miércoles, 1 de febrero de 2012

Vacaciones de las vacaciones, Parte V

10 de diciembre de 2011
Santiago, Chile.

Se levantaron muy temprano. Muy. Se calzaron las mochilas y partieron. Solo debían pagar unas cervezas de la noche anterior para hacer el check-out y salir rápido a la terminal para volver a Mendoza.
Entre bostezos y silencios, desayunaron. Todo iba tranquilo.
Hasta que se acercaron al mostrador. No estaba Lili, la recepcionista de la noche, una simpática chilena, llena de tatuajes y amabilidades. Este pibe era un NN con mala onda. Esta fue la conversación entre el recepcionisto y Sky High.
-Listo, nos vamos. ¿Te pagamos las cervezas de ayer?
-Según el sistema, deben una noche.
-Ayer cancelamos todo con Lili. Le pagamos la noche y la lavandería.
-Pero no lo tengo en sistema.
-Pero le pagamos.
-Pero no lo tengo en sistema. No puedo dejarlos ir sin pagar esta deuda.
-Nosotros pagamos todo.
-Según el sistema no. Y tengo que poner la plata yo si no lo pagan.
-(inclinándose de manera bastante amenazante y apoyando los codos en el mostrador, con los ojos inyectados en ira soñolienta) No me interesa quién pague lo que según vos se debe. Hablá con tu compañera de la noche. Nosotros pagamos todo, menos las cervezas.
-Okay, listo. 
Con el enojo en la boca del estómago luchando con digerir el desayuno, salieron a la calle. Sky High no podía creer cómo el tipo había intentado sacarles plata. El Obnoxious American no podía creer que había vuelto a ver el animal enjaulado en el alma de ella.
Unas cuadras después, ya estaban más calmados, burlándose del recepcionisto. Tomaron el subte, mucho más lindo que los de Buenos Aires, pero mucho más caro. Bueno, ahora ya no tanto más caro. Y llegaron a la terminal para encontrarse con la agradable sorpresa de que había habido sobreventa de pasajes entonces les tocaría viajar en un micro de primera clase a precio de un comunacho. Una de cal, una de arena.
El regreso a Mendoza implicaba obviamente el paso por la frontera, con lo cual tenían que planear, otra vez, qué hacer con las malditas bananas.
Al subir al micro y regodearse con las megasúper cómodas butacas que tenían en los primeros asientos del piso de arriba, se enfrentaron con la cruda realidad de la balanza de la vida. Había una de cal, o de arena, nunca sé cuál es la buena y cuál es la mala. Había una familia de cuatro sentada detrás de ellos. Una ruidosa familia de cuatro. Unos kilómetros más adelante se dieron cuenta que eran copadísimos pero la primera impresión fue terrible.
El camino de ida había sido de noche, así que ahora tendrían la oportunidad de disfrutar el paisaje. Cosa que mucho no sucedió. Primera clase y todo, se les había roto el aire acondicionado y se derritieron de calor todo el viaje.
En algún momento antes de llegar a la frontera, el Obnoxious American fue el encargado de llevar adelante la primera parte del plan. Fue al baño y dejó las bananas escondidas en el tacho de basura, tapadas con mucho papel. Si los perros o los policías las encontraban, no había forma de saber de quién eran. Estaban a salvo. Lo peor que podía pasar era que se las confiscaran. Pero eran unas simples bananas. Nada muy grave.
Al llegar al control, no eran dos gatos locos como a la ida, así que las colas para los sellos fueron largas y aburridas. Salvo en los chistes de ocasión.
-¿Qué es ese dibujo en el cartel? ¿Qué es lo que no se puede ingresar en Argentina?
-Parece un tubo de ensayo. Dice "no semen products".
-(tentandísima de risa la madre de cuatro, a sus hijos) Chicos, ustedes son producto del semen de su padre. No pueden cruzar la frontera.
Una vez de vuelta en el micro, el conductor puso play y recomenzó la película. "El pianista". Nada apta para un viaje en micro. Con el corazón hecho un nudo por la crudeza de la trama y por otras cuestiones, Sky High decidió intentar dormir.
Su quasisueño fue interrumpido por el Obnoxious American regresando al baño a buscar las bananas.
Sky High tenía contados minutos de soledad que aprovechó para escribir una carta de despedida y esconderla en la mochila de él. 
En esos cuatro días en Chile, más los anteriores en Mendoza, se habían hecho muy amigos. Habían compartido momentos de abrir el corazón, de charlar sobre cosas importantes y no tanto, él habló de su padre, ella de su madre y los dos de sus familias. Habían reído, llorado, ¿cantado? De todo, en fin. Ella sentía que había ganado un amigo y eso era muy bello.
La carta escondida y el americano retornado con una sonrisa. Las bananas estaban allí.
Llegaron a Mendoza y Sky High corrió a la primera boletería que vio. Tenía que sacar el primer pasaje que encontrara a San Juan. El Obnoxious American se quedaba en Mendoza. Su próximo destino sería Córdoba. Iba en busca de una vieja amiga de la madre. 
Sky High regresó a donde estaba él con el pasaje en la mano. El próximo micro salía en una hora. 

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