Como si los recuerdos prefirieran quedarse en el refugio de mi mente, o bajo la piel.
Parece que se sintieran más seguros ahí.
Como que, por alguna razón, fuera imposible ponerlos en letras.
Parece que, al escribirlos, perdieran la espontaneidad, como una foto que se ve fría y sin vida.
Como si prefirieran quedarse en la mente, aunque volátiles, antes de caer en la precariedad y la simpleza de la palabra escrita.
Siento que todos están ahí, pero no quieren salir.
Los recuerdos que estoy atesorando juegan a las escondidas con la lapicera y el papel.
Aunque trato de engañarlos un poco con simples notas
para que no se sientan traicionados y me abandonen, me aferro a ellas
con la esperanza de que, dentro de unos días,
esas simples anotaciones me sirvan de disparadoras para volver a darles vida
en un infiel relato.
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