sábado, 25 de febrero de 2012

De Indios y Gringos, Parte IV

13 de diciembre de 201
Valle Fértil, San Juan

-¡Hola, bienvenidos! ¿Cómo les fue?
-¡Para el orto! ¿Cómo nos mandás allá sin estar seguro si se puede hacer la excursión o no?
-Pero, pero... mirá la hora. ¡La hicieron!
-Sí, claro. Pero por la buena voluntad de un guía y el poder de persuasión del remisero. Cuando llegamos allá a las 5 de la tarde me dijeron que no se podía hacer la excursión, que era tarde, que solo hasta ayer.
-Pero porque son hincha pelotas. Yo sabía que la hacían.
-No. ¡No! Tuve que pasar un momento de mierda porque no querían llevarnos. Vos vivís acá, trabajás acá, tenés que saber. No podés mandarnos así como así y esperar que las cosas salgan bien por arte de magia. Soy una pasajera del hostel, no agente de turismo. No tengo por qué ponerme a discutir ni a pedir por favor que me hagan la gauchada de hacerme la excursión... y bla bla bla...
El intercambio de opiniones con tono elevado duró unos minutos. El Indio se disculpó, pero Sky High estaba muy convulsionada como para escucharlo. No quería pelear para no opacar la bella experiencia, pero tampoco quería dejar de decirle que así no se hacen las cosas. Con un "Bueno, está bien, dejá" dio por terminada la conversación y se fue al cuarto a dormir.
A la mañana siguiente, otro día, abrió los ojos y se encontró con una bandeja de desayuno en la cama contigua. Había café, tostadas, manteca, dulce de leche, frutas, una flor y una carta. Incrédula, tomó la nota y comenzó a leer. No sabía si sentirse halagada, largarse a reír o realmente creer lo que estar leyendo. Por cuestiones de respeto y buenas costumbres no compartiré aquí lo que decía la carta pero el tono general era de disculpas y de confesiones inapropiadas para una persona que conocía hacía dos días.
Sky High no sabía qué hacer. Como el café frío y la fruta por la mañana no era lo suyo, así como estaba, llevó la bandeja al comedor y se preparó un café nuevo que acompañó con las tostadas, la manteca y el dulce de leche. La fruta quedó abandonada para el deleite de alguien que más tarde pasó por allí y se la comió.
-¿Quién se levantó romántico hoy? -preguntó la mujer que limpiaba el hostel al ver la bandeja. Sky High contestó con una simple sonrisa breve. La mujer no preguntó más. Al parecer, a buen entendedor...
-¿Qué mierda...? -preguntó el Gringo cuando le tocó el turno de ver la bandeja. Esta vez, Sky High no sonrió. No tuvo tiempo-. Dejá, no me expliques nada. Escuché todo anoche. Lo mato.
-No, pará. Dejame hablar con él. En algún punto, está pidiendo disculpas. Es válido.
-No. Se metió en tu cuarto sin permiso para disculparse por una cagada que se mandó muchas veces. Lo voy a agarrar yo.
-Bueno, hacé lo que quieras. Pero dejame hablar con él primero.
El Indio no asomó la nariz hasta pasado el mediodía. Con un tono firme y de reto, Sky High explicó sus razones y lo disculpó. Para ella, asunto terminado. Para el Indio, no. Durante un par de días no le dirigió la palabra más que para alguna que otra boludez. El Gringo hizo lo suyo y también dejó el tema atrás. El Indio, no. Sufría de un ataque de berrinche. Entonces ellos hicieron lo que debían hacer. Se dedicaron los siguientes días a complotarse para gastarle bromas para distender y aflojar tensiones. Y funcionó. Poco a poco, el clima de amistosidad volvió a ser el de antes y Sky High disfrutó de su estadía en Valle Fértil entre mates y charlas con el Gringo sobre el Valle y cervezas y charlas con el Indio sobre la vida.

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