domingo, 5 de febrero de 2012

De Indios y Gringos, Parte I

12 de diciembre de 2011
San Juan, Capital / Valle Fértil

Sky High se despertó muy temprano, otra vez, sin la ayuda del despertador ni del recepcionista. Tenía que tomar el colectivo al Valle Fértil a las 7 de la mañana y la emoción por llegar allí fue suficiente para hacerla abrir los ojos a tiempo. Había dormido muy bien. La habitación tenía aire acondicionado. Un asset muy importante en este viaje, como descubriría más adelante.
De camino a la terminal, pasó por el monumento a Rawson por quinta vez y pensó por quinta vez en sacarle una foto. Lamentablemente, por quinta vez, no lo hizo.
Llegó con tiempo de sobra así que se armó un cigarrillo y se puso a leer y a esperar.
La emoción era mucha.
Unos años, un siglo, una vida anterior sin reencarnación tradicional, "Aquel que no debe ser nombrado" le había dado una carta de amor entre la segunda y tercera hora de la mañana en  el aula de quinto segunda, último banco.
Sky High ya no recordaba qué decía esa carta, pero sí recordaba las indicaciones:
-Tenés que leerla escuchando esta canción.
Le dio un walkman luego de ubicar la cinta en la parte indicada. La canción era de Pink Floyd, del disco "The Division Bell". Así se enamoró ella de la banda musical, y ese amor duró mucho más que las promesas que en la carta había.
Se hizo fanática. Muchos años después, se corrió el rumor de que Pink Floyd vendría a la Argentina a tocar y habían elegido el Valle de la Luna para hacerlo. La banda nunca vino, pero Sky High grabó ese destino en la mente y se dijo que alguna vez en su vida iría a ver con sus propios ojos por qué habían elegido ese lugar.
Ahora, una vida después, estaba a tres horas de cumplir uno de sus aleatorios sueños.
Tenía todo planeado: Llegaría al hostel a eso del mediodía. Dejaría los bolsos, almorzaría y a las tres, partiría.
Estaba todo planeado menos la única cosa que no podía controlar: el clima. Y estaba nublado.

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