domingo, 5 de febrero de 2012

MiniPesadilla

10 de diciembre de 2011
San Juan, Capital

Después de dos viajes difíciles y extensos e intensos en micro, Sky High llegó a San Juan. En realidad su único propósito allí era visitar el Valle de la Luna pero por una falla de cálculo de tiempos y distancias, sospechaba que sería difícil llegar esa misma noche (noche de luna llena). Eran recién las siete de la tarde. Faltaba un rato. Quizás, solo quizás...
Claro que no calculó que de San Juan Capital hasta Valle Fértil eran como 3 horas más de viaje. El alma al piso, si es físicamente posible.
Al bajar del micro, hizo lo que ya era una linda costumbre, buscó la oficina de turismo. Entró con una sonrisa cansada y esta vez se desplomó sobre la silla, por el agotamiento de los viajes, el calor, la pesadez de no poder soportar el alma en el piso por creer que no podría hacer el paseo que tanto quería.
Por suerte, la mujer de la oficina de turismo tenía muy buena onda y un evidente amor por su trabajo y su provincia. Le explicó que las excursiones al Valle de la Luna se hacían dos noches antes y dos noches después de luna llena. Tenía chance aún.
Entonces, con la respiración más calma por la calma y el aire acondicionado, recibió de buena gana las explicaciones de lo que se podía hacer ahí, qué visitar, todo.
Un rato después, llegó al hostel que había reservado por mail, caminando y aclimatándose a una nueva provincia pero solo para encontrarme con un lugar poco... poco... en fin. 
Al llegar a la esquina donde debía estar el lugar, le costó encontrarlo. Por suerte, vio enseguida el cartel de Hostelling International, lo que debía haberla tranquilizado. Sin embargo, el lugar se veía tan quieto y cerrado que no sucedió tal cosa. Una mínima puerta rodeada de dos mínimas ventanas cerradas era todo lo que había como entrada. Tocó timbre. Un hombre con aspecto de hippie venido a menos asomó la cabeza con cara de dormido. Eran ya como las siete y media, ya no era hora de siesta.
-Te abro por la otra puerta. A la vuelta.
-Bueno -se limitó a contestar ella.
A la vuelta, efectivamente había otra puerta, más acorde a la imagen mental que ella tenía de las puertas de los hostels. Un ruido de un pasador pasando y la puerta se abrió. El lugar estaba oscuro, vacío. El hippie venido a menos le hizo el checkin dándole la tranquilizante noticia de que no había lockers en la habitación. Sky High viajaba con la computadora y eso era toda su vida, su trabajo y lo más costoso que cargaba. No podía pensar en dejarla ahí, sin seguridad.
El hippie venido a menos la acompañó al subsuelo donde estaba su habitación. Un cúmulo de ocho camas cuchetas, de las cuales solo la mitad tenía colchones. Sin sábanas. Lo primero que salió a recibirla fue el olor a encierro con un dejo de insecticida. 
-Ponéte cómoda (¿cómo?) que ya te traigo las sábanas.
-Bueno.
Al quedarse sola ahí, Sky High sintió una opresión en el pecho, comúnmente llamada cagazo. Todas sus alarmas mentales, las palabras del Señor antes de salir, las noticias del noticiero, todo resonó en su cabeza junto a una frase: "Esta noche no duermo acá ni en pedo".
Salió con la excusa de comprar algo de comer y se metió en el primer locutorio que encontró. En un santiamén encontró otro hostel, a tres cuadras de ahí y se fue a visitarlo. Antes de dejar el locutorio, no pudo evitar hacer una prueba más.
-Disculpame, ¿te puedo hacer una pregunta? ¿Conocés el hostel de acá a la esquina?
-¿El Zonda? Nunca fui, pero muchos extranjeros que pasan por acá se hostedan ahí y dicen que es bueno.
-Gracias. ¿Cuánto te debo?
Con ese pequeño comentario se quedó tranquila, pero le duró muy poco. Unos pasos más y volvió a sentir el cagazo en los huesos. No estaba segura si era paranoia o realidad, pero sin importar lo que haya sido, la primera impresión del hostel había sido mala y no tenía por qué sufrir al pedo.
El otro hostel era el San Juan Hostel y la primera impresión fue mucho mejor. Era un hostel en acción.
Volvió al Zonda, agarró sus cosas, no todas lamentablemente, y rajó de ahí con la excusa de que se había encontrado con una amiga y se iba al hostel de ella.
Allí le confirmaron que aún tenía chance de hacer la excursión. El recepcionista llamó al otro hostel y reservó un lugar para ella, no para el otro día porque no había lugar, sino para el 12 de diciembre. El último día posible para hacer la excursión. No era lo óptimo, pero era lo que había.

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