximo bus al dique salía en una hora y media, una vagancia total esperar tanto. Además, se haría tremendo viaje para estar un rato y tener que volver. No tenía ni bikini, ni mate, ni música. Descartado.
Para visitar la Torre de la Catedral, tenía que volver al centro, y ese paseo lo podía combinar con la casa natal de Sarmiento al otro día.
El colectivo al Jardín de los Poetas era uno normal, de línea, que debía pasar cada 20 minutos como mucho y tenía parada justo en la puerta de la terminal. Claramente, eligió ese destino para la tarde.
Esperar el colectivo 23 era como jugar al Bingo: Venían todos los números menos el indicado. Literalmente, pasó el 21, el 20, el 24, el 25... toda la línea del veinti... pero no el 23. Finalmente, ante los incrédulos ojos de Sky High, llegó. El viaje duraba 45 minutos, según el chofer y ella aprovechó para conocer un poco más de San Juan, los alrededores de la ciudad. Y así vio, en una calle cualquiera, un lindo graffitti:
"Caminar es deletrear la eterna espalda del mundo"
De algún modo, tenía relación con el nombre elegido de este blog, y quedó pensando en eso hasta que el chofer le indicó que habían llegado a su parada.
Ella fue la única que se bajó, a pesar de que el colectivo estaba repleto de gente con bolsos, mates, pelotas, lonas y equipos de playa. Cuando puso un pie en la acera y el ómnibus se fue, se dio cuenta de que le había pifiado al destino. Debería haber seguido a la multitud... o no.
El Jardín de los Poetas era un lugar hermoso, mágico y desierto. No había nada de nadie. En unos segundos encontró la entrada y se dirigió allí, pensando que quizás, tal vez, había gente del otro lado, o más allá, o acullá. Pero no. Naides. Era extraño, de cuento, preciosamente desolado.
Un caminito recorría el parque bordeado de bustos de poetas. El juego de "A ver cuántos escritores reconozco" la dejó frustrada enseguida y lo abandonó para pasar a otros menesteres. Resulta que al final no estaba sola allí, había un cachorrito buscando agua y mimos.
Un ratito después, ya eran amigos y el cachorrito la acompañó como pudo en su paseo. Estaba muerto de sed, tanto que incluso después de haberse terminado la botella de litro de agua de Sky High, seguía con dificultades para caminar por la deshidratación. Ella no quería dejarlo solo, pero no tenía más agua y sí tenía la sensación de que no quería que le agarrara la noche allí.
Descartando la idea de sentarse a leer un rato, Sky High caminó de regreso hasta la ruta para tomar el colectivo de vuelta. Unos ciclistas profesionales pasaron. Unos ciclistas de paseo pasaron. Un auto pasó. Y se detuvo.
-¿Estás perdida?
-No, no. Gracias. Estoy esperando el colectivo.
-¿Para dónde vas?
-Al centro.
-Te llevo, ¿querés?
-No, gracias -contestó ella, luchando entre la desconfianza y la confianza en la buena voluntad de la gente-. Espero el colectivo.
-¿Querés que te deje agua? Tengo muchas botellas porque me voy para el campo y siempre tengo muchas congeladas.
-No, gracias, no se haga problema.
-Dale, piba, que hace calor.
Se bajó del auto, encaró para el baúl y sacó una botella de agua congelada. Sky High siempre malpensada, se puso en alerta. Nada pasó. Pero podría haber pasado. Pero nada pasó. El hombre se fue y ella volvió al jardín a dejarle la botella de agua al perrito. A medida que se descongelaba, le daría agua fresca para tomar. Pero el perrito no estaba.
Al subir al colectivo de vuelta, se encontró con que era el mismo conductor que la recibía con una sonrisa socarrona al buen estilo "turista, te tomaste un bondi por una hora y te volvés corriendo a la ciudad". 
En fin, así había salido el día. Un sustito con el Gauchito Gil, un compañero perruno, muchos poetas desconocidos y un viaje en colectivo por los suburbios sanjuaninos.
"Seguro que mañana será mejor", pensó al dormirse, mientras escuchaba a la parejita de mujeres que estaba en la cama cucheta de arriba hablando en susurros en una cucharita inocente.

San Juan, Reloaded, Parte I

16 de diciembre de 2011
San Juan, Capital

Por esas cosas del destino y la Internet, Sky High se tomó el micro de las 3 de la mañana que salía de Valle Fértil con destino a San Juan Capital. Su duda de por qué había un servicio a esa hora quedó resuelta al poner un pie en el ómnibus. Todos los pasajeros parecían ser pueblerinos de Valle Fértil en camino a la capital a hacer trámites, cosas de bancos, hospitales, etc. Volver a la civilización. Y eso era lo que Sky High estaba haciendo y necesitando.
Luego de un pequeño inconveniente por sobreventa de pasajes, con su debido pico de presión arterial en el cuerpo de Sky High, estaba sentada y lista para partir. En estos casos de nervios, a ella le daba por la verborragia y así fue que, sin saber cómo, se encontró charlando con su compañera de asiento.
-ah... ¿y viniste a conocer el Valle de la Luna?
-Sí, me encantó. Me enamoré de ese lugar.
-Me imagino. Es hermoso. Mi marido trabaja allí y cada vez que puede me lleva de paseo.
-Ah, no sabés cómo me gustaría trabajar ahí. Estuve charlando con Daniel y me contó que no hay guías en inglés. Como yo soy traductora, ¡hasta bromeamos con que podría tener un empleo!
-Es verdad. Fuera de broma, si te interesa, puedo hablar con mi marido. Quizás te consigue un puesto de guía en inglés.
-Uf, sería interesante -Fue lo único que pudo contestar. Demasiadas emociones juntas y sintiéndose incapaz de tomar una decisión asi-. Muchas gracias. Tengo planeado volver en unos días. Lo iré a buscar en nombre tuyo -Por supuesto, Sky High nunca, al día de hoy, volvió al Valle Fértil, pero uno nunca sabe-. Muchas gracias.
De la terminal de San Juan al hostel era camino conocido, así que solo le quedaba tiempo para preocuparse por su trabajo. Tenía que descargar un capítulo de una serie y subtitularlo para primera hora de la tarde. Eran recién las 7 am, pero igualmente era correr con el tiempo. ¿Misión imposible? Se verá.
Al llegar al viejo y amistoso hostel que la recibió cuando escapada del otro horrible, le volvió a dar la bienvenida, esta vez, salvandola de otro monstruo: La conexión fallida.
Revoleó, literalmente, revoleó la mochila en el cuarto (el mismo cuarto que hacía diez días atrás, pero esta vez sin viejito lindo) y se ubicó en el patio/escritorio.
Dos intentos fallidos y pidió auxilio a la recepcionista del hostel.
-¿Puedo intentar descargar algo en esta máquina?
-Dale.
Dos intentos fallidos más y eran las diez de la mañana. Sky High salió en busca de un locutorio. El segundo fue el Jackpot.
-Necesito descargar un archivo de 700 megas. ¿Creés que se podrá? Mirá que me viene dando error en todos lados.
-(Con cara de circunstancia) Y sí, ¡pero te va a tardar como 10 minutos! -dijo como si eso fuera algo malo.
-¡Aleluya! -gritó Sky High en su cerebro. Al empleado del cyber simplemente le agradeció-. Gracias.
Esos 10 minutos de felicidad, mientras controlaba de reojo la barra de descarga, le permitieron contestar mails,  pasear por Facebook, saltar de link en link, con toda calma.
Un ratito después, ya estaba de nuevo en el hostel, trabajando a toda prisa, pero sin mucho estrés.
Con el archivo listo y enviado, se dedicó a pasear un poco más por allí, a tomar unos mates con sanguchito en una paza, a fumar un cigarrillo en la terraza del hostel, a hacerse la cena y a irse a dormir temprano. Después de todo, había sido un día largo.

viernes, 2 de marzo de 2012

Un paso, una casa

16 de diciembre de 2011
San Juan Capital

Cada paso que doy, cada kilómetro, me lleva un año luz más lejos de casa (¿qué casa?).

No solo es la distancia recorrida, es el camino andado.

Momentos muertos del viaje, como este, de indecisión, de no tener claro para dónde ir.

Cada nuevo destino que descubro, desde que no tengo domicilio real ni fijo,
es mi nueva casa.
Una vez que memorizo
los nombres de las calles principales,
dónde están la verdulería y el cajero automático más cercanos,
ya está.

Pero claro, en este viaje, me voy de casa demasiado rápido.
Me pierdo, cambio, me transformo,
y me pregunto entonces:

¿Quién soy...
sin mis regresos volando al Asteroide a la madrugada,
saludando al Obelisco con una inclinación de cabeza?

sin subir el ascensor esperando y temiendo ver a la vieja?

sin Picco saltándome en la cabeza apenas abro un ojo
y convirtiéndose así en el despertador más dulce?

sin mis conversaciones diarias con mi Chancho favorito?

sin mis intentos de aprender a tocar la guitarra?

sin mis tarde de sábado con Jaco?

sin mis almuerzos de domingo con el viejo y el pelado?

sin mis paseos por la ciudad en bici?

sin mis miércoles, jueves, viernes, sábados de varieté?

sin mi kiosquero, mi verdulero?

sin mis tardes de siesta y Simpsons,
ni mis noches de YouTube y series?

sin mis viajes a las nubes?

Okay, plantemos ciertas banderas psicológicas:

Sigo preparando mi super café con leche de la mañana.

Sigo fumando de más.

Sigo comiendo fideos con vegetales tres veces por semana.

Sigo escuchando Pink Floyd casi diariamente.

Sigo siendo más gorda y más feliz que hace dos años.

Sigo necesitando mis momentos de soledad.

Sigo disfrutando de los momentos multitudinarios.

Sigo teniendo el mejor trabajo.

Sigo usando mis All Stars de colores varios para tapar mis pies horribles.

Sigo amando las tardes de plaza y culo'n pasto.

Sigo emocionándome cada vez que hablo de la vieja.


Al fin de cuentas, parece que la mama tenía razón.
Vaya dónde vaya,
haga lo que haga,
siempre me llevo conmigo.

Entonces, puedo decir ahora que mi casa soy yo.
Bueno, pueblo: La "casa" está en orden.


jueves, 1 de marzo de 2012

De Indios y Gringos, Parte V

16 de diciembre de 2011
Valle Fértil, San Juan

Después de varios días de bromas y complots con el Gringo para desestabilizar el berrinche del Indio, Sky High se sentía como en casa. Su conocimiento de inglés, más una renovada desinhinibición, la llevó a hacerse cargo de varios de los huéspedes del hotel que no hablaban español. Después de repetir el discurso varias veces, había aprendido los valores de las habitaciones, de las excursiones, horarios de micros y de checkouts. Así, se ganó una foto con la remera del Staff del hostel y dos noches gratis de alojamiento.
Lamentablemente por algunas razones, no pudo disfrutar del beneficio. Primero, un problema laboral. El encanto del pueblo perdido de San Juan era también su peor pesadilla. La desconexión con el mundo "real" en forma de conexión a Internet malísima le estaba trayendo problemas con el trabajo. Segundo, la extrema confianza del Gringo y su actitud de padre protector más los intentos de acercamiento del Indio estaban a punto de cruzar el límite, bastante bajo, de la tolerancia de Sky High.
Una tarde, mientras ella estaba en plena lucha para bajar un archivo de video para traducir, aparece un español, que lo llamaremos "Delospeloslotrajeron". 
*Explicación: Según él mismo, su vida era un desastre allá en el viejo continente. Se casó de apuro con una gitana de carácter firme que no aguantaba sus deslices (suponemos drogas, alcohol o mujeres) y se lo llevó de los pelos a Valle Fértil, un lugar donde "no se podía portar mal". Era piloto, educado, de un país desarrollado que sentía la discriminación del pueblerino por hablar raro y tener ideas de progreso. 
Esa tarde había estado sentado en la puerta del hostel compartiendo unas cervezas con el Indio y charlando a viva voz y riéndose a viva garganta. Sky High escuchaba las risotadas desde el comedor mientras intentaba descargar ese archivo. Cuando su mal humor no pudo más, se levantó de la silla y decidió unirse al divertido par para olvidar penas con unas Quilmes cuasifrías y charlas de bueyes perdidos.
Al salir, el Indio entró al hostel para ayudar a un pasajero y Sky High quedó sola con Delospeloslotrajeron.
-Oye, tía, que yo tengo Internet en casa. Te vienes un rato y te fijas si funciona allá. ¿Tienes laptop o usamos la mía? 
-Tengo.
-Tráela que lo vemos. Déjame que haga refill de mi vaso y busco la bici. Vivo acá a la vuelta.
La desesperación y la falsa confianza que le generaba por haberlo visto de charla con el Indio la impulsaron a aceptar y así se vio, unos minutos después, caminando hacia la casa de Delospeloslotrajeron. 
En el camino conversaron sobre el pueblo, su vida, sus hijas, sus proyectos imposibles, hasta que llegaron a una casucha que erizó los pelos de la nuca de Sky High. Supuestamente hacía dos años que vivía allí, pero ese lugar no era la casa de alguien que hace dos años que vive ahí. Era tan improvisada, estaba tan sucia y desprolija que los sensores de alerta en su cabeza se encendieron al instante.
Siguiendo el instinto, Sky High rechazó la invitación a entrar con la excusa del calor y se quedaron en la entrada intentando bajar el archivo. Gracias a Dios, dio error enseguida y ella logró regresar al hostel, sin realizar la descarga pero entera.
Al poner un pie en la recepción, el Indio y el Gringo se le vinieron encima como tornado. 
-¿Dónde fuiste con el español?
-¿Por qué te fuiste con el español?
Preguntaron casi al unísono. Sky High, incrédula, contestó:
-Me ofreció Internet. ¿Qué problema hay? -preguntó con cautela.
-Nada, ese está loco -le dijo el Gringo con tono elevado-. Se droga -agregó más en un susurro-.
En fin, ¿pueblerinos en alerta?
-Pensé que estaba todo bien. Lo vi hablando con el Indio. Supuse que si estaba todo mal, no me habría dejado ir.
-¡Te puse cara! ¡Te hice gesto! Ese no es de confiar.
-No te entendí la indirecta.
Es evidente que la confianza no es transferible.
Todos sanos y salvos, pero el archivo seguía en el aire internético y no en la computadora de Sky High.
El Gringo le ofreció visitar al hombre que tenía la bajada de Internet para todo el pueblo, pero después de enterarse que había que dejar a todo el pueblo sin conexión para tener todo el ancho de banda disponible para ella, Sky High supo que era hora de volver a la civilización.
Y así lo hizo, tomó el micro de las 3.30 de la mañana para llegar a San Juan capital a las siete y terminar al fin su trabajo.
En el tintero le quedó conocer Talampaya, pero siempre se puede volver a viajar.

sábado, 25 de febrero de 2012

De Indios y Gringos, Parte IV

13 de diciembre de 201
Valle Fértil, San Juan

-¡Hola, bienvenidos! ¿Cómo les fue?
-¡Para el orto! ¿Cómo nos mandás allá sin estar seguro si se puede hacer la excursión o no?
-Pero, pero... mirá la hora. ¡La hicieron!
-Sí, claro. Pero por la buena voluntad de un guía y el poder de persuasión del remisero. Cuando llegamos allá a las 5 de la tarde me dijeron que no se podía hacer la excursión, que era tarde, que solo hasta ayer.
-Pero porque son hincha pelotas. Yo sabía que la hacían.
-No. ¡No! Tuve que pasar un momento de mierda porque no querían llevarnos. Vos vivís acá, trabajás acá, tenés que saber. No podés mandarnos así como así y esperar que las cosas salgan bien por arte de magia. Soy una pasajera del hostel, no agente de turismo. No tengo por qué ponerme a discutir ni a pedir por favor que me hagan la gauchada de hacerme la excursión... y bla bla bla...
El intercambio de opiniones con tono elevado duró unos minutos. El Indio se disculpó, pero Sky High estaba muy convulsionada como para escucharlo. No quería pelear para no opacar la bella experiencia, pero tampoco quería dejar de decirle que así no se hacen las cosas. Con un "Bueno, está bien, dejá" dio por terminada la conversación y se fue al cuarto a dormir.
A la mañana siguiente, otro día, abrió los ojos y se encontró con una bandeja de desayuno en la cama contigua. Había café, tostadas, manteca, dulce de leche, frutas, una flor y una carta. Incrédula, tomó la nota y comenzó a leer. No sabía si sentirse halagada, largarse a reír o realmente creer lo que estar leyendo. Por cuestiones de respeto y buenas costumbres no compartiré aquí lo que decía la carta pero el tono general era de disculpas y de confesiones inapropiadas para una persona que conocía hacía dos días.
Sky High no sabía qué hacer. Como el café frío y la fruta por la mañana no era lo suyo, así como estaba, llevó la bandeja al comedor y se preparó un café nuevo que acompañó con las tostadas, la manteca y el dulce de leche. La fruta quedó abandonada para el deleite de alguien que más tarde pasó por allí y se la comió.
-¿Quién se levantó romántico hoy? -preguntó la mujer que limpiaba el hostel al ver la bandeja. Sky High contestó con una simple sonrisa breve. La mujer no preguntó más. Al parecer, a buen entendedor...
-¿Qué mierda...? -preguntó el Gringo cuando le tocó el turno de ver la bandeja. Esta vez, Sky High no sonrió. No tuvo tiempo-. Dejá, no me expliques nada. Escuché todo anoche. Lo mato.
-No, pará. Dejame hablar con él. En algún punto, está pidiendo disculpas. Es válido.
-No. Se metió en tu cuarto sin permiso para disculparse por una cagada que se mandó muchas veces. Lo voy a agarrar yo.
-Bueno, hacé lo que quieras. Pero dejame hablar con él primero.
El Indio no asomó la nariz hasta pasado el mediodía. Con un tono firme y de reto, Sky High explicó sus razones y lo disculpó. Para ella, asunto terminado. Para el Indio, no. Durante un par de días no le dirigió la palabra más que para alguna que otra boludez. El Gringo hizo lo suyo y también dejó el tema atrás. El Indio, no. Sufría de un ataque de berrinche. Entonces ellos hicieron lo que debían hacer. Se dedicaron los siguientes días a complotarse para gastarle bromas para distender y aflojar tensiones. Y funcionó. Poco a poco, el clima de amistosidad volvió a ser el de antes y Sky High disfrutó de su estadía en Valle Fértil entre mates y charlas con el Gringo sobre el Valle y cervezas y charlas con el Indio sobre la vida.