domingo, 19 de abril de 2015

Un paso, una sonrisa espontánea

23 de marzo de 2015

Sky High iba en bicicleta a trabajar. Iba escuchando música y sorteando autos estacionados en doble fila. Iba pensando en bueyes perdidos. Iba cantando estribillos. Iba sacudiendo la cabeza para quitarse los mechones de pelo que el viento le arrojaba a la cara.

Y espontáneamente sonrió.

Sin quererlo, sin buscarlo, sin saber bien qué pensamiento vino primero y llevó de la mano al segundo, y caminó junto al tercero.

Y no dejó de sonreír por varias cuadras.

De pronto, la frase "Tengo pasaje" se le había dibujado en el rostro como un tatuaje de felicidad por la concreción de un plan forjado en años, esperado por décadas, ansiado por siglos.

Cada pedaleada resonaba al son de los ruiditos de su bicicleta dolorida por la nueva rutina de ir a la oficina a trabajar.

Tengo pasaje... tengo pasaje... tengo pasaje...

Con cada repetición del eco, la sonrisa se hacía menos disimulable y más abarcadora, porque ahora sonreía con todo el cuerpo, con todo el alma.