San Juan, Capital
Ese domingo en San Juan fue para mí un día de descanso.
Físico y mental.
Un desayuno irreal charlando con un viejito de cuento de hadas.
Era francés, tenía más años que Tutankamón,
unos ojos celestes más celestes que el cielo
y una actitud de un pibe de veinte mezclada con la sabiduría de faraón egipcio.
Una mañana de trabajo y una tarde de muchas plazas
era todo lo que necesitaba para reacomodar las ideas.
Y así fue.
Y escribí, mucho. Porque, al parecer,
las plazas me inspiran.
No hay comentarios:
Publicar un comentario