jueves, 9 de febrero de 2012

De Indios y Gringos, Parte III

12 de diciembre de 2011
Valle Fértil, San Juan

El Indio y Sky High se fueron a comprar pasta y verduras. Como estaban solos para comer y gracias a la galantería del descendiente diagüita, Sky High eligió el menú. Ella cocinaba y él lavaba. Ese plato era el preferido de ella y él aceptó la sugerencia.
Fue un ameno almuerzo, de charlas y planes. Ella le contó a él los suyos. Él se los destruyó parcialmente. Estaba nublado y las excursiones no se hacían los días nublados. Al pedo. Nada se veía. Sin embargo, él le comentó que a veces, cuando esto sucede, repiten la excursión una noche más. Una tercera noche. Habría que esperar un poco más para que saliera la luna, cosa que Sky High nunca entendió del todo. Siempre había visto la luna allí, esperando que el sol se escondiera para mostrarse. Pero que "salga la luna" era algo que nunca había tenido que esperar. No importaba.
Cuando estaban terminando de almorzar apareció el Gringo, que en realidad se llamaba de otro modo, pero todos le decían así. Un hombre de unos cincuenta y largos años, servil y matero a muerte. Venía acompañado de una pareja de italianos. Al parecer, venían de una excursión que el mismo Gringo los llevó con el auto. Así como comieron, desaparecieron. Los italianos, vaya uno a saber a dónde. El Gringo a la siesta.
A las tres de la tarde llegaba el otro micro de San Juan Capital y el Indio debía ir a buscar a los posibles pasajeros como fue a buscar a Sky High. Esta vez, fueron los dos.
En el camino hacia allá, el Indio saludaba a todo santo que caminaba por ahí. Había nacido y crecido en ese pueblo antes de irse a recorrer un poco el mundo y volver a los treinta y tantos a trabajar en el hostel de su pueblo querido. Sky High, con su escepticismo, no podía dejar de notar que algunas de las personas no tenían mucha idea de a quién saludaban. Pero no se podía negar que era muy amable.
Hablaron mucho de viajes y destinos y sueños. El de Sky High era comprarse un auto, subir al perro y recorrer el mundo. Casualmente, el del Indio también.
El micro llegó lleno, pero nadie fue para Campo Base Valle Fértil, así que el par compró facturas y fue a por mates.
El Gringo se les había adelantado, entonces Sky High no necesitó preparar nada. Solo disfrutó de unos de los mates que probó en su vida. Así se enteró de que había perdido la córnea haciendo un asado, que era amigo del dueño, que no trabajaba en el hostel pero vivía ahí, que no era guía pero llevaba a gente de excursión, que era un hombre tranquilo. La adoptó como hija temporaria.
Ya a eso de las siete, cuando llegaba otro micro de San Juan, Sky High prefirió quedarse ahí charlando con el Gringo en lugar de ir con el Indio. Tenía un cierto mal humor por no poder soplar las nubes y despejar el cielo, pero la tarde con el Gringo había sido muy agradable.
Todas las fichas estaban puestas para el otro día.
Esa noche se conformó con quedarse acostada en las reposeras del patio, junto a la pileta, sacándole fotos a la luna cada vez que se asomaba entre las nubes.

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