sábado, 25 de febrero de 2012

El Valle de la Luna, Lado Oscuro

13 de diciembre de 2011
Valle Fértil, San Juan

Sky High, el pendejo alemán, la australiana y Fort, el italiano, se resguardaron en la recepción del Parque Nacional Ischigualasto para tomar unos mates, comer galletitas, chequear emails y Facebook, mirar la tele un rato y esperar a La Reina de la Noche.
Mucho no les duró el encierro. Fue Fort quien propuso salir a mirar las estrellas. Y fue una excelente idea. Al no haber salido la luna aún, el manto de estrellas no estaba opacado por casi ningún reflejo y Sky High sintió la maravilla del cielo en el cuerpo. Fue tan intensa la sensación que debió apartarse un poco, para que sus compañeros no vean las dos, tres, como mucho cuatro lágrimas que se le escaparon de los ojos mientras buscaba en qué estrella estaban las otras mujeres de su vida.
Se cansó de ver estrellas fugaces y creo que no pidió ningún deseo. Estaba demasiado maravillada. Así pasaron el rato, echados en el suelo, ignorando un poco el frío que sentían y, casi sin hablar, grabaron en la mente semejante imagen.
Pasaron unos minutos, o unas horas, y llegó el guía de la noche para llevarlos al paseo. Esta vez, había otro auto, entonces se subieron todos cada cual al suyo, y partieron.
El guía de la noche, Daniel, era un guía con todas las letras y las palabras. Explicó con amor las características del lugar y los llevó de caminata nocturna disfrutando él también del lugar. Realmente se sentía como caminar en la luna, cuya luz aportaba al paisaje una belleza mística. 
Sacaron fotos, recorrieron, en auto y a pie, varios lugares del Parque. 
La última parte del paseo consistía en unos 15 minutos de stop en algún lugar. El guía los dejó solos y Sky High se quiso quedar más sola aún, así que se alejó un poco y se sentó en una roca a pensar. Otra vez la asaltaron las lágrimas. El lugar estrellado era imponente, la luna era hermosa, y el cielo mágico. Pensó en la mujer más importante de su vida. La pensó allí arriba, sentada en alguna de esas estrellas, mirando hacia abajo, quizás buscándola como ella la estaba buscando ahora.
"¿Un sorbo de vino?" fue la frase con tono italiano que la devolvió a la tierra. Era Fort. Una de las recomendaciones del Indio había sido que llevaran una botella de vino al Valle. Era tradición compartirlo entre los asistentes. Sky High, sin esconder la emoción, tomó la botella, la elevó apenas un poco, dijo "Salud. Salud" y bebió un sorbo en un brindis personal y secreto. Fort, claramente comprendió que estaba de más y luego de recuperar la botella se alejó.
Al regresar, Sky High tuvo la oportunidad de conversar un rato con el guía.
-¿Viste que mal empleo que tengo? Vengo aquí, cinco noches al mes, a ver esto. No me puedo quejar.
-La verdad que no. Amaría tener un trabajo así, ¡por Dios!
-En realidad podrías. No tenemos guías en inglés. Nos arreglamos como podemos.
-Sería demasiado interesante. Amaría estar aquí más de una vez. ¡Acampar acá!
-Si querés y si te quedás unos días más en Valle Fértil, lo podés hacer. De vez en cuando se organizan trasnochadas aquí. Después te paso los datos.
Sky High sabía por alguna razón que no lo haría en este viaje, pero disfrutó pensando que ahora tenía una excusa más para volver.
Ya en el auto, de regreso, volvió a ponerse los auriculares para aislarse en una nube Floydeana, esta vez, con mucha más calma en el corazón y más alegría en el alma.

Había conocido el Valle de la Luna de noche, había brindado con su madre por los logros conseguidos y la nueva vida que estaba disfrutando, y ni siquiera había llegado a la mitad de su viaje. 

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