viernes, 1 de junio de 2012

La Mina de la Loca, Parte IV


24 diciembre de 2011
Mina Clavero, Córdoba

¿Y ahora qué? ¡Ahora a jugar a los detectives! Dos adultos sin supervisión de un niño, se dispusieron a revisar el hostel, bah, la casa. Era una casa transformada en hostel, entonces las habitaciones eran más cuartos que otra cosa. Y todo sonaba muy misterioso y divertido.
No encontraron nada misterioso pero sí fue divertido. Unas carcajadas llegaron al cielo de Mina Clavero. En especial, cuando estaban ya a punto de entrar a un cuarto que estaba cerrado con llave (pero que la habían encontrado por ahí) y llegó Juan. Ellos casi con la llave en la cerradura y la puerta de adelante hizo un “clac” y unas llaves hicieron “clac clac” y cual película de terror, el picaporte empezó a girar. La adrenalina de la travesura les dio velocidad de reacción para poner cara de “yo no fui” enseguida y actuar normalmente ante el extraño.
-¿Hola?
-Hola, chicos. Soy el sereno –(¿qué, había sereno?)-.
-Hola.
-¿Celeste no les avisó que vendría?
-No.
-Ah, bueno. Trabajo de noche acá a cambio de una habitación. Duermo en la chiquita del fondo. Ella sí me avisó que estaban. Cualquier cosa me avisan. Me voy a bañar. Trabajo también en un bar en la calle principal. ¿Qué hacen mañana a la noche para Navidad?
-Nada, ni idea –(tenían una idea, pero se las cuento después)-.
-Bueno, voy a estar acá. Cenamos los tres y nos vamos al bar que trabajo.
-Sounds great, man. Grasssiasss.
Y así, sin más, como vino, se fue. Pero falta decir una cosa. Antes de que llegara Juan habían encontrado algo. Así que cuando el sereno se fue, corrieron a buscarlo. Era un papel que tenía pinta de oficial, como un documento importante. Y lo era. Del poder judicial. En breve, decía que Celeste debía presentarse a una audiencia para establecer un tratamiento psicológico de pareja para solucionar los problemas que tenía con el novio. Vaya, sí que era importante. Resulta que Celeste tenía novio (el padre del hijo) y no se llevaban muy bien. Hasta había habido quejas de los vecinos por los gritos y los ceniceros revoleados por ahí. Celeste sin dudas tenía problemas.
-Che, ¿qué onda que Celeste se fue y nos dejó solos en el hostel?
-Celeste no está bien –contestó Juan-. Necesita descansar y acomodar un poco los pensamientos.
-Pero, ¿no le preocupa el lugar? Digo, nos dejó solos.
-Sí, confió en que yo vendría. No le interesa mucho el negocio. Lo alquiló con el novio y bueno, surgieron unos problemas.
En fin, esa era la historia de Celeste. Es más, en verdad necesitaba el descanso, porque cuando volvió del fin de semana de Navidad, tenía mucha mejor cara.
Ya con la calma de las dudas resueltas y el hostel para ellos solos, se llevaron la tecnología al patio para poner música y ver videos en youTube, destaparon unas cervezas y disfrutaron la noche estrellada. Hasta el destino les regaló unos fuegos artificiales sorprendentes. Aunque lo más sorprendente era que no se debían a la Navidad, sino al casamiento de la hija del intendente.
Pero no importó la razón. Los colores en el cielo fueron un hermoso cierre del día prenavideño.

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