18 de diciembre de 2011
Córdoba Capital
Después de viajar durante la noche, Sky High llegó a la terminal de Córdoba a eso de las siete de la mañana y se arrepintió de hacerlo levantar tan temprano al Obnoxious American y obligarlo a ir hasta la terminal. Sabía en qué hostel se estaba hospedando así que podría haber planeado mejor su sorpresa y esperarlo con unos mates listos en el comedor para darle la sorpresa/susto de su vida, o sin ser tan pretenciosa, la sorpresa/susto de sus vacaciones.
Estaba ahora en la terminal, con la sospecha firme de que él sabía perfectamente de qué se trataba el paquete y con el amargo sabor en la boca de confirmar que era malísima para las sorpresas.
Apenas llegó, le envió un mensaje que decía:
"Empresa Andesmar, plataforma 7".
Fue hasta la ventanilla de venta de pasajes de la empresa y le dejó una nota ya sin esperanzas de seguir con el jueguito:
"Went outside for a smoke. Meet me at platform 7. SH."
Y así fue como él la encontró. Sentada en los bancos de material, jugando con el celular para hacer tiempo y disimular los nervios de la anticipación, y un cigarrillo a medio terminar. El abrazo fue sentido y familiar.
Salieron de la terminal caminando tranquilos. No tenían planes, era muy temprano a la mañana y sentían la comodidad de estar con alguien conocido. Tenían todo el tiempo del mundo y toda Córdoba a sus pies.
Mientras iban de camino en busca de algún lugar abierto para desayunar, el Obnoxious American le confesó a Sky High que sabía perfectamente cual era "el paquete" que tenía que ir a buscar. Le dijo que era malísima para planear sorpresas y que se había dado cuenta al instante. Chocolate por la noticia. Aún así, cuando llegaron a la puerta del hostel después de un sustancioso desayuno de café doble, tres medialunas, y muchas historias que contar de ambos lados, él le dio un abrazo más, esta vez, con la emoción sin nervios y la calidez de un amigo.
"Sabía que eras vos las que venía, pero ahora te veo y no puedo creer que estás acá".
Primero que nada, decidieron quedarse una noche más en Córdoba Capital para planear el destino para los días siguientes.
Ya acomodados, almorzaron en la terraza del hostel unos sándwiches horribles. Estaban tan agobiados del calor como ellos porque venían desde San Juan en la mochila de Sky High, pero les llenaron la panza y fue suficiente. Si había algo que caracterizaba sus viajes juntos era el poco dinero que gastaban y el gran provecho que sacaban de él.
Se tomaron el día para pasear. Vieron una banda de rock'nroll tocando en vivo en la Municipalidad y averiguaron en la oficina de turismo los datos necesarios para dar el siguiente paso. Las horas pasaban cómodas, sin apuro, sin pausa.
Caminaron hasta la plaza principal, o una plaza muy grande, donde había un enorme y horrible árbol de Navidad como decoración, rodeado de paquetes. Tomaron ahí tres mates y se largó a llover. Bah, unas gotas cayeron, unas pocas, pero las suficientes como para hacerlos abandonar el picnic y caminar de regreso al hostel.
La terraza del lugar fue otra vez testigo de su relajo, pero esta vez compartieron su Fernet con un australiano que había conocido el Americano unos días antes. El hombre hablaba tan rápida y atolondradamente que Sky High no logró comprender ni la mitad de lo que decía y cuando se pusieron los machos a hablar de economía, ella simplemente apagó las orejas y los dejó ser. Terminó su plato de arroz con verduras, se fumó su cigarrillo y cuando la situación comenzó a aburrirla, el Australiano decidió que dos vasos de Fernet y un plato de arroz no era lo suficientemente salvaje para sus vacaciones en Latinoamérica. Entonces se fue en busca de descontrol y aventura. Sky High y el Americano quedaron charlando hasta que el empleado del turno noche vino a cerrar la terraza y tuvieron que partir.
Así terminó el primer día de otras vacaciones dentro de las vacaciones y Sky High estaba con el alma en calma, disfrutando de la compañía y del lugar. Amaba Córdoba y sus rincones.
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