(Varios pasos di, pocas letras ofrecí. Doy unos pasos para atrás (tres) y retomo el camino de las letras).
Jueves, 24 de noviembre de 2011
San Rafael, Mendoza.
Listo. Llegué. Estación. Pucho. Oficina de turismo. Mapa. Hostel.
Así de rápido.
Una mañana de trabajo y a la caminata.
Amir, el guía nos vino a buscar y salimos en camioneta hacia Valle Grande,
de camino a La Herradura,
el comienzo del trek para llegar al Cerro Carrisalito.
No me acuerdo el nombre de ninguna de las quinientas plantas que nos mostró
en el recorrido, ni los datos de interés como altura, temperatura, bla bla bla.
Sólo recuerdo sensaciones.
El frufrú de las zapatillas contra las rocas al caminar.
El calor del sol en la nuca.
El aire puro invadiendo unos maltratados pulmones.
Esas sensaciones siempre me llevan a lugares extraños.
El agüita, la montañita, el sol,
el simple caminar por ahí.
Siempre me hacen pensar en tiempos antiguos,
de indios,
cuando el hombre era parte de la naturaleza,
casi como yo en ese momento.
Casi.
La conexión con Doña Natura era tal que me sentía una intrusa.
Una ajena irrumpiendo con el orden natural de las cosas.
No pertenecía a ese lugar,
aunque todas mis células se sintieron, de repente, plenas.
Un par de horas después,
de regreso en el hostel,
bañada, peinada y perfumada,
volví a una quasi-normalidad*:
Puteando porque no funciona Intenet.
*Quasi-normalidad: Estoy en San Rafael, a muchos kilómetros de mi casa (¿qué casa?) y es el primer día de muchos más.
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