1 de diciembre de 2011
Mendoza capital
Una cantidad indefinida de horas después:
-Hey, ¿dormís? -dijo el Inspector Gadget mientras sacudía levemente el hombro de la durmiente Sky High-. ¿Cenás con nosotros?
-Sí, sí -contestó ella entre dientes y entre sueños.
-¿Qué comés?
-Cualquier cosa que sea vegetariana.
-¿Pasta te cabe?
-¡Dale!
-Vamos a comprar y cenamos.
-Gracias. Me pego una ducha y bajo a dar una mano con la cocina.
Porque un día decidí salir a caminar y la escritura es buena compañía para aquel que anda.
viernes, 30 de diciembre de 2011
jueves, 29 de diciembre de 2011
"The Gang" Parte I
(Disclaimer: Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Lo aquí relatado es pura y exclusivamente producto de mi percepción de las cosas, que sabemos, poco tiene que ver con la realidad, a veces).
1 de diciembre de 2011
Mendoza Capital
Sky High, como sería apodada unos días después, empezó su relación con Mendoza capital con el pie izquierdo. Llegó a la terminal después de un viaje más largo de lo esperado. Estaba cansada sí, pero llena de energía. Era su segundo destino de muchos y ya se sentía en "modo viajera". Tanto es así, que decidió tomar un colectivo de línea hasta el hostel en lugar de recaer en la costosa comodidad burguesa de un taxi. Solo necesitaba un mapa y un pucho.
Entonces, las tareas de Sky High eran:
Cuatro simples pasos que Sky High logró completar sin problemas. Sin contar con la mala onda del colectivero, ni el dolor de espalda por el peso de la mochila, ni la poca amabilidad de unos transeúntes, privados de siesta, al indicarle dónde estaba la calle Mitre, ni el calor terrible a las tres de la tarde. También podríamos agregar unos comentarios un poco desubicados de unos señores, unos pibes escuchando cumbia con el celular, sin auriculares, obvio.
Demasiada ciudad para digerir toda de golpe.
Al llegar, lo único que Sky High quería era un lugar fresco para recostarse, un lugar para bañarse, un lugar para trabajar.
Una sonrisa leve y los pesados párpados cayeron. Sin antes notar apenas una pierna de alguien que pasaba por ahí con un tatuaje horrible. "Ese tatuaje tiene que tener una historia que lo justifique", pensó. Y así era, pero se enteró unos días después.
1 de diciembre de 2011
Mendoza Capital
Sky High, como sería apodada unos días después, empezó su relación con Mendoza capital con el pie izquierdo. Llegó a la terminal después de un viaje más largo de lo esperado. Estaba cansada sí, pero llena de energía. Era su segundo destino de muchos y ya se sentía en "modo viajera". Tanto es así, que decidió tomar un colectivo de línea hasta el hostel en lugar de recaer en la costosa comodidad burguesa de un taxi. Solo necesitaba un mapa y un pucho.
Entonces, un pucho, un breve intercambio de palabras con dos mujeres europeas que parecían más perdidas que ella y unos pasos a la derecha y llegó a la oficina de turismo.
Por definición, se trata de un pequeño escritorio donde un empleado del gobierno le da asistencia al viajero. En este caso en particular, era un lugar donde trabajaba una persona que llegó tarde a la repartición de sonrisas.
Por definición, se trata de un pequeño escritorio donde un empleado del gobierno le da asistencia al viajero. En este caso en particular, era un lugar donde trabajaba una persona que llegó tarde a la repartición de sonrisas.
Esta mujer, muchacha, ente, de mala gana, con mala cara (que no tenía nada que ver con su deformidad de nacimiento) y con un tono de voz de "me molestás, estaba leyendo el diario", le dio un mapa y las instrucciones para llegar al hostel.
-Tomá cualquier colectivo 5 en la estación de servicio y te bajás en la plaza Independencia.
-Gracias.
Entonces, las tareas de Sky High eran:
1. Encontrar la estación de servicio.
2. Esperar el colectivo 5.
3. Buscar esa plaza en el mapa.
4. Bajar del colectivo.
Cuatro simples pasos que Sky High logró completar sin problemas. Sin contar con la mala onda del colectivero, ni el dolor de espalda por el peso de la mochila, ni la poca amabilidad de unos transeúntes, privados de siesta, al indicarle dónde estaba la calle Mitre, ni el calor terrible a las tres de la tarde. También podríamos agregar unos comentarios un poco desubicados de unos señores, unos pibes escuchando cumbia con el celular, sin auriculares, obvio.
Demasiada ciudad para digerir toda de golpe.
Al llegar, lo único que Sky High quería era un lugar fresco para recostarse, un lugar para bañarse, un lugar para trabajar.
Pero el hostel y Sky High tampoco sintieron amor a primera vista. Se chocó de lleno con un lugar completamente diferente a sus expectativas. La recepcionista tampoco parecía haber esperado en la fila de la repartición de sonrisas. Simplemente se cansó y se fue sin su ración. "Que se la banquen los que me conocen", pensó. Y así se la bancó Sky High.
Música fuerte, mucha gente yendo y viniendo, poco espacio físico y poca amistosidad fue lo que el hostel le brindó de buenas a primeras.
Cada habitación, en lugar de números, tenía nombres de montañas y la suya se llamaba "Monte Everest". Era una habitación mixta de nueve camas. Datos que aprendió un rato después, porque apenas llegó, se desplomó sobre la cama sin mirar alrededor.
Intentar leer era una empresa imposible. Entonces, aprovechando el anonimato de estar entre una muchedumbre que no sabía su nombre, se dejó vencer por el sueño que se presentó en forma de escape de la realidad y de descanso. Sin embargo, antes de que pudiese cerrar los ojos del todo intercambió unas palabras con un nuevo personaje de esta historia: el Inspector Gadget.
-Hi!
-Hello.
-Where are you from?
-Buenos Aires, and you?
-¡Yo también! Hablás español. Soy de Caballito.
-Mirá vos.
-Con unos chicos pensábamos ir a tomar algo esta noche. ¿Te prendés?
-Sí, claro. Copado.
Una sonrisa leve y los pesados párpados cayeron. Sin antes notar apenas una pierna de alguien que pasaba por ahí con un tatuaje horrible. "Ese tatuaje tiene que tener una historia que lo justifique", pensó. Y así era, pero se enteró unos días después.
Minirrelato V
-¿Cuatrocientos pesos? ¿Por un cable?
-No, le dije $399, señora. ¿Lo lleva?
-¿Del genérico no tenés?
-No. ¿Lo lleva?
-Y sí. No me queda otra. A Buenos Aires no me vuelvo.
-¿Cuotas?
-La mayor cantidad posible.
-Tres.
-Okay, tres. Dale.
("I hate my life/luck sometimes")
-No, le dije $399, señora. ¿Lo lleva?
-¿Del genérico no tenés?
-No. ¿Lo lleva?
-Y sí. No me queda otra. A Buenos Aires no me vuelvo.
-¿Cuotas?
-La mayor cantidad posible.
-Tres.
-Okay, tres. Dale.
("I hate my life/luck sometimes")
Un par de pasos más
1 de diciembre de 2011
Mendoza capital
Mendoza capital
Unos días pasaron y parecen meses.
Ya viajé en otras contadas ocasiones pero el peso del significado de este viaje es como
un agujero negro
donde la relación tiempo-espacio parece tener nuevas reglas.
Una semana pasó, muchos meses pasaron, miles de cosas pasaron.
¿Miles?
No sé, no las conté.
Pero la memoria me pesa como si tuviese miles de nuevos recuerdos.
Si quiero atrapar uno, se me escapan entre los dedos como arena.
Una plaza fea, una empleada de gobierno barriendo miles de florcitas amarillas
(miles como los recuerdos) con hojas de palmeras secas.
(miles como los recuerdos) con hojas de palmeras secas.
Una hora de la siesta, cuando todos descansan, o duermen, o se besan,
o escriben a la sombra de un árbol.
Un colectivo número 5 que no va a Retiro, si no que va a "vayaunoasaberdónde".
De un lugar desconocido a otro lugar desconocido, por un recorrido más desconocido aún.
De un lugar desconocido a otro lugar desconocido, por un recorrido más desconocido aún.
Como cuando uno encuentra las llaves cuando menos las busca, un recuerdo sale a flote.
Y otro. Después, otro más.
Y todo vuelve a ser un cardúmen de imágenes peleando por salir a la superficie.
Coloridos, entremezclados, indistintos.
Pero me quedo tranquila. Ya serán pescados cuando menos lo esperen.
En un par de años quizás, cuando diga:
"Me acuerdo una vez, cuando estaba en Mendoza..."
miércoles, 28 de diciembre de 2011
Pocos pasos, pasos inciertos.
27-30 de noviembre de 2011
San Rafael, Mendoza
Algo sucede cuando uno no escribe todos los días.
Se pierden cosas.
Sé que hay recuerdos de este viaje que están grabados
a fuego
en mi memoria,
pero otros son una nebulosa.
Como los siguientes días en San Rafael.
Comparto unas anécdotas sueltas.
- Un marroquí cantando en perfecto español "Una vela" de Intoxicados en una guitarreada una noche.
- Un loco, en un paseo por el parque, se enamoró de mí en un segundo, me propuso matrimonio en el siguiente y tres segundos después, me abandonó. Estoy casi segura que en el loquero no se permiten uniones civiles. Y claro, yo tampoco tropiezo dos veces con la misma piedra.
- Unos mates en plaza San Martín, una de tantas, con mi compañera de viaje de tres días.
- La hija del dueño del hostel matándose con Pink Floyd toda la noche.
- Una parejita de marsupiales que llegó al hostel y se alojó en mi habitación. Solo para dormir e incomodarme. Tenía la habitación para mí sola hasta que esos bellos durmientes llegaron.
- Un tocayo mío que se fascinó con mi trabajo, con mi forma de vida y con mi forma de pensar un poco masculina y nos quedamos charlando hasta cualquier hora. Era un pirata de ley. Con parche y todo.
jueves, 22 de diciembre de 2011
Un poquito caminando y otro poquitito en bici
26 de noviembre de 2011
San Rafael, Mendoza
San Rafael, Mendoza
En el hostel conocí a un francés que estaba viajando de Canadá a Ushuaia en bicicleta.
Nosotras nos conformamos con un hacer un paseo en dos ruedas hasta las bodegas.
El vino me importa muy poco.
Y cómo se hace, menos.
El paseo en bici fue energizante y a la vez relajante, cansador, nostálgico pero mágico.
Dicen que uno nunca se olvida cómo andar en bicicleta, pero ¿andar sin manos?
Parece que tampoco.
Un par de intentos fallidos y ahí estaba yo,
pedaleando sin manos,
por un camino que me llevaba a
"nomeimportadónde".
Y festejamos el hallazgo del recuerdo en el baúl de la infancia
con una copita de champagne Bianchi.
viernes, 16 de diciembre de 2011
Minirrelato IV
Un día se dio cuenta
a orillas del río Atuel,
que tenía que despedir al guionista de su vida
y dejar que su historia la escribiera el viento.
La hormiguita viajera
25 de noviembre de 2011
San Rafael, Mendoza.
Orilla del río Atuel
Soplo una hormiga que emprendió un viaje osado
sobre el dedo mayor de mi mano derecha
(viaje osado para ambas, amiga).
Una pitada y escribo.
Mañana veré qué porque ahora me dejo llevar.
miércoles, 14 de diciembre de 2011
María la Paz, tres pasos pa' tras
(Varios pasos di, pocas letras ofrecí. Doy unos pasos para atrás (tres) y retomo el camino de las letras).
Jueves, 24 de noviembre de 2011
San Rafael, Mendoza.
Listo. Llegué. Estación. Pucho. Oficina de turismo. Mapa. Hostel.
Así de rápido.
Una mañana de trabajo y a la caminata.
Amir, el guía nos vino a buscar y salimos en camioneta hacia Valle Grande,
de camino a La Herradura,
el comienzo del trek para llegar al Cerro Carrisalito.
No me acuerdo el nombre de ninguna de las quinientas plantas que nos mostró
en el recorrido, ni los datos de interés como altura, temperatura, bla bla bla.
Sólo recuerdo sensaciones.
El frufrú de las zapatillas contra las rocas al caminar.
El calor del sol en la nuca.
El aire puro invadiendo unos maltratados pulmones.
Esas sensaciones siempre me llevan a lugares extraños.
El agüita, la montañita, el sol,
el simple caminar por ahí.
Siempre me hacen pensar en tiempos antiguos,
de indios,
cuando el hombre era parte de la naturaleza,
casi como yo en ese momento.
Casi.
La conexión con Doña Natura era tal que me sentía una intrusa.
Una ajena irrumpiendo con el orden natural de las cosas.
No pertenecía a ese lugar,
aunque todas mis células se sintieron, de repente, plenas.
Un par de horas después,
de regreso en el hostel,
bañada, peinada y perfumada,
volví a una quasi-normalidad*:
Puteando porque no funciona Intenet.
*Quasi-normalidad: Estoy en San Rafael, a muchos kilómetros de mi casa (¿qué casa?) y es el primer día de muchos más.
domingo, 11 de diciembre de 2011
Muchos pasos, pocas letras
Parece que las experiencias, las anécdotas, en fin, la vida que estoy creando, no tiene muchas ganas de salir de mí estos días.
Como si los recuerdos prefirieran quedarse en el refugio de mi mente, o bajo la piel.
Parece que se sintieran más seguros ahí.
Como que, por alguna razón, fuera imposible ponerlos en letras.
Parece que, al escribirlos, perdieran la espontaneidad, como una foto que se ve fría y sin vida.
Como si prefirieran quedarse en la mente, aunque volátiles, antes de caer en la precariedad y la simpleza de la palabra escrita.
Como si los recuerdos prefirieran quedarse en el refugio de mi mente, o bajo la piel.
Parece que se sintieran más seguros ahí.
Como que, por alguna razón, fuera imposible ponerlos en letras.
Parece que, al escribirlos, perdieran la espontaneidad, como una foto que se ve fría y sin vida.
Como si prefirieran quedarse en la mente, aunque volátiles, antes de caer en la precariedad y la simpleza de la palabra escrita.
Siento que todos están ahí, pero no quieren salir.
Los recuerdos que estoy atesorando juegan a las escondidas con la lapicera y el papel.
Aunque trato de engañarlos un poco con simples notas
para que no se sientan traicionados y me abandonen, me aferro a ellas
con la esperanza de que, dentro de unos días,
esas simples anotaciones me sirvan de disparadoras para volver a darles vida
en un infiel relato.
viernes, 2 de diciembre de 2011
Jueves, 24 de noviembre de 2011
5:30 am
Butaca 9
Me despierto más o menos a las cinco y media de la mañana, justo al amanecer.
No tengo idea dónde estoy.
Un cartel dice "Km 540". Eso es más lejos que Mar del Plata, es lo único que sé.
(Sigo sin mariposas y ahora con el nudo un poco más suelto.)
Otro cartel: "A Bagual".
No tengo la más mínima idea dónde estoy. Podría chequearlo en el GPS del celular, pero le quita el encanto. En fin, quiero saber dónde amanecí:
Ruta nacional 188, entre Bagual y Gral. Alvear.
Esto ya es Mendoza.
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