sábado, 25 de febrero de 2012

De Indios y Gringos, Parte IV

13 de diciembre de 201
Valle Fértil, San Juan

-¡Hola, bienvenidos! ¿Cómo les fue?
-¡Para el orto! ¿Cómo nos mandás allá sin estar seguro si se puede hacer la excursión o no?
-Pero, pero... mirá la hora. ¡La hicieron!
-Sí, claro. Pero por la buena voluntad de un guía y el poder de persuasión del remisero. Cuando llegamos allá a las 5 de la tarde me dijeron que no se podía hacer la excursión, que era tarde, que solo hasta ayer.
-Pero porque son hincha pelotas. Yo sabía que la hacían.
-No. ¡No! Tuve que pasar un momento de mierda porque no querían llevarnos. Vos vivís acá, trabajás acá, tenés que saber. No podés mandarnos así como así y esperar que las cosas salgan bien por arte de magia. Soy una pasajera del hostel, no agente de turismo. No tengo por qué ponerme a discutir ni a pedir por favor que me hagan la gauchada de hacerme la excursión... y bla bla bla...
El intercambio de opiniones con tono elevado duró unos minutos. El Indio se disculpó, pero Sky High estaba muy convulsionada como para escucharlo. No quería pelear para no opacar la bella experiencia, pero tampoco quería dejar de decirle que así no se hacen las cosas. Con un "Bueno, está bien, dejá" dio por terminada la conversación y se fue al cuarto a dormir.
A la mañana siguiente, otro día, abrió los ojos y se encontró con una bandeja de desayuno en la cama contigua. Había café, tostadas, manteca, dulce de leche, frutas, una flor y una carta. Incrédula, tomó la nota y comenzó a leer. No sabía si sentirse halagada, largarse a reír o realmente creer lo que estar leyendo. Por cuestiones de respeto y buenas costumbres no compartiré aquí lo que decía la carta pero el tono general era de disculpas y de confesiones inapropiadas para una persona que conocía hacía dos días.
Sky High no sabía qué hacer. Como el café frío y la fruta por la mañana no era lo suyo, así como estaba, llevó la bandeja al comedor y se preparó un café nuevo que acompañó con las tostadas, la manteca y el dulce de leche. La fruta quedó abandonada para el deleite de alguien que más tarde pasó por allí y se la comió.
-¿Quién se levantó romántico hoy? -preguntó la mujer que limpiaba el hostel al ver la bandeja. Sky High contestó con una simple sonrisa breve. La mujer no preguntó más. Al parecer, a buen entendedor...
-¿Qué mierda...? -preguntó el Gringo cuando le tocó el turno de ver la bandeja. Esta vez, Sky High no sonrió. No tuvo tiempo-. Dejá, no me expliques nada. Escuché todo anoche. Lo mato.
-No, pará. Dejame hablar con él. En algún punto, está pidiendo disculpas. Es válido.
-No. Se metió en tu cuarto sin permiso para disculparse por una cagada que se mandó muchas veces. Lo voy a agarrar yo.
-Bueno, hacé lo que quieras. Pero dejame hablar con él primero.
El Indio no asomó la nariz hasta pasado el mediodía. Con un tono firme y de reto, Sky High explicó sus razones y lo disculpó. Para ella, asunto terminado. Para el Indio, no. Durante un par de días no le dirigió la palabra más que para alguna que otra boludez. El Gringo hizo lo suyo y también dejó el tema atrás. El Indio, no. Sufría de un ataque de berrinche. Entonces ellos hicieron lo que debían hacer. Se dedicaron los siguientes días a complotarse para gastarle bromas para distender y aflojar tensiones. Y funcionó. Poco a poco, el clima de amistosidad volvió a ser el de antes y Sky High disfrutó de su estadía en Valle Fértil entre mates y charlas con el Gringo sobre el Valle y cervezas y charlas con el Indio sobre la vida.

El Valle de la Luna, Lado Oscuro

13 de diciembre de 2011
Valle Fértil, San Juan

Sky High, el pendejo alemán, la australiana y Fort, el italiano, se resguardaron en la recepción del Parque Nacional Ischigualasto para tomar unos mates, comer galletitas, chequear emails y Facebook, mirar la tele un rato y esperar a La Reina de la Noche.
Mucho no les duró el encierro. Fue Fort quien propuso salir a mirar las estrellas. Y fue una excelente idea. Al no haber salido la luna aún, el manto de estrellas no estaba opacado por casi ningún reflejo y Sky High sintió la maravilla del cielo en el cuerpo. Fue tan intensa la sensación que debió apartarse un poco, para que sus compañeros no vean las dos, tres, como mucho cuatro lágrimas que se le escaparon de los ojos mientras buscaba en qué estrella estaban las otras mujeres de su vida.
Se cansó de ver estrellas fugaces y creo que no pidió ningún deseo. Estaba demasiado maravillada. Así pasaron el rato, echados en el suelo, ignorando un poco el frío que sentían y, casi sin hablar, grabaron en la mente semejante imagen.
Pasaron unos minutos, o unas horas, y llegó el guía de la noche para llevarlos al paseo. Esta vez, había otro auto, entonces se subieron todos cada cual al suyo, y partieron.
El guía de la noche, Daniel, era un guía con todas las letras y las palabras. Explicó con amor las características del lugar y los llevó de caminata nocturna disfrutando él también del lugar. Realmente se sentía como caminar en la luna, cuya luz aportaba al paisaje una belleza mística. 
Sacaron fotos, recorrieron, en auto y a pie, varios lugares del Parque. 
La última parte del paseo consistía en unos 15 minutos de stop en algún lugar. El guía los dejó solos y Sky High se quiso quedar más sola aún, así que se alejó un poco y se sentó en una roca a pensar. Otra vez la asaltaron las lágrimas. El lugar estrellado era imponente, la luna era hermosa, y el cielo mágico. Pensó en la mujer más importante de su vida. La pensó allí arriba, sentada en alguna de esas estrellas, mirando hacia abajo, quizás buscándola como ella la estaba buscando ahora.
"¿Un sorbo de vino?" fue la frase con tono italiano que la devolvió a la tierra. Era Fort. Una de las recomendaciones del Indio había sido que llevaran una botella de vino al Valle. Era tradición compartirlo entre los asistentes. Sky High, sin esconder la emoción, tomó la botella, la elevó apenas un poco, dijo "Salud. Salud" y bebió un sorbo en un brindis personal y secreto. Fort, claramente comprendió que estaba de más y luego de recuperar la botella se alejó.
Al regresar, Sky High tuvo la oportunidad de conversar un rato con el guía.
-¿Viste que mal empleo que tengo? Vengo aquí, cinco noches al mes, a ver esto. No me puedo quejar.
-La verdad que no. Amaría tener un trabajo así, ¡por Dios!
-En realidad podrías. No tenemos guías en inglés. Nos arreglamos como podemos.
-Sería demasiado interesante. Amaría estar aquí más de una vez. ¡Acampar acá!
-Si querés y si te quedás unos días más en Valle Fértil, lo podés hacer. De vez en cuando se organizan trasnochadas aquí. Después te paso los datos.
Sky High sabía por alguna razón que no lo haría en este viaje, pero disfrutó pensando que ahora tenía una excusa más para volver.
Ya en el auto, de regreso, volvió a ponerse los auriculares para aislarse en una nube Floydeana, esta vez, con mucha más calma en el corazón y más alegría en el alma.

Había conocido el Valle de la Luna de noche, había brindado con su madre por los logros conseguidos y la nueva vida que estaba disfrutando, y ni siquiera había llegado a la mitad de su viaje. 

viernes, 24 de febrero de 2012

El Valle de la Luna, Lado B

13 de diciembre de 2011
Valle Fértil, San Juan

La mañana del paseo, Sky High se levantó con nervios y dudas. La excursión del tercer día no era algo seguro y temía por su suerte. La chica de la oficina de turismo le había dicho "dos noches antes y dos noches después de la luna llena". Era la tercera noche. Esa excursión nocturna era todo lo que quería y temía.
El Indio se dedicó una hora mientras tomaban mates con el Gringo y arreglaba el suelo de la entrada del hostel a darle recomendaciones, demasiadas, algunas Sky High ni recordó, otras fueron imprescindibles:
-Antes que nada, decile al remisero que intente ser el auto guía (...) Caminá descalza en la "Cancha de Bochas" (...) Escuchá Floyd (...).
Sky High no quería pensar en el dinero. La excursión salía muy cara. Ese mismo día llegaron al hostel nuevos huéspedes, Fort, un italiano, una australiana y un joven alemán. El paseo ahora no sería tan costoso. Los $200 dolían al bolsillo, pero ya no tanto.
Unos eternos minutos después de las tres llegó el remis y partieron. El Parque Nacional Ischigualasto estaba a 80 kilómetros del hostel y Sky High no paraba de pensar en qué aburrido sería el viaje, rodeada de desconocidos, una hora, hablando de cosas que ya a estas alturas le resultaban banales. Por suerte, tenía su as en la manga: "Oops, me quedé dormida".
Llegaron allá y como nadie hablaba español, Sky High tuvo que comprar las entradas de todos y gestionar el paseo de la noche.
-Pero los paseos nocturnos son dos días antes y dos días después de la luna llena. Hoy es la tercera noche. No se hace.
-Sí, eso me dijeron en Información Turística, pero en el hostel me confirmaron que se hace hoy también.
-No, mirá. Acá en la pantalla te muestro los ciclos de la luna para que entiendas. La luna...
-¡No me expliques los ciclos de la luna! No me interesa. Entiendo todo. Pero del hostel me mandaron para acá con ellos tres porque sí se hacía.
-Pero la luna sale...
-¡No me interesa a qué hora sale la luna y a qué hora sale el sol! Yo vine para hacer el paseo de la noche -y ahora con un tono un poco más calmo y apelando a los artilugios femeninos de persuasión- y me muero si no puedo hacerlo. ¿No hay forma? ¿Una excepción?
-Lo único que puedo hacer es ver si alguno de los guías se copa y se queda a la noche. El tema es que la luna sale...
-Muchas gracias. Es usted muy amable.
Sky High salió de allí echando humo. El remisero la vio y prometió intervenir.
Tenían que hacer tiempo hasta las cinco así que se fueron al museo que había al lado. Claro, estaba cerrado. Pero no al público. Habían cerrado las puertas porque había demasiadas mosquitas y el lugar apestaba a insecticida. Lo bueno fue que el museo era tan pobre que en dos minutos ya estaban afuera de nuevo.
Allí tuvieron el "placer" de conocer a la guía. Una mujer con evidentes pocas ganas de trabajar que se acercó al auto de mala gana.
-No entramos todos. Tienen que venir otro día.
-Pero ya estamos acá.
-No se hagan problema -dijo el dueño del auto-. Llevate el auto. Andá con ellos. Espero acá.
-¿Qué auto es? Hace mucho que no manejo.
-No importa. Es fácil de manejar. Solo tiene un truquito para arrancar.
Después de varios intentos fallidos, varios corcodeos y sacudones, la guía logró hacer arrancar el motor y partimos.
Esta mujer maniobraba como si fuera Fangio en un ataque de abstinencia de cocaína con sobredosis de paco. Manejaba por los caminos pedregosos como si estuviera en la autopista la lisa del universo. A los saltos, llegaron a la primera parada: El Gusano.
Nada, era una piedra en forma de gusano. Claro, era bastante espectacular. Los datos de interés y las cifras pertinentes no se grabaron en la mente de Sky High (gracias a Dios existe Wikipedia). Sky High estaba ocupada traduciendo el discurso recitado cual lección de primer grado estudiada de memoria para los compañeros de excursión. En un momento, la guía señaló una roca con un fósil de helecho. Wow, qué flash. Parecía un dibujo pintado al óleo. Pero supongamos que era impresionante.
Otra vez al auto para ir al Valle Pintado. ¿Llegarían vivos a destino? Sky High intentó darle charla a la guía para ganarse su confianza y buen humor para luego darle un zarpazo típico de ella: ¿No te parece que vas un poquito rápido?
Así, rápido, llegaron. El Valle Pintado era una extensión enorme y Sky High moría de ganas de salir a caminar por allí. Claro que no se podía. Se conformó con unas fotos.
Otra vez al auto, al próximo destino. Zapatillas fuera y caminaron hasta la Cancha de Bochas. Era un cúmulo de rocas redondas que parecían estar esparcidas al azar. Lamentablemente luego se enteró Sky High que los arqueólogos las habían puesto allí para recrear el lugar. Fuck! Hasta pudieron sostener una en la mano. Parecía que estaban violando una disposición de años luz atrás, pero en verdad solo sostenían una roca que un humano puso ahí, para deleite del turista.
Otra vez saltando y acelerando, partieron rumbo al Submarino, la próxima estación. Solo que no llegaron. O sí, llegaron, pero con una rueda pinchada gracias a las habilidades automovilísticas de la trastornada guía. Mientras ella sufría un breve ataque de nervios y Fort, el italiano, intentaba cambiar la rueda, Sky High se alejó para evitar asesinar a alguien y se fue a sacar fotos sola.
Al rato llegó el grupo más la guía que había decidido resarcirse con algo mientras esperaban la ayuda mecánica.
-Vengan conmigo antes de que llegue el otro guía. Los voy a llevar a un lugar donde no se puede llevar turistas. Es un regalo mío para ustedes. 
-¿Dónde es? ¿Por qué no van los turistas?
-Porque no está permitido. Hace unos años murió una mujer. Se mareó y se cayó al precipicio. Traten de no morir porque me quedo sin trabajo.
Las risas por su propio chiste no tuvieron mucho eco. Mucho menos de Sky High. 
El lugar donde fueron era claramente peligroso, pero hermoso. Era como una ventana de piedra donde se podía ver la formación del Submarino desde un ángulo perfecto.
Unas fotos después y tuvieron que salir corriendo porque había llegado el otro guía. La mujer se reía por su travesura. Sky High no reía. La guía era mala en su trabajo, descuidada, poco atenta y torpe.
Así llegaron al Hongo. La formación más emblemática del paseo. Sacaron unas fotos y Sky High se dedicó a ignorar a la guía.
Al subir al auto, su descuido al manejar era más y más evidente. Quería volver temprano a la base para conseguir a alguien que le diera un aventón a su casa (cosa que Sky High se enteró porque la mujer hablaba por el radio sin tener la más mínima consideración de la gente allí). Quedaba claro que quería descartar a los turistas rápido y terminar su turno. La pinchadura le había atrasado las cosas entonces ahora tenía que apurarse más aún.
Sky High no pudo evitar volver a decirle que vaya más despacio, pero como parecía no importarle el pedido, simplemente decidió ponerse los auriculares con la música lo más fuerte posible y tratar de relajarse y perderse en el atardecer. Lo logró por un instante, porque gracias al descuido de la conductora se ganó un hermoso raspón en el brazo contra una planta que asomaba al camino.
Respiró profundo y rogó a todos los dioses que existen, porque no creía en ninguno en particular, que el poder de convicción del remisero haya sido poderoso y algún guía de buen corazón les haga el paseo nocturno.
Por suerte, sí podían hacerlo. Solo debían esperar hasta la medianoche a que saliese la Luna. Y así lo hicieron, echados en el suelo, mirando las estrellas y muriéndose de frío. Pero nada importaba. Solo que saliera pronto La Reina de la Noche.




El Valle de la Luna, Lado A

13 de diciembre de 2011
Valle Fértil, San Juan

La mañana del paseo, Sky High se levantó con el corazón contento y lleno de alegría. Esa tarde conocería el Valle de la Luna y haría la excursión nocturna.
Por suerte, la mañana pasó rápido entre consejos y recomendaciones mientras los tres, el Indio, el Gringo y Sky High tomaban mate. Ella estaba muy emocionada, entonces algunas cosas se olvidó, y otras grabó a fuego en la mente:
-Antes que nada, decile al remisero que intente ser el auto guía. Así, escuchás todas las explicaciones y no te perdés de nada. Cuando llega el momento de ir a la parada "Cancha de Bochas", sacate los zapatos y andá descalza. La energía ahí es increíble. Grabate un disco de Pink Floyd y escuchalo en algún momento del recorrido. Decile al guía que vaya despacio. A veces hay mucha gente y se quieren apurar. Sacá muchas fotos.
Por suerte, llegaron nuevos huéspedes al hostel y se armó un grupo para ir al Valle: Fort, un italiano, una australiana y un alemán. La excursión saldría ahora solo $200.
Llegaron las tres y llegó el remis. Todos partieron. Sky High volaba en una nube de emoción. Solo 80 kilómetros la separaban del Parque Nacional Ischigualasto. El viaje hasta allá consistió en dos minutos de charla y treinta minutos de descansó. Se durmió.
Al llegar allá, como era la única argentina, hizo de traductora para comprar las entradas y averiguar por el paseo nocturno. Lamentablemente no podían asegurarle que se hiciera, cosa que la preocupó un poco, pero la buena onda del remisero le dio una brisa de tranquilidad. Él le prometió convencer a un guía para hacer la excursión mientras ellos hacían el paseo de la tarde.
Para hacer tiempo hasta la hora señalada, el grupo se fue a un pequeño museo donde vieron huesos, huellas, fósiles. ¿Una previa de lo que verían después? Sky High no lo sabía, pero era una breve pero buena introducción.
Al salir de allí, se encontraron con la guía y con la noticia de que eran el único auto. Lamentablemente, eran cuatro, más el remisero, así que no había lugar para la guía. Gracias a la buena voluntad del hombre que le cedió su auto a la mujer, partieron los cuatro más la guía y el remisero quedó en la base tomando mate y haciendo tiempo para la noche. Y con suerte, convenciendo al guía nocturno para hacer el segundo paseo después.
Así partieron, los cuatro pasajeros y la guía. La primera parada era "El Gusano". Allí explicó un poco de la geología del lugar en español y Sky High la ayudó con el inglés para que sus compañeros comprendieran un poco. La guía les indicó una roca en particular. Había un helecho fosilizado. Increíble. Y les mostró otras formaciones que por efecto de la erosión tenían formas extrañas, como la del gusano, por ejemplo. Y partieron al segundo destino: Valle Pintado.
Llegaron allí luego de un breve viaje en auto. Era un espectáculo de colores y Shy High aprovechó para sacar unas fotos para su mural de zapatillas. Los colores, la extensión de la formación, todo era inmenso y la hacía sentir muy pequeña en este mundo de maravillas.
La siguiente parada fue la Cancha de Bochas. Siguiendo las recomendaciones del Indio y compartiendo el consejo con los demás, todos se sacaron las zapatillas y caminaron descalzos hasta destino, recibiendo así la energía de lugar. La Cancha de Bochas era un cúmulo de piedras redondeadas por afecto de la erosión y esparcidas por el lugar. Se veía efectivamente como una cancha de bochas. La guía explicó cómo se formaron, cosa que Sky High no retuvo (gracias a Dios existe Wikipedia) y les permitió tocar una, su preferida. Y así, siguieron hasta la próxima parada: El Submarino.
Un breve inconveniente con el auto (pincharon una goma) le dio tiempo a Shy High a alejarse del grupo y tomar unas fotografías sola, jugar un poco con la cámara y las perspectivas, absorber la energía del lugar sola, sin interferencias. 
Mientras llegaba el otro guía para asistir al cambio de neumático, la guía les mostró el Submarino y los llevó hasta una elevación "fuera del circuito normal" como regalo especial. 
Unas fotos más, una rueda pinchada menos, y todos regresaron al auto para ir al próximo y último destino. El Hongo.
Sky High lo había visto en fotos, afiches, folletos, pero nada la había preparado para lo que vio en "vivo y en directo". La formación, que según contó la guía estaba a punto de caerse, era enorme, mágica. Hermosa.
Estuvieron un rato allí, bobeando con fotos, poses, ideas. Todos fueron fotógrafos de la National Geographic por un rato.
Y regresaron a base. Otra vez, siguiendo las instrucciones del Indio, Sky High se puso los auriculares y al son de "The Dark Side of the Moon" se perdió entre acordes y atardeceres de cuento.
Al llegar a la base, Sky High, cansada pero feliz, intercambió unas palabras con el remisero y se enteró que sí podían hacer la excursión nocturna. Entonces, se fueron todos a mirar las estrellas y a esperar a La Reina de la Noche.


jueves, 9 de febrero de 2012

De Indios y Gringos, Parte III

12 de diciembre de 2011
Valle Fértil, San Juan

El Indio y Sky High se fueron a comprar pasta y verduras. Como estaban solos para comer y gracias a la galantería del descendiente diagüita, Sky High eligió el menú. Ella cocinaba y él lavaba. Ese plato era el preferido de ella y él aceptó la sugerencia.
Fue un ameno almuerzo, de charlas y planes. Ella le contó a él los suyos. Él se los destruyó parcialmente. Estaba nublado y las excursiones no se hacían los días nublados. Al pedo. Nada se veía. Sin embargo, él le comentó que a veces, cuando esto sucede, repiten la excursión una noche más. Una tercera noche. Habría que esperar un poco más para que saliera la luna, cosa que Sky High nunca entendió del todo. Siempre había visto la luna allí, esperando que el sol se escondiera para mostrarse. Pero que "salga la luna" era algo que nunca había tenido que esperar. No importaba.
Cuando estaban terminando de almorzar apareció el Gringo, que en realidad se llamaba de otro modo, pero todos le decían así. Un hombre de unos cincuenta y largos años, servil y matero a muerte. Venía acompañado de una pareja de italianos. Al parecer, venían de una excursión que el mismo Gringo los llevó con el auto. Así como comieron, desaparecieron. Los italianos, vaya uno a saber a dónde. El Gringo a la siesta.
A las tres de la tarde llegaba el otro micro de San Juan Capital y el Indio debía ir a buscar a los posibles pasajeros como fue a buscar a Sky High. Esta vez, fueron los dos.
En el camino hacia allá, el Indio saludaba a todo santo que caminaba por ahí. Había nacido y crecido en ese pueblo antes de irse a recorrer un poco el mundo y volver a los treinta y tantos a trabajar en el hostel de su pueblo querido. Sky High, con su escepticismo, no podía dejar de notar que algunas de las personas no tenían mucha idea de a quién saludaban. Pero no se podía negar que era muy amable.
Hablaron mucho de viajes y destinos y sueños. El de Sky High era comprarse un auto, subir al perro y recorrer el mundo. Casualmente, el del Indio también.
El micro llegó lleno, pero nadie fue para Campo Base Valle Fértil, así que el par compró facturas y fue a por mates.
El Gringo se les había adelantado, entonces Sky High no necesitó preparar nada. Solo disfrutó de unos de los mates que probó en su vida. Así se enteró de que había perdido la córnea haciendo un asado, que era amigo del dueño, que no trabajaba en el hostel pero vivía ahí, que no era guía pero llevaba a gente de excursión, que era un hombre tranquilo. La adoptó como hija temporaria.
Ya a eso de las siete, cuando llegaba otro micro de San Juan, Sky High prefirió quedarse ahí charlando con el Gringo en lugar de ir con el Indio. Tenía un cierto mal humor por no poder soplar las nubes y despejar el cielo, pero la tarde con el Gringo había sido muy agradable.
Todas las fichas estaban puestas para el otro día.
Esa noche se conformó con quedarse acostada en las reposeras del patio, junto a la pileta, sacándole fotos a la luna cada vez que se asomaba entre las nubes.

domingo, 5 de febrero de 2012

De Indios y Gringos, Parte II

12 de diciembre de 2011
San Juan, Valle Fértil

En lo único que pensaba Sky High cuando se bajó del micro era fumar un cigarrillo. Caminó tres pasos y recordó que tenía que recuperar su mochila, su Asteroide* portátil, así que retrocedió tres pasos.
En ese amague, se enteró después, logró evitar al Indio, al menos retrasar el encuentro unos cinco minutos.
-Need a place to spend the night? -le preguntó en un malísimo inglés cuando al fin pudo acercársele.
-Ya tengo reserva en Campo Base.
-(Mostrándole el logo en la remera) Soy de ahí. Vamos.
Inmediatamente, el Indio le ofreció llevarle la mochila. Su evidente y básico machismo expuesto obligó a Sky High a usar su carta  feminista. Tenía el orgullo en carga máxima, 100%.
-Dejá, no me pesa. Gracias. Estoy acostumbrada. Además, amo cargar mi mochila.
Era en parte verdad, pero le pesaba en la dolorida espalda. Su orgullo exacerbado le daría fuerzas.
Sky High ya sabía del Indio y sus características gracias a los comentarios de The Gang. Ellos habían hecho esa excursión antes de conocerla y la habían advertido. Estaba preparada.
De camino al hostel compartieron una charla que resultó demasiado amena para dos personas que recién se conocen. ¿Era buena onda instantánea o una actuación merecedora de Oscar al mejor actor de reparto?
Al llegar, ella se instaló con la computadora y él con la netbook a hacer cuentas y administración.
Compartieron unos mates que preparó ella y arruinó luego él y al cabo de un rato:
-No hay nadie más en el hostel. Bah, salvo el Gringo, pero está de excursión con una pareja de italianos. ¿Almorzamos juntos? 



*Asteroide: En referencia al Asteroide B612, del cuento El Principito. Así había nombrado Sky High a su departamento en el centro porteño por ser igual de pequeño que aquel mundo y ser todo su mundo.

De Indios y Gringos, Parte I

12 de diciembre de 2011
San Juan, Capital / Valle Fértil

Sky High se despertó muy temprano, otra vez, sin la ayuda del despertador ni del recepcionista. Tenía que tomar el colectivo al Valle Fértil a las 7 de la mañana y la emoción por llegar allí fue suficiente para hacerla abrir los ojos a tiempo. Había dormido muy bien. La habitación tenía aire acondicionado. Un asset muy importante en este viaje, como descubriría más adelante.
De camino a la terminal, pasó por el monumento a Rawson por quinta vez y pensó por quinta vez en sacarle una foto. Lamentablemente, por quinta vez, no lo hizo.
Llegó con tiempo de sobra así que se armó un cigarrillo y se puso a leer y a esperar.
La emoción era mucha.
Unos años, un siglo, una vida anterior sin reencarnación tradicional, "Aquel que no debe ser nombrado" le había dado una carta de amor entre la segunda y tercera hora de la mañana en  el aula de quinto segunda, último banco.
Sky High ya no recordaba qué decía esa carta, pero sí recordaba las indicaciones:
-Tenés que leerla escuchando esta canción.
Le dio un walkman luego de ubicar la cinta en la parte indicada. La canción era de Pink Floyd, del disco "The Division Bell". Así se enamoró ella de la banda musical, y ese amor duró mucho más que las promesas que en la carta había.
Se hizo fanática. Muchos años después, se corrió el rumor de que Pink Floyd vendría a la Argentina a tocar y habían elegido el Valle de la Luna para hacerlo. La banda nunca vino, pero Sky High grabó ese destino en la mente y se dijo que alguna vez en su vida iría a ver con sus propios ojos por qué habían elegido ese lugar.
Ahora, una vida después, estaba a tres horas de cumplir uno de sus aleatorios sueños.
Tenía todo planeado: Llegaría al hostel a eso del mediodía. Dejaría los bolsos, almorzaría y a las tres, partiría.
Estaba todo planeado menos la única cosa que no podía controlar: el clima. Y estaba nublado.

Un paso, muchas plazas

11 de diciembre de 2011
San Juan, Capital


Ese domingo en San Juan fue para mí un día de descanso.
Físico y mental.
Un desayuno irreal charlando con un viejito de cuento de hadas.
Era francés, tenía más años que Tutankamón,
unos ojos celestes más celestes que el cielo
y una actitud de un pibe de veinte mezclada con la sabiduría de faraón egipcio.

Una mañana de trabajo y una tarde de muchas plazas
era todo lo que necesitaba para reacomodar las ideas.

Y así fue.

Y escribí, mucho. Porque, al parecer, 
las plazas me inspiran.

MiniPesadilla

10 de diciembre de 2011
San Juan, Capital

Después de dos viajes difíciles y extensos e intensos en micro, Sky High llegó a San Juan. En realidad su único propósito allí era visitar el Valle de la Luna pero por una falla de cálculo de tiempos y distancias, sospechaba que sería difícil llegar esa misma noche (noche de luna llena). Eran recién las siete de la tarde. Faltaba un rato. Quizás, solo quizás...
Claro que no calculó que de San Juan Capital hasta Valle Fértil eran como 3 horas más de viaje. El alma al piso, si es físicamente posible.
Al bajar del micro, hizo lo que ya era una linda costumbre, buscó la oficina de turismo. Entró con una sonrisa cansada y esta vez se desplomó sobre la silla, por el agotamiento de los viajes, el calor, la pesadez de no poder soportar el alma en el piso por creer que no podría hacer el paseo que tanto quería.
Por suerte, la mujer de la oficina de turismo tenía muy buena onda y un evidente amor por su trabajo y su provincia. Le explicó que las excursiones al Valle de la Luna se hacían dos noches antes y dos noches después de luna llena. Tenía chance aún.
Entonces, con la respiración más calma por la calma y el aire acondicionado, recibió de buena gana las explicaciones de lo que se podía hacer ahí, qué visitar, todo.
Un rato después, llegó al hostel que había reservado por mail, caminando y aclimatándose a una nueva provincia pero solo para encontrarme con un lugar poco... poco... en fin. 
Al llegar a la esquina donde debía estar el lugar, le costó encontrarlo. Por suerte, vio enseguida el cartel de Hostelling International, lo que debía haberla tranquilizado. Sin embargo, el lugar se veía tan quieto y cerrado que no sucedió tal cosa. Una mínima puerta rodeada de dos mínimas ventanas cerradas era todo lo que había como entrada. Tocó timbre. Un hombre con aspecto de hippie venido a menos asomó la cabeza con cara de dormido. Eran ya como las siete y media, ya no era hora de siesta.
-Te abro por la otra puerta. A la vuelta.
-Bueno -se limitó a contestar ella.
A la vuelta, efectivamente había otra puerta, más acorde a la imagen mental que ella tenía de las puertas de los hostels. Un ruido de un pasador pasando y la puerta se abrió. El lugar estaba oscuro, vacío. El hippie venido a menos le hizo el checkin dándole la tranquilizante noticia de que no había lockers en la habitación. Sky High viajaba con la computadora y eso era toda su vida, su trabajo y lo más costoso que cargaba. No podía pensar en dejarla ahí, sin seguridad.
El hippie venido a menos la acompañó al subsuelo donde estaba su habitación. Un cúmulo de ocho camas cuchetas, de las cuales solo la mitad tenía colchones. Sin sábanas. Lo primero que salió a recibirla fue el olor a encierro con un dejo de insecticida. 
-Ponéte cómoda (¿cómo?) que ya te traigo las sábanas.
-Bueno.
Al quedarse sola ahí, Sky High sintió una opresión en el pecho, comúnmente llamada cagazo. Todas sus alarmas mentales, las palabras del Señor antes de salir, las noticias del noticiero, todo resonó en su cabeza junto a una frase: "Esta noche no duermo acá ni en pedo".
Salió con la excusa de comprar algo de comer y se metió en el primer locutorio que encontró. En un santiamén encontró otro hostel, a tres cuadras de ahí y se fue a visitarlo. Antes de dejar el locutorio, no pudo evitar hacer una prueba más.
-Disculpame, ¿te puedo hacer una pregunta? ¿Conocés el hostel de acá a la esquina?
-¿El Zonda? Nunca fui, pero muchos extranjeros que pasan por acá se hostedan ahí y dicen que es bueno.
-Gracias. ¿Cuánto te debo?
Con ese pequeño comentario se quedó tranquila, pero le duró muy poco. Unos pasos más y volvió a sentir el cagazo en los huesos. No estaba segura si era paranoia o realidad, pero sin importar lo que haya sido, la primera impresión del hostel había sido mala y no tenía por qué sufrir al pedo.
El otro hostel era el San Juan Hostel y la primera impresión fue mucho mejor. Era un hostel en acción.
Volvió al Zonda, agarró sus cosas, no todas lamentablemente, y rajó de ahí con la excusa de que se había encontrado con una amiga y se iba al hostel de ella.
Allí le confirmaron que aún tenía chance de hacer la excursión. El recepcionista llamó al otro hostel y reservó un lugar para ella, no para el otro día porque no había lugar, sino para el 12 de diciembre. El último día posible para hacer la excursión. No era lo óptimo, pero era lo que había.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Un paso, un micro

10 de diciembre de 2011, 16.20 hs.
Mendoza, Capital
Butaca 33, camino a San Juan.


Otra vez en un micro,
otra vez con el nudo en la garganta o las mariposas en el estómago,
depende de quién esté de turno.

¿Y ahora qué?

Siento una cierta alegría.
Me encanta viajar, conocer nuevos lugares, nuevas experiencias.

A pesar de que las despedidas son difíciles,
más cuando uno se despide de un amigo.

Me siento un poco sin rumbo, con una parte menos, como que me falta algo.

Pero si lo pienso bien, tengo una parte más.
Siempre quedo con una parte más.

Siento también una cierta emoción.
¿Qué me deparará San Juan? ¿Qué me deparará el Valle de la Luna?

Intento aplacar al trabajador de turno y duermo.
Después de todo, no hay mucho más qué hacer en un micro.


Solo preguntarse:
¿En qué plataforma aparecerá el micro?
¿Llegará a horario?
¿Se reclinará el asiento como prometieron?
¿Qué servirán de cena/almuerzo/desayuno/merienda?
¿Con qué película me van a torturar esta vez?
¿Quién me tocará al lado?


Pequeñas incertidumbres de la vida cotidiana del viajero.

Minirrelato VI

Después de una hora de lenta despedida,
con mates en la plaza y un eterno beso en la mejilla,
estaba de vuelta en un micro, esta vez sola, de camino a San Juan.

Vacaciones de las vacaciones, Parte V

10 de diciembre de 2011
Santiago, Chile.

Se levantaron muy temprano. Muy. Se calzaron las mochilas y partieron. Solo debían pagar unas cervezas de la noche anterior para hacer el check-out y salir rápido a la terminal para volver a Mendoza.
Entre bostezos y silencios, desayunaron. Todo iba tranquilo.
Hasta que se acercaron al mostrador. No estaba Lili, la recepcionista de la noche, una simpática chilena, llena de tatuajes y amabilidades. Este pibe era un NN con mala onda. Esta fue la conversación entre el recepcionisto y Sky High.
-Listo, nos vamos. ¿Te pagamos las cervezas de ayer?
-Según el sistema, deben una noche.
-Ayer cancelamos todo con Lili. Le pagamos la noche y la lavandería.
-Pero no lo tengo en sistema.
-Pero le pagamos.
-Pero no lo tengo en sistema. No puedo dejarlos ir sin pagar esta deuda.
-Nosotros pagamos todo.
-Según el sistema no. Y tengo que poner la plata yo si no lo pagan.
-(inclinándose de manera bastante amenazante y apoyando los codos en el mostrador, con los ojos inyectados en ira soñolienta) No me interesa quién pague lo que según vos se debe. Hablá con tu compañera de la noche. Nosotros pagamos todo, menos las cervezas.
-Okay, listo. 
Con el enojo en la boca del estómago luchando con digerir el desayuno, salieron a la calle. Sky High no podía creer cómo el tipo había intentado sacarles plata. El Obnoxious American no podía creer que había vuelto a ver el animal enjaulado en el alma de ella.
Unas cuadras después, ya estaban más calmados, burlándose del recepcionisto. Tomaron el subte, mucho más lindo que los de Buenos Aires, pero mucho más caro. Bueno, ahora ya no tanto más caro. Y llegaron a la terminal para encontrarse con la agradable sorpresa de que había habido sobreventa de pasajes entonces les tocaría viajar en un micro de primera clase a precio de un comunacho. Una de cal, una de arena.
El regreso a Mendoza implicaba obviamente el paso por la frontera, con lo cual tenían que planear, otra vez, qué hacer con las malditas bananas.
Al subir al micro y regodearse con las megasúper cómodas butacas que tenían en los primeros asientos del piso de arriba, se enfrentaron con la cruda realidad de la balanza de la vida. Había una de cal, o de arena, nunca sé cuál es la buena y cuál es la mala. Había una familia de cuatro sentada detrás de ellos. Una ruidosa familia de cuatro. Unos kilómetros más adelante se dieron cuenta que eran copadísimos pero la primera impresión fue terrible.
El camino de ida había sido de noche, así que ahora tendrían la oportunidad de disfrutar el paisaje. Cosa que mucho no sucedió. Primera clase y todo, se les había roto el aire acondicionado y se derritieron de calor todo el viaje.
En algún momento antes de llegar a la frontera, el Obnoxious American fue el encargado de llevar adelante la primera parte del plan. Fue al baño y dejó las bananas escondidas en el tacho de basura, tapadas con mucho papel. Si los perros o los policías las encontraban, no había forma de saber de quién eran. Estaban a salvo. Lo peor que podía pasar era que se las confiscaran. Pero eran unas simples bananas. Nada muy grave.
Al llegar al control, no eran dos gatos locos como a la ida, así que las colas para los sellos fueron largas y aburridas. Salvo en los chistes de ocasión.
-¿Qué es ese dibujo en el cartel? ¿Qué es lo que no se puede ingresar en Argentina?
-Parece un tubo de ensayo. Dice "no semen products".
-(tentandísima de risa la madre de cuatro, a sus hijos) Chicos, ustedes son producto del semen de su padre. No pueden cruzar la frontera.
Una vez de vuelta en el micro, el conductor puso play y recomenzó la película. "El pianista". Nada apta para un viaje en micro. Con el corazón hecho un nudo por la crudeza de la trama y por otras cuestiones, Sky High decidió intentar dormir.
Su quasisueño fue interrumpido por el Obnoxious American regresando al baño a buscar las bananas.
Sky High tenía contados minutos de soledad que aprovechó para escribir una carta de despedida y esconderla en la mochila de él. 
En esos cuatro días en Chile, más los anteriores en Mendoza, se habían hecho muy amigos. Habían compartido momentos de abrir el corazón, de charlar sobre cosas importantes y no tanto, él habló de su padre, ella de su madre y los dos de sus familias. Habían reído, llorado, ¿cantado? De todo, en fin. Ella sentía que había ganado un amigo y eso era muy bello.
La carta escondida y el americano retornado con una sonrisa. Las bananas estaban allí.
Llegaron a Mendoza y Sky High corrió a la primera boletería que vio. Tenía que sacar el primer pasaje que encontrara a San Juan. El Obnoxious American se quedaba en Mendoza. Su próximo destino sería Córdoba. Iba en busca de una vieja amiga de la madre. 
Sky High regresó a donde estaba él con el pasaje en la mano. El próximo micro salía en una hora.