jueves, 1 de marzo de 2012

De Indios y Gringos, Parte V

16 de diciembre de 2011
Valle Fértil, San Juan

Después de varios días de bromas y complots con el Gringo para desestabilizar el berrinche del Indio, Sky High se sentía como en casa. Su conocimiento de inglés, más una renovada desinhinibición, la llevó a hacerse cargo de varios de los huéspedes del hotel que no hablaban español. Después de repetir el discurso varias veces, había aprendido los valores de las habitaciones, de las excursiones, horarios de micros y de checkouts. Así, se ganó una foto con la remera del Staff del hostel y dos noches gratis de alojamiento.
Lamentablemente por algunas razones, no pudo disfrutar del beneficio. Primero, un problema laboral. El encanto del pueblo perdido de San Juan era también su peor pesadilla. La desconexión con el mundo "real" en forma de conexión a Internet malísima le estaba trayendo problemas con el trabajo. Segundo, la extrema confianza del Gringo y su actitud de padre protector más los intentos de acercamiento del Indio estaban a punto de cruzar el límite, bastante bajo, de la tolerancia de Sky High.
Una tarde, mientras ella estaba en plena lucha para bajar un archivo de video para traducir, aparece un español, que lo llamaremos "Delospeloslotrajeron". 
*Explicación: Según él mismo, su vida era un desastre allá en el viejo continente. Se casó de apuro con una gitana de carácter firme que no aguantaba sus deslices (suponemos drogas, alcohol o mujeres) y se lo llevó de los pelos a Valle Fértil, un lugar donde "no se podía portar mal". Era piloto, educado, de un país desarrollado que sentía la discriminación del pueblerino por hablar raro y tener ideas de progreso. 
Esa tarde había estado sentado en la puerta del hostel compartiendo unas cervezas con el Indio y charlando a viva voz y riéndose a viva garganta. Sky High escuchaba las risotadas desde el comedor mientras intentaba descargar ese archivo. Cuando su mal humor no pudo más, se levantó de la silla y decidió unirse al divertido par para olvidar penas con unas Quilmes cuasifrías y charlas de bueyes perdidos.
Al salir, el Indio entró al hostel para ayudar a un pasajero y Sky High quedó sola con Delospeloslotrajeron.
-Oye, tía, que yo tengo Internet en casa. Te vienes un rato y te fijas si funciona allá. ¿Tienes laptop o usamos la mía? 
-Tengo.
-Tráela que lo vemos. Déjame que haga refill de mi vaso y busco la bici. Vivo acá a la vuelta.
La desesperación y la falsa confianza que le generaba por haberlo visto de charla con el Indio la impulsaron a aceptar y así se vio, unos minutos después, caminando hacia la casa de Delospeloslotrajeron. 
En el camino conversaron sobre el pueblo, su vida, sus hijas, sus proyectos imposibles, hasta que llegaron a una casucha que erizó los pelos de la nuca de Sky High. Supuestamente hacía dos años que vivía allí, pero ese lugar no era la casa de alguien que hace dos años que vive ahí. Era tan improvisada, estaba tan sucia y desprolija que los sensores de alerta en su cabeza se encendieron al instante.
Siguiendo el instinto, Sky High rechazó la invitación a entrar con la excusa del calor y se quedaron en la entrada intentando bajar el archivo. Gracias a Dios, dio error enseguida y ella logró regresar al hostel, sin realizar la descarga pero entera.
Al poner un pie en la recepción, el Indio y el Gringo se le vinieron encima como tornado. 
-¿Dónde fuiste con el español?
-¿Por qué te fuiste con el español?
Preguntaron casi al unísono. Sky High, incrédula, contestó:
-Me ofreció Internet. ¿Qué problema hay? -preguntó con cautela.
-Nada, ese está loco -le dijo el Gringo con tono elevado-. Se droga -agregó más en un susurro-.
En fin, ¿pueblerinos en alerta?
-Pensé que estaba todo bien. Lo vi hablando con el Indio. Supuse que si estaba todo mal, no me habría dejado ir.
-¡Te puse cara! ¡Te hice gesto! Ese no es de confiar.
-No te entendí la indirecta.
Es evidente que la confianza no es transferible.
Todos sanos y salvos, pero el archivo seguía en el aire internético y no en la computadora de Sky High.
El Gringo le ofreció visitar al hombre que tenía la bajada de Internet para todo el pueblo, pero después de enterarse que había que dejar a todo el pueblo sin conexión para tener todo el ancho de banda disponible para ella, Sky High supo que era hora de volver a la civilización.
Y así lo hizo, tomó el micro de las 3.30 de la mañana para llegar a San Juan capital a las siete y terminar al fin su trabajo.
En el tintero le quedó conocer Talampaya, pero siempre se puede volver a viajar.

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